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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1985

LUIS ASTEY. Sofistas, dioses y literatura


1. Con un conjunto no muy numerosos de antiguos textos griegos, casi todos fragmentarios, se inicia para el pensamiento de Occidente la lucha por afirmar la autonomía, y la soledad, del hombre frente a los dioses, y por desposeerlos del privilegio --desde este punto de vista, usurpando-- de la creación de la cultura. Puede ser interesante traer nuevamente ante los ojos --a veces en versiones anteriores, a veces en propia traducción-- los elementos de ese breve corpus. Envueltos en un último texto, éste secundario, que sólo tiene como propósito reexaminar algunos fenómenos de recepción, inevitablemente condicionados por la reflexión contemporánea acerca de aquéllos.

I

Un estásimo en la Antígona de Sófocles

2. Estrictamente descontextualízados, los versos 332 a 363 de la Antígona (442 a JC) de Sófocles pueden ser leídos como un manifiesto, el más antiguo redactado en Europa,[Nota 35]de una concepción radical del humanismo:

Prodigios[Nota 36]existen muchos, pero ninguno más prodigioso que el hombre. El es quien sabe avanzar por el mar gris cuando el tempestuoso viento sur llega, quien sabe atravesar las olas devorantes, y a la soberana entre los dioses, a la Tierra imperecedera, atormentarla con sus arados, yendo y viniendo año tras año y labrándola con la descendencia de las yeguas.

Y a la estirpe de las aves, de escasa inteligencia, él la envuelve en sus mallas y a las tribus de animales que viven en el campo y a las criaturas acuáticas dispersas en el mar las atrapa en los pliegues de sus redes, el hombre ingeniosísimo. Con sus artificios se enseñorea del animal agreste que trepa por las colinas --y al caballo de espera crin lo domeña mediante yugo que le circunda el cuello, y asimismo al incansable toro de los montes.

Se ha enseñado a si mismo la palabra y el acto de pensar, veloz como los vientos, y la tendencia a vivir en ciudades bajo ley, así como a evitar la helada, inhabitable al aire libre, y los dardos de la lluvia, el hombre, numeroso en recursos. Las cosas por venir no lo hallarán sin respuesta. Del Hades solamente nunca tendrá escape, aun cuando a las enfermedades más inmanejables, haya encontrado remedio.

Pero la recontextualización del pasaje, afortunada o infortunadamente hacedera, conduce hacia sentidos diferentes. Desde luego, en una primera operación el anterior modo de lectura parece confirmarse: los treinta y dos versos son comunicados a través de la voz unánime del coro (estrofa y antistrofa 1 más estrofa 2 del primer estásimo), y, en los textos de Sócrates, esa voz desempeña la función de exponer "una manera de pensar no expresada como exclusiva de un grupo sino entendida por el sujeto de la enunciación ("speaker") como valedera para todos los destinatarios ("observers') receptivos.[Nota 37]Dicho de otro modo: es la más intersubjetiva y socializada de las voces dramáticas al alcance de la tragedia griega. Pero ya una segunda recontextualización --que, por lo demás, pudo haber sido la primera-- actúa, sin duda, inversamente. Siempre con el hombre como punto de referencia, la misma voz del coro, con un alterado peso, añade a continuación:

Poseedor de un saber de procedimientos ingeniosos por encima de cualquier esperanza, se encamina o hacia el bien o hacia el mal. Si (en su saber) inserta las leyes del país y la justicia de los dioses, a la que ha hecho juramento, será excelso en la ciudad. Se convertirá en proscrito, en cambio, si por virtud de osadía lo contamina el crimen. Que no participe de mi hogar ni tenga pensamientos iguales a los míos el que esto último obre.[Nota 38]

Y, apenas es necesario decirlo, estos doce versos (364-375 = antistrofa 2) reducen a las coordenadas de la sabiduría ateniense convencional --temor de los dioses y respeto a las leyes como única, doble, garantía del funcionamiento de la polis: véanse las elegías 1 y 3 de Solón--[Nota 39]todas las posibilidades de radicalizar el humanismo que hayan podido pensarse abiertas a partir de los primeros enunciados.

