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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1984

La abstracción, la ciencia y el ser


Que la abstracción es instrumento esencial de la ciencia y que sin la abstración no puede existir la ciencia, no cabe prácticamente la menor duda. El problema consiste en aclarar qué se entiende por abstracción y que implica el ejercicio de esta operación. "El método abstracto-deductivo consiste en dejar lo accesorio de una realidad en pos de la fundamental para analizar la misma".[Nota 3] De manera análoga, esto recuerda a Kant cuando decía: llamaremos síntesis a una teoría si las reglas en cuestión son principios de cierta generalidad, y si en esas circunstancias abstraemos tales principios de muchas condiciones, que necesariamente tienen alguna influencia en la aplicación de tales principios".[Nota 4] En este sentido, la abstracción en la ciencia es "económica" o "austeridad de medios para explicar, predecir y controlar fenómenos reales". [Nota 5] Así, entre más condiciones dejemos de lado en la abstracción, más "económica", más general y más sencilla será nuestra explicación; pero también habrá el riesgo de que dejemos de lado demasiadas condiciones "que [como señala Kant] necesariamente tienen influencia en la aplicación de tales principios". Así, De la Torre advierte que, en el caso de algunos economistas, por ejemplo, "en búsqueda de la generalidad, demasiadas veces la abstracción va haciendo a un lado cosas no accesorias: reiteradamente, se trasciende la especificidad histórica, económica, política y socio-cultural de México, las características distintivas de América Latina y el subdesarrollo, se trasciende la geopolítica del mundo y al mundo mismo (vaya, hasta el tiempo y el espacio de tres dimensiones es trascendido)".[Nota 6]

Este proceso por el cual la ciencia se vacía de contenido y aplicabilidad reales es desalentador, pero no nos es desconocido. Es la némesis que acompaña a la abstracción que tiende a lo general. Los antiguos lógicos, como el famoso Porfirio (cuyo "árbol" solía encontrarse en todos los libros elementales de lógica), ya se habían referido a ella: entre más general es un concepto, menos notas específicas tiene, más vacío de contenido está. Esta observaciónes casi una tautología. Sínembargo, las ciencias sociales han sido víctimas de esta ley a fuerza de desconocer algunas verdades elementales de la lógica y la filosofía. Así, la sociología, una vez que se separó de la filosofía y se quiso volver autónoma, trató de sustituir los antiguos principios filosóficos con una "teoría general". Como no podía definir e indagar sobre naturalezas y esencias (que habrían significado algo), porque esto hubiera sido volver a la filosofía, procedió a ir eliminando todas las especificidades del acontecer social, hasta obtener una teoría general que pudiera aplicarse a cualquiera de ellas. Y lo logró... al precio de que la "gran teoría" es tangeneral que no dice nada. Para dar apariencia de sustancia a los conceptos casi vacíos, se procedió a relacionarlos de una y mil maneras. El resultado --predecible-- fue lo que Wright Mills apuntó acerca de la "gran teoría de la sociedad": "está ebria de sintaxis y ciega para la semántica"...[Nota 7]

Todo esto ya es bastante grave, pero no es aún toda la historia de lo que deja de lado Ia abstracción. Tal como la entendimos en las referencias de Kant y De la Torre, la abstracción consiste en tomar unas partes de un todo y dejar otras de lado. Esto es lo que los escolásticos denominaban abstractio totalis o abstración total. Pero existe otro tipo de abstracción, que, de hecho, es presupuesta por la abstracción total. Se trata de la abstractio formalis, o abstracción formal que, no sólo es el fundamento de la ciencia, sino de todo el conocimiento del ser sensible.

Según Aristóteles, el ser sensible es un compuesto de materia y forma. Una cosa es la idea de mesa y otra cosa es esta mesa sobre la que estoy escribiendo. Esta mesa es real, a diferencia de la idea de mesa, porque es una mesa material. Por otro lado, esta materia es una mesa por la idea, por la "forma" (en sentido más que físico)de mesa que está realizada en ella. Así pues, la materia es aquello por lo que una "forma" determinada existe en la realidad; la "forma" es aquello por lo que esta materia es tal tipo determinado de ser (una mesa y no una silla o un perro). Ahora bien, puede parecer una perogrullada decir que tener la idea de mesa no es tener una mesa en la cabeza. Pero lo que tal perogrullada nos descubre es que conocer la mesa es abstraer la forma y dejar la materia. La forma es así el principio de inteligibilidad de una cosa, mientras que la materia es el principio de individuación y, por tanto, de existencia del ser sensible. De modo que la abstracción formal nos permite aprehender lo que es una cosa, su forma o esencia, pero deja de lado la existencia.

