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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1985

Tamina y los niños


Si existe un modelo de exilio total, este es Tamina. Si no lo hay, ella bien puede ser el paradigma: exiliada de su patria, de la vida afectiva, familiar, sexual, de la sociedad en que vive. Sale de una tupida selva de signos adversos para exiliarse de la vida en un signo que los contiene a todos: una isla: La isla de los niños, que es una reafirmación de que la infancia era su esencia. Una isla a la deriva, para decirlo con palabras de Hemingway.

Praga se le fue de las manos, como un globo se le escapa a un niño... y ella cerró los ojos para irse también. Entonces inició el regreso, el interminable camino hacia el exilio total, la muerte. En horas tempranas de este andar "el marido enfermó y Tamina sólo pudo mirar cómo la muerte se lo llevaba poco a poco. Cuando murió, le preguntaron si prefería enterrarlo o incinerarlo. Dijo que incinerarlo. Le preguntaron si quería conservarlo en una urna o esparcir sus cenizas. No tenía ningún hogar en ningún sitio y le dio miedo pensar en llevar al marido toda la vida como un bolso de mano. Por eso hizo que esparcieran las cenizas".[Nota 111]

Kundera, que en el libro es uno de los personajes, ubicuo y omnisciente, continúa el relato: "Me imagino al mundo creciendo hacia arriba alrededor de Tamina como una pared circular."[Nota 112]

Tamina da tantos rodeos para llegar a La isla de los niños, que no se puede menos que pensar en el primer exiliado: Odiseo; y en este sentido, el valor de su hazaña es universal, aunque la propiedad de Tamina se la adjudique Kundera exclusivamente. Seguro de que lo estamos leyendo, nos dice a los lectores: mi heroína me pertenece a mí y a nadie más." Líneas abajo, después de ocultar el nombre de la ciudad en donde vive Tamina, dice: "Esto va contra todas las reglas de la perspectiva, pero no tienen ustedes más remedio que aceptarlo." [Nota 113]Siguiendo el juego de Kundera de hablarle a sus lectores, podemos d>ecirle a él: tiene y no tiene la razón: la tiene cuando nos dice que no dirá la ciudad en que Tamina vive. No podemos hacer nada ("no tienen ustedes más que aceptarlo"); pero no la tiene cuando se adjudica la propiedad exclusiva de Tamina. Es más: Tamina dejó de ser de él desde que la abandonó a su suerte con los impresores. Cómo no va a ser nuestra: la hemos leído hasta la muerte. Fundamento mi tesis en lo que llamo la Ley Borges: "El sabor de la manzana (declara Berkeley) está en el contacto de la fruta con el paladar; análogamente (diría yo) la poesía está en el comercio del poema con el lector, no en la serie de símbolos que registran las páginas de un libro". Hasta aquí Borges. Es decir, Tamina es de quien la lee, como la tierra es de quien la trabaja, aunque no se tenga título de propiedad.

Pero volvamos a Tamina en su periplo: pasó por un bar, en el que servía café y calvados a los clientes (y escuchaba sus cuitas); por la cama de Hugo, un escritor frustrado que le cobra así la posibilidad de traerle de Praga el registro de su vida amorosa, sus diarios: "Hay algo que he dejado en Bohemia. Un paquetito con algunos papeles. Si me los mandasen por correo podría caer en manos de la policía". "¿Son documentos políticos? --preguntó (Hugo)." "Sí, documentos políticos. ""( ... ) ¡Dígale que en el paquete hay cartas de amor! --Hugo se rió de su propia ocurrencia: ¡Cartas de amor! ( ... )"[Nota 114]

Tamina, urgida por conseguir que alguien le traiga de Bohemia sus diarios, es capaz de todo: asiste a una fiesta de pepenadores de la cultura (parroquianos del bar en que trabaja). En la reunión, el centro de los alegatos intelectuales es un escritor de gran fama que entrevistan en la TV, mismo que hace cuentas y más cuentas frente a las cámaras, en busca del número de orgasmos que ha tenido en su vida, y cuánto es esto en tiempo real: "Si el orgasmo dura cinco segundos, he tenido (a los cincuenta años) veinticinco mil segundos de orgasmo. En total, seis horas y cincuenta y seis segundos de orgasmo. No está mal ¿verdad"[Nota 115]

Los diarios son para Tamina como un leit motiv, para su vida, no por lo que puedan haber registrado, sino por lo que son: esencia de una parte de su vida, quizá la más preciosa, extraviada ya en la memoria. Y hay que rastrear el tiempo para encontrarla: "su marido sigue estando vivo en esa tristeza, sólo que ella tiene que ir a buscarlo ¡La persona que quiere recordar no puede quedarse sentada en un sitio y esperar que los recuerdos lleguen solos!"[Nota 116]Puede que los recuerdos lleguen con sus diarios, aunque Tamina "sabe que en los diarios hay también muchas cosas que están lejos de ser hermosas, días de insatisfacción, de peleas y hasta de aburrimiento".[Nota 117]Ya antes había dicho: "Me imagino que el presente de Tamina (compuesto de servir el café y ofrecer su oreja) es una barca que se desliza por el agua, y ella va sentada en esa barca y mira hacia atrás, sólo hacia atrás."[Nota 118]Como mujer de Lot (y Orfeo), Tamina no resiste la tentación de voltear hacia atrás para rescatar su pasado, aunque con ello se destruyen los sueños de la memoria. Tamina arrastrará con la mirada un cúmulo de recuerdos que habrán de definir su destino; será su mirada hacia atrás un cordón umbilical que nunca se romperá. "El volumen de su ser es sólo aquello que ve allá atrás, a lo lejos."[Nota 119]

Si el nacer no es el principio, la muerte no puede ser el fin. Tamina lo sabía, y también Meursault; por eso van a la muerte como alquien que lo sabe todo, con la serenidad de los estoicos, y la historia presente en su mirada: "Rafael cogió a Tamina de la mano. La cogió de modo que no podía soltarse ( ... ) Tamina subió a la barca que osciló bajo su peso ( ... ) el muchacho separó la barca de la orilla, cogió los remos y Tamina miró hacia atrás."[Nota 120]Interviene luego Kundera: "¿Por qué Tamina no pregunta a dónde va?", y se responde a sí mismo y a nosotros: "¡Aquel a quien no le importa el objetivo, no pregunta a dónde va!"[Nota 121]

Más tarde Tamina "sentía que estaba por fin en donde había querido estar: había caído hacia atrás en el tiempo, muy lejos."[Nota 122]Su destino estaba decidido desde antes: "( ... ) optó por ahogarse mar adentro; para que del oprobio de su cuerpo sólo supieran los peces, que son mudos"[Nota 123]

"Casi a su lado había una barca y en ella unos cuantos niños. Gritaban ( ... ) Se acercaron a ella y la miraron. Gesticulaba desesperadamente con la cabeza como si quisiese decir, dejadme morir, no me salvéis ( ... ). Cada vez que salió se encontró con la barca y los ojos infantiles que la observaban. Después desapareció bajo la superficie del agua. "[Nota 124]

La mirada es la puerta natural de los sueños y morir es un profundo sueño. La mirada es también el rostro de la vida y la muerte. Dicen que los que mueren siempre nos miran a los ojos.

Tamina se negó a regresar ataca, porque no habría encontrado lo que le decían sus recuerdos. Ella misma era otra. La que tenla atrapada en sus sueños era otra Praga. Quizá inventó para sí misma un Odiseo, ya viejo, dándole consejos una noche de sueños azarosos;

-- No regreses nunca. Sólo el sueño del exilio es real.


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