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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1985

c. Características de la organización territorial y la incorporación de los territorios americanos.


La división territorial estuvo fundamentada también en la concepción orgánica de la sociedad, ya que a cada comunidad, como se dijo, se le reconocía su propia jurisdicción. El territorio era visto como el espacio físico donde ésta debería ser ejercida. Así, en este orden de conceptos se pueden encontrar tres categorías o niveles de división territorial jurisdiccional: local, regional e imperial.

-- Nivel local: en el plano de las ideas el concepto de sociedad orgánica fundamentó toda la estructura socio-política y en el plano de los hechos el centro de la sociedad fue el municipio; ya que a cada ciudad o pueblo, considerado como comunidad, se le reconoció como entidad independiente, en lo que se refería a sus intereses particulares (naturaleza propia). Por eso cada municipio contaba con su cabildo o ayuntamiento, que era el gobierno de la república y por lo tanto representante de la sociedad civil frente al Estado (O'Gorman, 1981, pp. 130-131).

-- Nivel Regional: en España el conjunto de municipios constituía una provincia o reino, que en tiempos anteriores al gobierno de los Habsburgo y a la preponderancia del reino de Castilla, fue el nivel político y jurídico más alto.

En el momento de la formación del Imperio, constituido por la amalgama de los reinos iberos, los monarcas provinciales pasaron a tomar la función de gobernadores intermediarios del Estado Imperial.

-- Nivel Imperial): el estado imperial era el corazón del Estado y la capital de los reinos. Estaba formado por el rey-- emperador, sus cortes y consejos. Dentro de él destacan por su importancia: el Consejo de Castilla, el Consejo de Guerra, el Consejo de Hacienda, los arzobispos y los superiores generales de las órdenes religiosas del clero regular, además de los miembros del Tribunal del Santo Oficio. Con la incorporación de los reinos americanos, se crearon nuevos consejos como el Real y el Supremo Consejo de las Indias y la Casa de Contratación de Sevilla. La localización de la capital era variable, ya que viajaba de una residencia real a otra, hasta que finalmente se fijó en Madrid.

Estos tres niveles político territoriales se mantuvieron también en la jurisdicción eclesiástica, pues el Patronato Real permitió al rey el manejo de todos los asuntos administrativos de la Iglesia, salvo cuestiones relativas al dogma y a la doctrina católica. Así, tanto el clero regular como el secular mantuvieron, y en algunos casos mantienen hasta hoy, la misma estructura que en los asuntos civiles.

Al incorporarse a España, bajo el gobierno de los "austrias", los territorios americanos, la Nueva España fue vista como una subdivisión más del gran Estado imperial, ya que los nuevos reinos y el virreinato quedaron ligados dinásticamente a la Corona de Castilla. Técnicamente aquéllos no eran colonias de España ni de Castilla, sino dominios ultramarinos del emperador. Por eso conforme la conquista fue expandiéndose territorialmente, al mismo tiempo que el territorio y su población quedaban ligados a la corona, se les organizó siguiendo el orden de los tres niveles antes mencionados.

Dos décadas después de la caída del Imperio azteca ya se habían creado más de una docena de municipios que substituyeron a la antigua organización prehispánica de linajes, parajes y clanes. A su vez, los municipios fueron agrupados en cuatro provincias: Nueva España, Nueva Galicia, Nueva Vizcaya y Nuevo León. Y de la misma manera en que el reino de Castilla centralizó a los reinos iberos, el reino de la Nueva España por haber sido fundado primero y por ser el mejor situado, se constituyó en la capital del virreinato (Bradley Benedict, Op. Cit., pp. 551-570).


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