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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1985

RAMON ZORRILLAS., ¿Una teología de capitalismo?


Durante el segundo semestre de 1984 comenzó a circular en algunas universidades de México un libro escrito por el señor Michael Novak bajo el título de El Espíritu del capitalismo democrático. Es un volumen de 450 páginas, en formato de. 19 x 20 cms., publicado en Argentina por una editorial (Tres Tiempos) hasta ahora desconocida para muchos y traducido al español por el señor don Leandro Wolfson.

En la solapa puede leerse una breve presentación del autor como ex seminarista de la Universidad Gregoriana, profesor de Filosofía en las universidades de Stanford y Syracuse. En la actualidad es investigador residente de Filosofía, Religión y Política Pública del Instituto Norteamericano de la Empresa, de la ciudad de Washington". Sus libros publicados son calificados en la misma solapa como "Influyentes". Este calificativo, la lista de publicaciones que realiza Tres Tiempos y el estadio actual de la trayectoria vital del señor Novak permiten pensar que la llegada del libro a las Universidades ha seguido más bien una ruta de promoción empresarial que un camino propiamente académico.

Por otra parte el libro combina una amplia erudición (en textos y notas se suceden los nombres de San Juan de la Cruz, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Adam Smith, Karl Marx, Max Weber, Gerard Manley Hopkins, John Maynard Keynes, John Keneth Galbraith) con una abrumadora información (Bugave de Zimbabwe, Solyenitzin, Miguel Escoto de Nicaragua --también Duns Scoto--, Gustavo Gutiérrez, Unión Carbide, ARR, General Electric, General Motors, Mobil, Us Steel, Exxon, etcétera).

Lo que quiere ser el hilo conductor a lo largo de los veinte capítulos del libro se anuncia en la introducción: "...la vida espiritual que torna posible el capitalismo democrático... sus presupuestos teológicos, sus valores y sus intenciones sistemáticas".

Pero ¿qué quiere decir con capitalismo democrático? Lo explica someramente: "...designo a tres sistemas en uno: una economía predominantemente de mercado, una organización política respetuosa de los derechos individuales a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, y un conjunto de instituciones culturales movidas por los ideales de libertad y justicia para todos".

Pero hay otro propósito: "Es mi intención --dice Novak-- persuadir a muchos individuos religiosos, de mi propio credo (se supone que es católico) y de otros, de que un examen ecuánime del sistema norteamericano y economía política ofrece un saber de gran valor para el futuro de los judíos, los cristianos y tal vez otros pueblos religiosos".

El capítulo 20 y final del extraño documento se intitula: "Una teología del capitalismo democrático."

Una tercera constante a lo largo del libro es la argumentación contra cualquier forma de socialismo. En particular contra el "socialismo democrático" y en especial contra el "socialismo cristiano", con el que Novak --según afirma-- se sintió comprometido en algún tiempo. Por otro lado, en la segunda parte del libro ("El ocaso del socialismo") Novak rechaza al socialismo en general y hace un gran elogio a las compañías transnacionales. En su parte tercera ("Una teología de la ciencia económica') se detiene algo más en temas como el socialismo cristiano europeo (examina doctrinas de Tillich y Moltmann) y la Teología de la Liberación.

En el espíritu del capitalismo democrático se argumenta frecuentemente de esta forma: los negros norteamericanos tienen mayor ingreso que la China Comunista, o Mugabe es socialista pero invita a la Union Carbide a invertir en Zimbabwe.

La tesis principal, la creación del capitalismo democrático, no queda en ningún momento demostrada. Constantemente habla de las intenciones de los "fundadores" del capitalismo democrático, aunque Novak reconoce que no sabían exactamente lo que iban a fundar, en cambio su reciente "descubrimiento", claro está, es distinto de lo que "convencionalmente" se entiende por capitalismo y democracia. Consideramos conveniente recordar algo de lo que al autor llama "convenciones".