Pero ocurre, todavía, otra reducción. Frente al programa dramático que los versos 367 a 371 ("Si.... crimen") parecen proponer, la recontextualización de las estrofas y antistrofas del estásismo[Nota 40]con la tragedia como totalidad y con la dinámica del proceso histórico-cultural[Nota 41]en que ella se inscribe exige que aquéllas sean vistas bajo una luz diferente. En efecto, es indudable que la validez del gobierno despótico --la conducción de la polis por la voluntad de un solo hombre y según la manera como éste se representa el bien de aquélla ante un segmento, deliberadamente segregado y convertido en cómplice, de un pueblo al que se le suponen o en el que se quieren prevenir sublevaciones posibles--[Nota 42]queda anulada, sobre el áspero pleno de los hechos, por la retractación, impotente por otra parte contra las fuerzas que él mismo ha puesto en movimiento, y por la última soledad del déspota. Pero en el procedimiento seguido para obtener tales hechos, la transgresión del primero de los puntos del programa, el puramente jurídico-político, no se halla presente. El tirano sólo es mostrado en razón de su decisión religiosamente más espectacular: la prohibición de celebrar los ritos funerarios y de dar sepultura al cadáver de un hombre. Y lo que se confronta con esa decisión es, muy congruentemente, sólo la eficacia de un antiguo derecho sacro, insertado en la estructura de una organización prepolítica aún fundada en los privilegios de los clanes nobiliarios[Nota 43]y colocado bajo el amparo del Zeus del cercado familiar ("Herkeios": v. 487), del Zeus de la solidaridad de la sangre ("Xynaimós": vv.658-659)[Nota 44]--derecho cuya intachable vigencia se sitúa a salvo de, y por encima de, cualquier ordenamiento de la polis.[Nota 45]De aquí que el costo, para Creonte, de su error político de base --"Ninguna polis pertenece aun solo hombre": v. 737, en voz de Hemón, el hijo de Creonte enmascarado por el patetismo religioso de la decisión espectacular, consista en el suicidio del hijo y de la esposa,[Nota 46]no en la pérdida del poder. Y esta manera de plantear las relaciones entre lo jurídico-religioso y lo jurídico-político no sólo va en dirección contraria a la implicada en la tesis que Esquilo había formulado unos dieciocho años antes (458 a JC) como desenlace de la Orestíada: las viejas y terribles diosas de la venganza familiar, hijas de la Noche, trocadas en venerandas y bienhechoras pero sin haber perdido su virtud de castigar los delitos de sangre,[Nota 47]se integran al derecho político ateniense por obra del orden olímpico y con participación del orden humano, de Atenas y del tribunal del Areópago que, conjuntamente aunque situado cada uno en su propia dimensión jerárquica, han absuelto a Orestes de un matricidio tribalmente necesario y que conlleva la obligación, asimismo tribal, de ser a su vez vengado[Nota 48](Euménides, vv. 744-1043). Ni solamente remonta, como es patente que lo hace, a posiciones presolónicas.[Nota 49]Sino que, además, vuelve absolutamente inoperante lo que la estrofa y la antistrofa 1 más la estrofa 2 del estásismo, descontextualizadas, habían proclamado como fundamentación para lo terriblemente prodigioso del excepcional ser del hombre. Pues lo que humaniza a éste ya no es ni su habilidad para establecer el señorío sobre los elementos no humanos, del mundo ni la disciplina de racionalidad y de civilización --señorío sobre sí mismo-- en que, él solo, ha sabido formarse. Radica, ahora, en su aptitud para recoger, o aun a veces para discernir los designios de los dioses y en su ductilidad para lograr que la acción humana se adapte a esos designios.

Esta tercera operación de recontextualizar parece imponer, así, otro modo de lectura a las estrofas y antistrofas del estásimo --incluídos, por tanto, los versos 364 a 375, Pues el discurso del coro, por poderosa que dramáticamente sea la voz que lo produce, no prevalece contra el sentido en que se orienta el complejo discursivo entretejido por las demás voces dramáticas --y por la misma voz del coro en el párodo y en los demás estásimos-- que en la Antígona son asimismo sujetos de enunciación. De este modo, los versos 332 a 375 quedan convertidos en una declaración de humanismo que ni reducida a los términos de la sabiduría político-religiosa convencional tiene sustento. Que está ahí, antes bien, precisamente para. a partir de ella, cancelar, en su allá y en su entonces, cualquier forma de humanismo.

Continuará