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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1985

JOSE RAMON BENITO, La Paideia Cristiana: Una interpretación


En diversas ocasiones y bajo diferentes formas, Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas, hasta que en estos días nos habló a nosotros por medio de su Hijo (Heb 1, 1-2)

EN ESTA MARAVILLOSA obrita intitulada Cristianismo primitivo y Paideia griega, publicada pocos meses antes de su muerte, Werner Jaeger nos ofrece un prometedor esbozo de lo que pudo haber sido una obra gigantesca como lo es la gran Paideia. Fruto de unas conferencias pronunciadas en la Universidad de Harvard en 1960, este libro, pequeño en sus dimensiones, es grande no sólo en cuanto a lo que promete sino en si mismo. Ya por los asuntos que aborda o ya por la manera en que lo hace, por el rigor critico y la confrontación a que somete las diferentes consideraciones que propone, la obra es densa. Se trata de una obra abreviada pero madura: había sido precedida por un discurso pronunciado por el notable profesor alemán con motivo del doctorado honoris causa que le fue otorgado por la Facultad de Teología de la Universidad de Tübingen.

Como el mismo Jaeger lo declara, durante casi 30 años, desde la publicación de la Paideia en 1933, la mayor parte de su obra "a partir de entonces ha estado consagrada a la antigua literatura cristiana" (p. 7). Prueba de esto es la edición crítica que Jaeger hizo de las obras de Gregorio de Nisa a partir de la iniciativa de Wilamowitz, la cual tenía por objeto "la edición de las obras del Padre de la Iglesia griega que estuvieran más necesitadas de una reconstrucción científica". Este trabajo se remonta muchos años atrás y prácticamente le ocupó toda su vida; los dos primeros volúmenes aparecieron en 1921 y los últimos se fueron publicando sucesivamente después de su muerte. Se explica entonces que ya en la elaboración de su obra monumental tuviera presente la desembocadura, o como él la llama, "la recepción de la Paideia griega en el mundo cristiano primitivo" (ibid).

Si bien su enfoque histórico y filológico no corresponde a la obra de un patrólogo, su gran conocimiento de temas y autores, su profundidad y seriedad plenamente reconocidas, así como el respeto y la veneración entusiasta y afectuosa, casi devota, con que trata todo lo referente al tiempo y a la obra de los Padres, hacen de él una autoridad en la materia.

A través de un desarrollo histórico que se inicia con la predicación de los primeros seguidores de Jesús y las primeras manifestaciones institucionales y culturales cristianas, Jaeger va siguiendo minuciosamente diversos rasgos y rastros que denotan el helenismo en que va a penetrar el cristianismo, y la influencia mutua a que se ven sujetos, hasta llegar, por la profunda vitalidad de ambos, aunque en niveles de vida desiguales, a la formación y consolidación de una modalidad cultural plenamente original y propia: la paideia cristiana.

Esta orientación parece haber sido relativamente temprana. Se advierte ya en la forma en que el autor de los Hechos de los Apóstoles presenta a Pablo en Atenas. Más claramente aún se percibe en un escrito apócrifo, los Hechos de Felipe, que hace aparecer al cristianismo como una continuación de la paideia griega clásica, "lo que haría que su aceptación fuera lógica para quienes poseían la antigua. A la vez, implica que la paideia clásica está siendo superada, pues Cristo es el centro de una cultura nueva. Así la paideia antigua se convierte en su instrumento" (p. 25).

Este mismo instrumento se convierte más tarde en la perspectiva de la toma de conciencia del acontecimiento cristiano que tiene lugar en los alejandrinos, los cuales antes de San Agustín y siguiendo ciertos destellos de San Justino, llevan a cabo una reflexión teológica sobre la historia. "La fusión de la religión cristiana con la herencia cultural griega hizo que' la gente se percatara de que ambas tradiciones tenían mucho en común, si se las consideraba desde un punto de vista superior, el de la idea griega de paideia o educación que ofrecía un denominador común único para ambas. Hemos encontrado la idea de tal fusión ya en el discurso de San Pablo en Atenas, según los Hechos, libro de amplia visión histórica, pero ahora llega a su plena madurez. El pensamiento de Orígenes lleva a la verdadera filosofía de la historia, algo que nunca se dio en el suelo de la Grecia clásica..."; y es que el pensamiento histórico cristiano "tenía que tomar en cuenta el hecho de la coordinación y cooperación siempre crecientes entre las distintas razas humanas bajo la fe cristiana". (pp. 93-94).

La cita ha sido larga, pero ilustra muy adecuadamente como, según la interpretación de Jaeger, la realidad histórico-cultural que constituye la aparición del cristianismo y su difusión en el mundo antiguo es su vez objeto de una comprensión cada vez mayor por parte de los mismos cristianos, ya que ellos mejor que nadie poseían interiormente la doble luz que representa la cultura griega y la revolución cristiana.

Ya que hemos abordado de esta manera el estudio de los primeros siglos cristianos, antes de proseguir debemos precisar ciertos puntos.

