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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1985

a. Concepción de una sociedad orgánica


Esta concepción prevaleció a lo largo de los siglos XVI y XVII y tiene profundas raíces en la tradición tomista; en España se pueden encontrar representantes de aquella como Francisco Suárez (?-1617) y Vitoria (?-1549).

La idea que se tenía de esta sociedad era la de un todo perfectamente integrado, regulado por leyes naturales, las cuales no son más que un reflejo de las leyes divinas, que a su vez son externas e independientes de las leyes humanas; de tal forma que los conflictos sociales no pueden estar regidos por leyes humanas generales sino por decisiones casuísticas, aplicables a cada caso en particular (E. Florescano y 1. Gil Sánchez 1976 1976 v. 2 pp. 200-204). Esto da lugar a un conjunto legal sumamente complejo y abigarrado.

Por otra parte, según afirma Rodolfo Pastor, este todo social se encuentra jerarquizado por estamentos; es decir, que la base de la estratificación social es jurídico-política y no económica. De tal manera que las desigualdades inherentes a esta sociedad suponen que cada persona acepta la situación que le corresponde junto con las obligaciones correlativas ala misma. Y como la sociedad está ordenada naturalmente, las personas y grupos tratarán de satisfacer no sus fines individuales o grupales, sino los de este todo orgánico que es el orden natural.

De donde se desprende que el buen desempeño de funciones y obligaciones, por parte de los individuos, dio origen a un concepto del honor muy elevado (Cfr. Pitt-Rivers, Julián, 1965 pp. 19-28), que se manifestó tanto a nivel personal --el cuidado de la honra es el bien más preciado-- como a nivel social --aunque no sólo por las condiciones que se ofrecían al individuo, sino porque la corona le confería una serie de privilegios y jurisdicciones. La división en estamentos creó grupos con posiciones muy desiguales y diferenciadas frente a la ley y al Estado. Este sistema fue bautizado por Max Weber con el nombre de patrímonialismo. Un aspecto curioso e importante es, como afirman Florescano y Gil Sánchez, que a pesar de la gran desigualdad existente no se debilitó el carácter absolutista y paternalista del sistema, sino que por el contrario, ya que la cesión de derechos, y jurisdicciones eran siempre un favor otorgado por la corona y, como ¡nobleza obliga!, los grupos quedaban más estrechamente ligados y obligados con ella.

Por otra parte, este todo orgánico, estructurado de acuerdo con leyes naturales y con fines divinos, que constituía a cada comunidad, tenía que ser soberano; pero como la soberanía no podía ser ejercida por todos, era necesario ponerla en una sola cabeza. Así, el gobernante, al mismo tiempo que era el juez supremo de la sociedad, era también el monarca y por lo tanto la fuente paternal y última en la decisión de todos los conflictos sociales, administrativos y jurisdiccionales.


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