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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1985

a) Naturalista.


El joven Camus describe su actitud ante la vida: espontaneidad, ansia de vivir, aire, mar, cielos abiertos, playas llenas de luz y de paz, estallido desol. Se trata de una comunión con el universo. Para Camus la única realidad es el mundo. Hay que gozarlo plenamente: "califico de estúpido a quien teme gozar".

En este período naturalista la actitud de Camus es en realidad un pansensualismo, un optimismo cósmico, un vitalismo, es decir, un hedonismo: "ni religión, ni literatura, ni ética... tienen sentido en las playas de Argel. Aquí no hay otra cosa que piedras, carne, estrellas y todo este conjunto de verdades que se pueden tocar con las manos".

Este vitalisino --mejor aún, hedonismo-- se respira en Nupcias en Tipasa. Como el cielo penetra en el mar, como la luz penetra las ruinas de Tipasa y las llores y los árboles, Camus se deja invadir por el mundo, Le es preciso estar desnudo para que su unión con el mundo sea más profunda, más deleitable. "En este maridaje de las ruinas y de la primavera, las ruinas se han convertido en piedras." Y en estas nupcias con el mundo el hombre deviene carne y debe perderla conciencia para poder gozar de este retorno a lo primitivo, a la naturaleza original.

Suprimida la conciencia --porque la conciencia causa dolor --no queda mas que el goce inmediato en unión con la naturaleza, en un maridaje de pureza originaria: "Ser puro es encontrar aquella pureza del alma en la que se hace sensible el parentesco con el mundo, donde los latidos de la sangre se juntan a los impulsos violentos del sol de mediodía." Hay, pues, en Camus, un monismo cósmico. Así, dice: "desparramado por las cuatro direcciones del mundo, olvidado de mí mismo, soy el viento y soy las montañas. Jamás he experimentado más hondamente el alejamiento de mi mismo y mi presencia en el mundo".

Este hedonismo intenta fundirse con la naturaleza. Y tan es así, que Camus hubiera querido gozar más ("ce qui me frappe en ce moment, c'est que je ne peu aller plus loin"), pero su salud se lo impedía. Entonces, la dicha es lo más importante en la vida --es lo único importante. Y Camus ve la religión como un impedimento para la dicha: "Amo demasiado la vida para que me importe la eternidad." Lo esencial: el triunfo explosivo de la vida. Todo lo demás carece de sentido. La felicidad está en vivir sensorialmente al unísono con la naturaleza: "en este mundo no hay más que un solo amor. Abrazar un cuerpo de mujer, que es también retener esta extraña alegría que baja de lo alto hacia el mar". La gloria es el derecho de amar sin mesura.

En esta relación inmediata con la naturaleza --Camus emplea con más frecuencia la palabra mundo-- la única realidad cierta es el cuerpo que goza, éste es la sola verdad de esta presencia donde todo se da en una limpia inocencia, en una "absurda simplicidad", donde el sentimiento es "una mezcla de ascesis y de goce", donde hay que vivir "la pasión en detrimento de la emoción". Hay que ser fieles a la dicha; hay que vivir para la felicidad; mejor: hay que vivir gozando. Sensación, luz, mar, sol, paisajes, mujeres es el mundo camusiano. Tipasa habitada por dioses cuyo lenguaje es el sol y el olor de las flores, la luz a borbotones, los cipreses, el silencio y las piedras vivas. Aquí, los únicos dioses son los muchachos y las muchachas que a mediodía se bañan en el mar. Tal es para Camus "cette patrie de l'ame ou devient sensible la parenté du monde". Por eso él decía que tenía un corazón griego. En este vitalismo cósmico la realidad tiene dos aspectos: la carne y el mundo.


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