Democracia es un antiguo concepto de filosofía política; posee linaje y nobleza. Si Novak hubiese leído más la Política de Aristóteles y no sólo la Elica a Nicomaco habría pensado más antes de usar el término democracia como adjetivo del capitalismo. Ahí --y en Platón-- hubiera encontrado términos como "oligarquía" --forma corrupta del gobierno de unos cuantos-- o "plutocracia" --gobierno de los que tienen dinero o riqueza--, que le hubieran ahorrado el intento de ese híbrido improbable.

Mucho antes de la Revolución Industrial o del nacimiento de los burgos medievales la democracia era una práctica en buen número de comunidades y estaba también en la base electoral de la República romana. Existe, ciertamente, en las ciudades europeas de la Edad Media y hasta en las constituciones de las mismas órdenes religiosas nacidas en el medioevo.

La conexión Revolución industrial-liberalismo económico no coincide ciertamente con la democracia. En ese gran documento que es la "Charte", firmada por más de un millón de súbditos ingleses e irlandeses, se argumenta con estadísticas la ausencia. de verdadera representatividad.

El término democracia tiene en la actualidad por lo menos cuatro acepciones: la democracia directa en la que la totalidad de los ciudadanos toman las decisiones políticas; la democracia representativa, donde el derecho a la decisión política se elige a través de un representante; la democracia liberal o constitucional, donde un marco jurídico protege los derechos de las minorías, y, también, la democracia llamada económica o social, que independientemente de la forma de ejercicio del poder (puede ser totalitaria), tiende a disminuir las desigualdades o diferencias económicas y sociales de los miembros de la sociedad.

Al hablar de las democracias occidentales Maurice Duverger retoma un párrafo del mismo documento (Manifiesto Comunista) del que Michael Novak toma el elogio a la burguesía en el que Marx y Engels afirman que los gobiernos sólo son comités de administración de negocios de la clase burguesa. Concluye Duverger que esto es verdadero por lo menos en un 50 por ciento.

A diferencia del concepto de democracia, el de capitalismo es muy reciente. El propio Marx lo comenzó a usar en el lenguaje común como un adjetivo de las formas de producción o de determinadas prácticas económicas de un sistema. "Capitalista" era, peyorativamente, el industrial moderno. Durante mucho tiempo a esos industriales modernos no les agradó ser llamados ni burgueses ni capitalistas. Tampoco quisieron llamar "capitalista" a su sistema y mucho menos a lo que en él hubiese ideología subyacente. Adam Smith, Bentham, Stuart Mill y hasta el más cercano Walter Lippman se hubiesen asombrado ciertamente de haber fundado o defendido el "capitalismo democrático". Liberalismo seria la palabra que ellos hubiesen escogido.

Si el sistema novakiano nació a mediados del siglo XVIII en Inglaterra la adjetivación "democrática" no es tan clara. Recordemos cómo cien años después los dirigentes cartistas entregan al Parlamento aquella famosa Carta --con un millón y doscientas ochenta y tres mil firmas-- en la que acusan que solamente uno de cada 160 de la población total de Gran Bretaña e Irlanda participaba --como elector-- del poder de pasar leyes en el Parlamento.

"No representáis" --dice la Carta a la Cámara de los Comunes de Inglaterra-- "los intereses de millones de personas; sino que las personas que la componen (la Cámara) tienen en su mayor parte intereses extraños o directamente opuestos a los intereses verdaderos de la gran mayoría del pueblo."

Cien años después una Inglaterra mucho más democrática había dejado de ser el prototipo del capitalismo. El título correspondía ahora por entero a los Estados Unidos, es decir a una democracia en la que, según algunos de sus propios críticos norteamericanos, si se tiene (son precios de 1950) un millón de dólares se puede aspirara ser representante en Washington, y si se tiene 10, a ser senador. La democracia se reduciría a la facultad de los votantes de elegir entre uno u otro millonario.