En primer lugar, la idea griega de paideia es tan compleja y en la concepción de Jaeger es tan sustancial de la vida y el espíritu de un pueblo, ya sea a nivel individual como colectivo, que no es fácil traducirla simplemente por cultura o por educación tal como nosotros entendemos estos términos. Ni siquiera la definición tan rica y sugerente que Ortega da de cultura "sistema de ideas desde las que un tiempo vive" parece aproximarse adecuadamente a esta plenitud superior a la que por medio del dominio de sí mismo y del pensamiento científico debería encauzarse la educación de los hombres, según pensaba el mismo Aristóteles.

En la comprensión de la paideia se conjugaban y se integraban de una manera excelente el sentido especulativo de la vida teórica y el sentido práctico de la vida virtuosa. Paideia es a la vez el ideal a que ha de tenderse y el proceso por el cual se va alcanzando progresivamente dicho ideal. Constituye la interiorización jerárquicamente estructurada de los valores y la conformación del mundo con calidad humana. La paideia es al mismo tiempo un resultado: el hombre mismo que alcanza la estatura perfecta" y los elementos modeladores con los que tal logro es obtenido.

En segundo lugar, la proporción considerablemente mayor en que Jaeger se ocupa de los padres griegos en Cristianismo primitivo y --paideia griega se explica desde luego por la directa relación de éstos con la tradición cultural griega y la cuestión relativa a lo que hemos llamado problema del encuentro. Pensamos que además habrá que tener presente que la porción oriental del Imperio, a la que corresponde el cristianismo de habla griega, no sólo fue su cuna y el lugar donde había más cristianos, ya que en Occidente el progreso del cristianismo fue demasiado lento, sino que además el ambiente cultural era mucho más propicio y podía responder mejor a un desarrollo doctrinal más elaborado. Prueba de esto son las herejías, que, salvo la influencia del arrianismo, eran propiamente inexistentes en Occidente, y en cambio en Oriente abundaban. Como es sabido éstas tuvieron una influencia primordial en el desarrollo de la teología, como la tuvieron también para la obra de los apologistas los ataques de los paganos y las persecuciones de los primeros siglos.

Hay además, a juicio de Jaeger una modalidad específica que distingue la forma de entender el cristianismo en Oriente y en Occidente. Esta aparece distinta desde la manera de entender las relaciones entre la fe y la razón y la interpretación del cristianismo como filosofía, con todo lo que ésta puede significar dentro de la Paideia griega. Así, Tertuliano, quien parece marcar los orígenes de la patrística latina, rechaza "la tendencia de los pensadores de su época, tanto griegos como cristianos, que pretenden entender al cristianismo como una nueva filosofía, comparable a las filosofías griegas del pasado y mensurable por medio de los mismos criterios lógicos" "¿ Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén --exclama-- Tertuliano ni la Academia con la Iglesia?" En Oriente sólo Taciano sigue por esta línea (p.53, n.27). Lo cual "prefigura ciertos desarrollos de la forma latina del cristianismo, muy importantes y muy diferentes de la interpretación griega. Los griegos siempre dan la bienvenida al apoyo de la razón en tanto que la mente romana subraya siempre: 1) el factor de la personalidad en la aceptación de la fe cristiana y 2) el factor suprapersonal de la autoridad (Ibid). Esto mismo tiene ya antecedentes paganos en Cicerón.

San Agustín es reconocido como el gran exponente de la patrística latina, quizá el mayor, la fuerza de su pensamiento permanece fiel a estos principios y su misma doctrina acerca de la gracia se distingue por ejemplo de la de San Gregorio de Nisa, para quien la ayuda divina es "la cooperación del Espíritu Santo con el esfuerzo humano". San Agustín por su parte, cree que "la iniciativa en este proceso no puede partir de la parte humana sino sólo de Dios"; el hombre es el cooperador. "Sin embargo, el concepto que San Gregorio tiene de la virtud está más cerca en este aspecto, de la tradición clásica" (p. 124).

Esto no significa que la Paideia griega no haya tenido una influencia de primera magnitud en el mundo latino a través de la Edad Media; "desde el Renacimiento hay una línea que nos lleva directamente hasta el humanismo cristiano de los Padres del siglo IV y a su idea de la dignidad del hombre y de su reforma y renacimiento por el Espíritu" (p. 138). Las profundas semejanzas entre San Agustín y los Padres Capadocios, "con los que comparte tantos rasgos característicos que aún no han sido explicados", así como las relaciones entre San Jerónimo y San Gregorio de Nisa y el conocimiento que San Ambrosio tuvo de las obras de San Basilio, permiten afirmar que los padres griegos del siglo IV constituyen "el prólogo de las transformaciones latinas medievales" del ideal griego de "Paideia" (Cfr. p. 140).

El propósito de esta nota consiste en examinar brevemente, según los elementos que nos proporciona la obra de Jaeger, cinco aspectos de la paideia cristiana: el problema del encuentro, la filosofía cristiana, la vertiente literaria, el aspecto social y político , y por último, la educación cristiana o el problema de la morphosis.

