Con Justino nos encontramos, al decir de Quasten, con "una de las personalidades más nobles de la literatura cristiana primitiva". Nació en Palestina, en Pluvia Neápolis, la antigua Sichem.
Según nos refiere el mismo Justino, conoció a los estoicos, luego a los peripatéticos, a un pitagórico y por último a un platónico (entendamos el platonismo medio).
Un día hallóse con un anciano que logra comunicarle a través de un diálogo los inconvenientes filosóficos y le muestra la verdadera filosofía: "existieron hace mucho tiempo los profetas, los únicos que han anunciado la verdad".
La búsqueda de la verdad lo conduce al cristianismo: Ia verdadera filosofía". Del texto anterior se desprende un punto importante para la comprensión de Justino: el ser testigo fidedigno de la verdad, como es el caso de los profetas, se halla por encima de toda demostración: "Porque no compararon jamás sus discursos con demostración, como quiera que ellos sean testigos fidedignos de la verdad por encima de toda demostración".
El testimonio llega a ser una verdad más fundamental y existencial que la demostración:
Y es así que yo mismo, cuando seguía la doctrina de Platón y oía las calumnias contra los cristianos, al ver como iban intrépidos a la muerte y a todo lo que se tiene por espantoso, me puse a reflexionar que era imposible que tales hombres vivieran en la maldad y en el amor a los placeres.
Justino y seis compañeros más fueron decapitados, probablemente el año 165.: había llegado a Roma durante el reinado de Antonino Pío. San Justino pertenece a esos pensadores cristianos del siglo II conocidos bajo el nombre de apologistas. Al igual que Filón, san Justino comienza por sentarla total trascendencia e incomprehensibilidad de Dios:
Porque el Padre del universo, ingénito, como es, no tiene nombre impuesto, como quiera que todo aquello que lleva su nombre supone a otro más antiguo que se lo impuso. Los de Padre, Dios, Creador, Señor, Dueño, no son propiamente nombres, sino denominaciones tomadas de sus beneficios y de sus obras. La denominación Dios no es nombre, sino una concepción ingénita, en la naturaleza humana de una realidad inexplicable.
Para Justino como para Filón, Dios es inefable, sin nombre, lo totalmente otro, y para salvarel abismo que media entre Dios y el hombre estructura su doctrina sobre el logos.
El logos es mediador entre Dios Padre y el mundo. Dios se comunica y se revela al mundo a través del logos.
El Iogos se ha engendrado en el interior de Dios. Mora en el interior (logos endiathetos) y antes de la creación del mundo emana y procede de Dios en vistas ala creación (logos prophorikós). La distinción entre el verbo interior y la palabra proferida aplicada al logos, tal como es asimilada por Justino, se debe a la tradición estoica, si bien ya Platón y Aristóteles habían marcado tal distinción aunque no aplicada al logos: generación del verbo por el intelecto (Fedro, 276s) y en Aristóteles la distinción noesis-noeseos.
Sin embargo, esta procesión en el interior de Dios no escapa al peligro del subordinacionismo que ya habíamos encontrado en Filón:
el verbo se hizo externamente independiente con el fin de crear y gobernar el mundo. Viene a ser una hipóstasis por su función personal, con una densidad ontológica inferior a la de Dios.
Pero la doctrina del logos en Justino es cristiana. No en vano media entre Filón y Justino el pensamiento joánico:
En san Justino, todas las veces que Cristo es llamado logos y nomos como mediador de la divina revelación, lo hace dentro del contexto de la comprensión histórica de la revelación. De san Juan sacó su prueba de que la Palabra hecha carne es idéntica al logos preexistente, quien es también el mediador de la creación y de la revelación. Justino se preocupa de dar los datos históricos de la existencia terrenal del logos hecho carne (I ApoL, 13,3). La Encarnación es el último eslabón de una cadena de apariciones históricas que tenían por objeto mostrar al Padre (Diál., 75, 4). La revelación del logos es un plan, la historia de la humanidad con su propósito, con su principio y con su fin. El logos es el centro del nuevo orden del mundo.
Este planteamiento con respecto al logos lleva a Justino a la necesidad de ofrecer un marco histórico más amplio y original a la providencia de los estoicos. ¿Se reveló Dios sólo a losjudíos en la ley y los profetas?¿Acaso se habría logrado el avance hecho en la historia por la mente griega en forma independiente del plan educativo de la divina providencia? Estas preguntas serán, entre otros, los temas centrales del sistema de Orígenes y alcanzarán su plena respuesta con san Agustín.
Ahora bien, pese al carácter cristiano del logos, Justino no se puede librar de la influencia del estoicismo y del logos spermatikós bajo la interpretación del platonismo medio:
Los spermata son participaciones del logos en el espíritu humano. Es el resultado de la actividad del logos que siembra el conocimiento en la razón humana. Es el nivel ínfimo del conocimiento (conocimiento en sombras) que llega al summum solamente con la participación del logos. En donde hay sólo semillas del logos, éste sólo está presente en partes (apromeros). Ahora bien, el logos es la fuente del conocimiento parcial en todos los hombres. Así, los filosófos antiguos que vivieron de acuerdo con el logos, participan del conocimiento del logos divino. Por eso dice Justino, quienes viven de acuerdo con el logos son cristianos, aunque sean judíos o bárbaros (I Apol., 46, 1-4). Por ello se puede afirmar que los filósofos tomaron su conocimiento de Moisés, quien había recibido éste del logos (Cf. I Apol., 59, 1; 60, 5-8).
El cristianismo aparecerá, entonces, como la culminación de un plan universal de salvación. Lo que distingue al cristiano no es sólo la afirmación de un Dios creador y personal, sino la afirmación de Dios hecho carne: Dios encarnado. Esto es claro en Pablo yJuan, y como vemos ahora,en san Justino. El logos es Cristo hecho carne.