El cartismo no fue un movimiento socialista y mucho menos marxista, sin embargo, a 135 años de distancia pueden sonar subversivos en el arquetipo de capitalismo de los Estados Unidos algunos renglones de aquel documento: "apercibidos del tremendo poder que poseéis sobre la vida, la libertad y el trabajo de millones de personas no representadas, comprendiendo cuáles son las fuerzas militares y civiles que mandáis, los fondos públicos a vuestra disposición, el auxilio a los pobres que está en vuestras manos, la prensa pública que tenéis en vuestro poder... el poder de delegar en otros el control total de las regulaciones monetarias del reino, por medio del cual las clases trabajadoras pueden ser estafadas silenciosamente o suspendidas de pronto en su trabajo..." Estos renglones preceden a las seis peticiones de los cartistas sobre sufragio universal, voto secreto, elecciones anuales, etcétera.

Liberalismo y democracia son términos mucho más combinables que capitalismo y democracia. Lo que ocurre al abandonar lo que Novak llama interpretaciones convencionales es que se comienza a hablar otro lenguaje y se acaba intentando crear algo así como una piedra líquida o un vertebrado gaseoso.

La confusión se agrava cuando se llega al campo de lo teológico, si por teología se entiende la reflexión sobre un cuerpo de doctrina basado fundamentalmente en la revelación (Le. los textos de la Sagrada Escritura), en la interpretación de Padres y Doctores de la Iglesia y en la tradición y el magisterio de ella. Esto es lo que se entiende por teología en la iglesia católica, a la que Novak parece pertenecer.

"Tengo a mi disposición una pléyade de textos" afirma Novak, aunque prefiere no citar esos lugares escriturísticos. Sería interesante conocer la opinión de Novak sobre aquel texto de Mateo que narra uno de los primeros actos de Jesucristo después de su entrada en Jerusalén: el encuentro de los cambistas o banqueros y vendedores en el Templo. Transcribimos el texto latino de la vulgata: "Et intravit Jesus in templun Dei, el eliiciedát omnes vendents et ements in templo, et mensas numulariorum, et cathedras vendentium columbas evertit: et dicit eis: "Scriptum est: Domus mea domus orationis vocabitur: vos autem fecisti illam speluncam latronem " (Mi. 2 1. vv. 12, 13 y 14).

La parte no cristiana en el binomio imposible que inventa Novak encontraría el hecho de que Jesús volcara las mesas de los cambistas y las sillas de los vendedores del sacro recinto como un ataque flagrante a la libertad de comercio y a la libre empresa. Una antigua y más bien contemporizadora tradición hermenéutica parece entender que Jesús, más que al comercio o a la banca en sí atacaba --en el único acto en el que muestra violencia-- la mezcla de negocios y religión que se patentizaba en los vendedores del templo.

Hay muchos otros textos en el Evangelio referentes al dinero y a la riqueza: si se busca el Reino de Dios y su justicia lo demás llega por añadidura; no es posible servir a dos amos; no es posible servir a Dios y a Mammon (Dios de la riqueza; la palabra aramea de donde se deriva este nombre significa "en quien se confía".) Sería muy interesante, como tarea, conocer . mejor la religión de ese Dios cuya teología al utilizar sus recursos juntos con la filosofía utilitarista podría ciertamente servir con éxito al materialismo práctico de nuestro tiempo.

Pero Novak insiste en encontrar posibilidades teológicas cristianas. Habla por ejemplo, de la Santísima Trinidad para explicar cómo en lo que él llama capitalismo democrático" --Et pluribus unum-- estadounidense se realiza al ser distribuidos los presupuestos anuales federales y estatales entre 225 millones de habitantes, que dan para cada uno 3,072 dólares. Las cifras son --dice-- de 1979. No hace referencia al déficit presupuestal, aunque su tesis podría resultar deficitaria para la teología. De igual manera se ocupa de la Caridad:

"El objetivo supremo de la economía política del capitalismo democrático" es estar "imbuido de caridad". Inventa la tesis teológica de "la competencia". se ocupa de la tesis del "pecado original", se atreve a hablar de la Encarnación y así hasta contar seis.