La consecuencia de todo esto puede parecer un poco fuerte, pero es perfectamente natural: el mundo de la ciencia (y conste que no hablamos solamente de la ciencia social, sino de la ciencia en general, incluyendo, por supuesto, la ciencia física), no es el mundo de la realidad concreta, sino "el mundo de las puras necesidades inteligibles".[Nota 8]

Y la realidad, ¿dónde queda? La realidad es, como acabamos de ver, un compuesto de materia y forma, esto es, de necesidades inteligibles (las formas) y de existencias individuales contingentes, no necesarias. La realidad es, como apunta Maritain, la suma de la naturaleza (en el sentido de esencia) y el "acaecimiento". Sólo las esencias son necesarias, no los acontecimientos. Y son necesarias en cuanto a la lógica de sus contenidos, no en cuanto a su propia existencia. De la esencia del burro se sigue necesariamente que es un mamífero cuadrúpedo. Pero de la esencia del burro no se sigue necesariamente la existencia del burro y menos aún la existencia de este burro concreto hic et nunc, aquí y ahora. Para conocer la realidad es necesario conocer la esencia del burro, pero no basta. Es necesario conocer también el acontecimiento, el evento totalmente impredecible de este burro que se me atraviesa en este momento y comienza a rebuznar aquí y ahora. Para poder conocer, y aun para tratar de predecir el acontecimiento, es necesario estar empapado de las inefables individualidades que lo constituyen. Hay que conocer y distinguir perfectamente las circunstancias concretas que desbordan y dan realidad a la esencia. ¿Se trata del asno de Apuleyo o del onagro del desierto? ¿Es el poético burrito de Juan Ramón o aquel aún más místico jumento que pisoteaba las flores mientras la chusma delirante aclamaba como rey a un carpintero? De este acaecer absolutamente original e irrepetible nada puede decirme la ciencia. O sí me puede decir algo. Me volverá a repetir solemnemente qué es un burro, cómo pertenece a su naturaleza el rebuznar; incluso podrá decirme cómo es muy probable que, dadas determinadas circunstancias, el burro responda a determinado estímulo con un rebuzno. Pero precisamente la dimensión mística de este rebuzno que no volverán a escuchar los siglos se le escapará a la ciencia. Sí me puede hablarla ciencia del acontecimiento, pero lo que en él encontrará, su objeto propio, lo constituyen "Ias necesidades universales que se realizan en las cosas y las necesidades propias de esas naturalezas... no el flujo de lo singular".[Nota 9]

Ahora bien, la física puede satisfacerse con el estudio de las necesidades abstractas que luego tratará de reproducir en una realidad diseñada según las condicionesde sus abstracciones. O puede elegir una realidad determinada que precisamente presente las condiciones que le interesa investigar. Pero ningún físico dirá que el objeto de su ciencia es todo el acontecer diario los fenómenos físicos, en cuanto tal acontecer diario que debiera él predecir. El físico puede predecir que una piedra soltada de "x" altura caerá con una "g" aceleración y llegará al suelo en "y" tiempo; pero no puede, ni le interesa predecir, que en tal momento efectivamente caerá una piedra en tal esquina de la ciudad. En cambio, al economista de muy poco le sirve predecir en abstracto "si a entonces b", o crear condiciones ideales en las cuales sí pueda verificar todas sus hipótesis. Lo que le interesa realmente al economista es explicar, predecir y controlar el acontecer cotidiano de las economías reales, es precisamente "el flujo de lo singular" que escapa a la ciencia en cuanto tal. Por esta razón los más lúcidos entre los economistas, como Joseph A. Schumpeter, han juzgado que la más importante de las técnicas que puede y debe usar el economista es la historia, pues "el tema de la economía es esencialmente un proceso único desplegado en el tiempo histórico". [Nota 10]

¿No es un tanto decepcionante para el aspirante a científico tener que contentarse con la historia, tan caprichosa, tan imprevisible, tan poco "científica"? Si lo es, especialmente para quien ha tenido la visión de la precisión, la necesidad, incluso la belleza con que se articulan las hipótesis demostradas, las leyes de las ciencias físicas. Por esta razón, por esta íntima aspiración a parecerse al paradigma de la ciencia moderna (la ciencia físico-matemática), por esta insatisfacción que deja en un espíritu racionalista la naturaleza casi irracional de la historia, por todo esto, los economistas siguen sin hacerle caso a Schumpeter... a pesar del convencimiento con el que éste declara que

Si hoy tuviera que volver a empezar desde la nada mis esfuerzos en el terreno de la economía y me dijeran que sólo me sería posible estudiar una de aquellas tres grandes ramas (la historia, la estadística, la teoría económica), pudiendo escoger entre ellas, eligiría la historia económica.[Nota 11]