Ante todo hay que tener presente que el encuentro del cristianismo con la cultura griega y las relaciones a que da lugar constituyen una situación de hecho, anterior a cualquier interés expansionista o a cualquier habilidad estratégica. En todo caso no hay que ver en esto algo artificial y extraño. No fue así al menos como lo vieron la mayor parte de los cristianos de los primeros siglos, quienes fueron no sólo testigos presenciales del hecho sino sus protagonistas.

Cuando el cristianismo aparece, el helenismo tenía ya más de tres siglos. Sin desconocer los esfuerzos realizados por la comunidad judía de Palestina para mantener la fidelidad a la Ley, libre de las contaminaciones paganas, la realidad presenta una situación mucho más compleja y, por lo que toca ya al cristianismo, encontramos no sólo una gran apertura sino muestras claras de una natural y honda helenización. En la edad apostólica "observamos la primera etapa del helenismo cristiano en el uso del griego que encontramos en los escritos del Nuevo Testamento que se continúa hasta los tiempos postapostólicos; hasta la época de los llamados Padres Apostólicos". "Con el uso del griego penetra en el pensamiento cristiano todo un mundo de conceptos, categorías intelectuales, metáforas heredadas y sutiles connotaciones" (p. 13, 14).

En la manera de entender su propia misión la proyección apostólica de la Iglesia expresa su catolicidad en el Concilio de Jerusalén. "Tal pretensión tenía por fuerza que medirse con la única cultura intelectual del mundo que había intentado alcanzar la universalidad y lo había logrado: la cultura griega que predominaba en el mundo mediterráneo" (p. 62).

Si en esta línea comprendemos el llamado Pentecostés de los paganos de Hch 10, 1 y ss., así como la declaración de Jesús de que su hora ha llegado, cuando unos griegos[Nota 125]acuden et, su búsqueda (Jn 12, 20 y ss.), podemos estar mejor preparados para entender la forma entusiasta en que los mismos cristianos toman conciencia de los acontecimientos que viven. De ningún modo puede resultar banal que se haya dado la unificación cultural del mundo antiguo, y que ésta haya tenido precisamente un rostro griego. La unidad permitió la difusión del cristianismo a nivel mundial. "La fusión de la religión cristiana con la herencia cultural griega hizo que la gente se percatara de que ambas tradiciones tenían mucho en común, si se las consideraba desde un punto de vista superior, el de la idea griega de paideia o educación que ofrecía un denominador común único para ambas" (p.93).

En todo caso, si en las diversas etapas del Antiguo Testamento encontramos la influencia de diversos elementos propios de las culturas con las que el pueblo de Israel estaba en contacto, no debemos extrañarnos ni rechazar como algo espurio, contrario a la pureza original semítica, lo que procede del helenismo. Menos aun cuando ahora parece que deberíamos estar más dispuestos a recibir con entusiasmo concepciones de la Historia de la Salvación que amplían profunda y misteriosamente los caminos de la Providencia Divina y que reconocen acciones y manifestaciones muy diversas de la misma en todo aquello que ha sido llamado "las semillas del Verbo". Esto es lo que los propios cristianos de entonces reconocieron e impulsaron.

La idea platónica de Dios como pedagogo del mundo se considera, naturalmente, que llega a su culminación con Cristo. Esto no quita que las tensiones sigan presentes y que debamos esforzarnos por hacer ver la originalidad propia del cristianismo y que Cristo en su papel de divino maestro "trasciende cualquier fenómeno anterior de este tipo en la historia humana" (p. 89).

La espontánea comparación que Justino hace de Sócrates con Jesús no le impide exaltar el carácter absoluto del Cristianismo. En Cristo tomó forma humana el Logos, anticipado en parte por Sócrates (Cfr. p. 46-48).

Al considerar el valor espiritual del pensamiento platónico Clemente Alejandrino supone que "todo deriva de Moisés" y que "Platón es un Moisés attikizon, o bien tendrá que admitir que los Diálogos son el Antiguo Testamento del mundo pagano, sea cual fuere su relación con la tradición hebrea" (p. 91).

Estas relaciones e interpretaciones nos muestran el profundo proceso de asimilación y las hondas vinculaciones existentes, en el corazón de los primeros cristianos, entre la tradición cultural griega y la cristiana. Es pues algo que los primeros cristianos viven desde su interior. Hemos de tener en cuenta que desde los comienzos del cristianismo la presencia y la intervención de "esa parte de la comunidad apostólica de Jerusalén llamada helenistas" (en el capítulo VI de los Hechos de los Apóstoles) fue "la que tras el martirio de su jefe Esteban, se dispersó por toda Palestina e inició las actividades misionales de la generación siguiente" (p. 15). Nada de extraño o ajeno tendrá entonces tampoco el que aquellos a los que el mensaje cristiano se dirige, lo relacionen e interpreten desde su propia perspectiva y respecto a la problemática de su propia cultura.

Ahora bien, en esto el cristianismo lejos de diluirse se afirmó y consolidó su supremacía; "usando esta cultura internacional como base, se convirtió ahora en la nueva paideia cuya fuente era el logos divino, la Palabra que había creado al mundo. Tanto los griegos como los bárbaros eran sus instrumentos" (p. 94).

La filosofía cristiana

La vertiente literaria

El aspecto social y político

La educación cristiana o el problema de la morphosis


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