En realidad, tanto de la democracia como del capitalismo (más bien de los fundamentos del liberalismo económico), existe una doctrina clara en el cristianismo. Esa doctrina que se basa en textos de los profetas, en frases y episodios del Evangelio y las Epístolas de los apóstoles y se ha ido desarrollando a lo largo de veinte siglos. Desde el siglo pasado se ha expresado en el conjunto de encíclicas sociales que van desde Rerum Novarum hasta Laborem Excercens. En términos de doctrina cierta ha sido expresada por el II Concilio Vaticano en el párrafo 65 de la Constitución Gaudium et Spes --acerca de la Iglesia y el mundo actual:

El desarrollo debe permanecer bajo el control del hombre. No debe quedar en manos de unos pocos o de grupos económicamente poderosos en exceso, ni siquiera en manos de una sola comunidad política, ni de ciertas naciones más poderosas. Es preciso, por el contrario, que en todo nivel, el mayor número posible de hombres, y el conjunto de las naciones en el plano internacional, puedan tomar parte activa en la orientación del desarrollo. Asimismo, éste supone la cooperación orgánica y concertada de las iniciativas espontáneas de los individuos, de sus asociaciones libres y de la acción de las autoridades públicas.

No se puede dejar el desarrollo ni al libre juego de las fuerzas económicas ni a la sola decisión de la autoridad pública. A este propósito, hay que acusar de falsas tanto las doctrinas que se oponen a las reformas indispensables en nombre de una falsa concepción de la libertad como las que sacrifican los derechos fundamentales de la persona y de los grupos en aras de la organización colectiva de la producción.

Recuerden todos los ciudadanos, por otra parte, el deber y el derecho que tienen, y que el poder civil ha de reconocer, de contribuir por si mismos al progreso de su propia comunidad. En los países menos desarrollados, donde se impone el empleo urgente de todos los recursos, ponen en grave riesgo el bien común los que retienen sus riquezas improductivamente, los que privan a su país de los medios materiales y espirituales de que disponen.

En la introducción Novak mismo nos ha dado un esbozo de lo que podría llamarse su trayectoria ideológica. Seminarista primero --llegó hasta la Universidad Gregoriana--, se entusiasmó, afirma, con la doctrina de la Iglesia y, además de algunas encíclicas papales leyó a pensadores católicos como Lamennais, (de Maistre), Chesterton, Belloc, Scheler, Marcel y "muchos otros". Se vio influido después por corrientes europeas: "no sólo por Emmanuel Mounier, que fue quien más influyó en los católicos de mi generación", sino también por Scheler, Sartre, Camus, Merleau Ponty que le parecían más próximos a la realidad interior de libertad y de riesgo (espiritual). Por otra parte, Santo Tomás de Aquino (interpretado por Maritain y Gilson) y la Nicomaquea de Aristóteles, comentada por el Santo, fueron dice, sus lecturas más profundas. Todo esto le llevaba a sentir ajenos a algunos autores ingleses como Hobbes, Locke, Mill, y a norteamericanos como James, Pierce y Dewey. Se sintió en ese tiempo más que otra cosa un socialista democrático. Se convirtió después en lo que él bautiza como "capitalismo democrático . Los primeros tienen para él elocuentes concepciones de la virtud pero le parecen nostálgicos y añorantes en lo que atañe a las instituciones políticas y económicas.

Es posible que su cambio radical del socialismo al capitalismo haya coincidido con el abandono de su cátedra universitaria y su incorporación a la "extraordinaria vida fraternal" del Instituto de la Empresa Norteamericana en Washington.

En el libro están presentes infinidad de autores norteamericanos, incluidos los socialistas, pero lamentablemente están ausentes --no socialistas-- pensadores extraordinariamente críticos del sistema como pueden ser Norbert Wiener, el creador de la cibernética y gran genio de la automatización que advierte, en Dios y Golem, recordando el pasaje de los hechos de los Apóstoles en el que San Pablo se niega a vender al Mago Simón el poder de hacer milagros:

Puedo imaginarme perfectamente la confusa pesadumbre del pobre hombre cuando descubrió que esos poderes no estaban en venta, y que Pablo se negó a aceptar lo que, en la mente de Simón, era un trato honorable, aceptable y natural. Se trata de una actitud con la cual la mayor parte de nosotros (habla de los científicos) se ha enfrentado cuando nos hemos negado a vender una invención en las condiciones realmente halagüeñas ofrecidas por un moderno capitán de industria.