Nos encontramos aquí ante un fenómeno que señala Maritain:[Nota 12] las ciencias que tienen un menor grado de explicación y de penetración en la esencia de las cosas tienden a, o "aspiran"al tipo de las ciencias que lo tienen en grado mayor. Maritain propone una clasificación de las ciencias en "ciencias de la verificación" y "ciencias de la explicación". Esta tipología se parece, pero no se identifica, con la distinción que ofrece Max Weber entre ciencias de la explicación o del Erklaren, y ciencias de la comprensión o del Verstehen. Para Weber, las ciencias del Erklaren son las ciencias de la naturaleza y sólo constatan relaciones, sin comprender (Verstehen) el "significado" interno de los fenómenos, como sí sucede en las ciencias del hombre. Para Maritain las ciencias de la verificación se limitan igualmente a constatar relaciones y a aproximarse a las necesidades de las esencias sólo exteriormente, por signos, a diferencia de lo que sucede en las ciencias del hombre, donde sí llegamos a aprehender las esencias en sí mismas y a captar las necesidades inteligibles. Pero la posición de Maritain se distingue de la de Weber en que, por un lado, incluye a las matemáticas dentro de las ciencias de la explicación y a conocimientos metafísicos no antropológicos y, por otro, en que lo que Weber entiende por comprenderdesde dentro el "significado "de las acciones humanas, Maritain lo asimilaría dentro de lo que él llama conocimiento de con-naturalidad, que cae más allá de los límites de una ciencia conceptual, incluso si es una ciencia del hombre. Puestas estas bases, Maritain señala que las ciencias de la verificación, que constituyen un tipo de conocimiento imperfecto, tienden, o "aspiran", a un tipo de conocimiento más perfecto, capaz de descubrirlas necesidades inteligibles en el ser. Así pues, las ciencias de la verificación tienden a ser "reguladas", sea por la metafísica, sea por las matemáticas. La física de Aristóteles tendía a la metafísica y de esta manera se constituyó una filosofía de la naturaleza. En cambio, una vez que, a partir de Galileo, la física se liberó de la muy discutible física filosófica de Aristóteles, comenzó a tender hacia las matemáticas, constituyéndose así la moderna física-matemática.

Este es el proceso que describe Maritain, y podemos aplicarlo sin mucha dificultad a la evolución de las ciencias sociales modernas. En el caso de la economía se ha señalado con frecuencia que nace como ciencia moderna en el momento en que, por un lado, "se aisla del contexto tradicional de las actividades morales" y, por otro lado, en que "se concibe el mundo de los intercambios económicos, analíticamente, como un campo autónomo, autoconsistente, un sistema de relaciones estructurales en que la comprensión de las actividades económicas podía deducirse de los postulados del sistema". [Nota 13] Estas dos transformaciones (ruptura con la moral y formación de un modelo analítico-deductivo) se presentan normalmente como evoluciones casi simultáneas, pero no se percibe el vínculo lógico entre ellas. El planteamiento de Maritain nos permite descubrirlo. Desligarse de la moral no era sólo desligarse de principios prácticos normativos, sino desligarse del sistema metafísico que daba coherencia y sentido a esos principios, y al mismo tiempo actuaba como instancia reguladora superior de un tipo de conocimiento inferior (sólo verificativo). Faltando esta instancia reguladora de la metafísica, la ciencia económica tiende naturalmente al otro soporte explicativo: las matemáticas. La moderna teoría económica sería así a la economía política estilo Aristóteles lo que la física-matemática esa la física filosófica aristotélica. El problema es que ni la moral de Aristóteles está tan superada como lo está su física, ni la teoría económica moderna está tan afianzada como la física-matemática. En cuanto a la sociología, se puede notar un proceso análogo al de laeconomía, con la diferencia de que, al no tener la suerte de tratar con el aspecto cuantitativo del ser tanto como la economía, sus intentos de matematizarse no han tenido ni siquiera la apariencia de coherencia científica que tiene la teoría económica. Cerrados así los dos caminos viables de regulación deductiva del conocimiento empírico (por verificación) de la sociedad, a la sociología no le ha quedado más que el camino,comentado arriba, de generalización empobrecedora de contenidos, vía abstracción total. Cuando se da cuenta de que, a final de cuentas, está obligada a decir algo, recurre de nuevo a la regulación de tipo metafísico, elaborando filosofías vergonzantes que pretenden ser otra cosa que lo que son. La opción más realista, en cierto modo, consiste en renunciar a los honores de ser una ciencia deductiva y demostrativa y contentarse con ser una ciencia de la constatación, la clasificación, la tipología, satisfaciendo su natural deseo de rigor en el pulimiento de las técnicas y los métodos particulares. Aunque este camino puede derivar en un fetichismo del método, puede también, si se mantiene dentro de sus justos límites, producir resultados modestos pero provechosos.


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