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Me parezco al que llevaba el ladrillo consigo para mostrar al mundo cómo era su casa.
LA REALIDAD COMO aliada de la estupidez. La norma jurídica, política o social, como justificante de la hipocresía y la incomunicación. También, la razón para partir de regreso a la isla de nuestra propia conciencia, a nuestra Itaca personal: la que dejamos varada en la bruma de los años, cuando los días nos parecían interminables como una carcajada.
Después, cuando ya hemos largado las noches de San Telnio y los mares embravecídos, cuando la calma se ha instalado en el horizonte y, el viento sopla de popa, hay que regresar ataca. Lo entendemos bien: todo ha sido, hasta entonces. un largo rodeo hacia ninguna parte. Todo es agua entre los dedos. Sólo es real el exilio. como alternativa entre la libertad y la prisión, entre la realidad impuesta y, la otra: la nuestra, la que hay que crear y se crear todos los días, la que tejemos con los sueños de la vigilia y los hilos de la memoria para poder enamorar al mar.
Meursault, la naturalidad insoportable
Camus, el estilo también narra