La tentación simoniaca puede darse también para un filósofo y, en menor grado de equivocidad en la analogía, para un teólogo.

En noviembre del año pasado se conoció el borrador del episcopado católico norteamericano intitulado Catholic Teaching and USA Economy. Novak, junto con el general Alexander Haig, William E. Simon (ex secretario del tesoro), y Claire Booth Luce, figura entre los laicos que se opusieron a las tesis del documento.

Fue ese dato, tal vez, el que nos hizo interesarnos por el libro de Novak que nos llegó a las manos y lo que nos decidió a ocuparnos del texto y del autor. De ninguna manera ha sido una lectura agradable. Cualquier sensibilidad se resiente al hallar en el libro citas manipuladas, que quieren ser de apoyo, de San Juan de la Cruz o Georges Bernanos.

La idea de una economía "predominantemente de mercado" que coincida con una organización política respetuosa de los derechos individuales a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad y un conjunto de instituciones culturales movidas por los ideales de libertad y justicia" para todos, es, desde luego, estupenda. Pero, fuera de esos buenos deseos, ¿existe en realidad? ¿se ha dado hasta ahora?

¿Esos "todos" para los que se busca idealmente la justicia y la libertad son en realidad todos, o más bien se trata de una minoría, dentro de su propio país, cuyo bienestar está en razón directa con la pobreza y el malestar --que incluye guerra, hambre, escasez, y muchos otros males-- de una gran mayoría de seres humanos dentro y fuera de los Estados Unidos?

El libro de Novak no es muy defendible en el campo académico. Muchos de sus argumentos podrían ilustrar varios sofismas y falacias tipificadas en la lógica tradicional (frecuentemente confunde el todo y las partes, abundan las peticiones de principio, los argumentos Ad hóminem). Tiene, sin embargo, una importancia en el uso que se le pueda dar en el mundo extraacadémico, en especial en ese abrumador dominio de lo que Heiddeger llama el mundo de lo inauténtico, del das man, de lo que se dice. En ese campo podría decirse "un destacado filósofo ha "demostrado" que existe el "capitalismo democrático" y que puede legitimarse incluso con una teología cristiana".

Este "se dice reforzaría, por otra parte, la oposición del grupo de esos laicos al proyecto pastoral de los obispos norteamericanos.

Existe ciertamente la inmensa necesidad de llenar la brecha, que parece agrandarse, entre muchos de los valores fundamentales que el mundo occidental heredó del Cristianismo, por una parte, y los sistemas políticos y económicos no socialistas y particularmente la de las naciones más poderosas que, como Estados Unidos, imponen sus reglas, por la otra. No creemos que el camino para llenar esa brecha esté en la desafortunada invención perpetrada por Novak, mucho menos en esa seudoteología que se le agrega.

Lo económico-social y lo religioso son dos reinos muy distintos, cada uno con distintas reglas. Coinciden en el hombre concreto, aunque por desgracia cada vez menos. Hay zonas, sin embargo, donde en lo puramente humano pueden buscarse acercamientos intelectuales; el campo de la ética social, por ejemplo, al que se han acercado filósofos contemporáneos de muy distintas escuelas. Están, asimismo, los approches a lo humano de Economía y Humanismo en París.

Un pensador como Raymond Aaron --al que difícilmente se le puede calificar de comunista y menos de "encicliquero"-- llega a decir en una de sus XVIII Lecciones sobre la Sociedad Industrial: "Todas las sociedades democráticas son hipócritas y no pueden dejar de serlo."

No deja de ser, pues, de una ingenuidad conmovedora que al hablar de los hipotéticos constructores del improbable e improbado "capitalismo democrático" Novak concluya pidiendo: "Bajo el reino de Dios, les es dable esperar que se les juzgará con exactitud y con equidad".

Podría uno imaginar al autor --dado su pasado y su presente-- sufriendo pesadillas en las que, escritas sobre el muro de algún lejano y lujoso hotel al que lo conduzcan las conferencias contratadas por su coalición de empresarios y descubriendo las letras del Mane, Tezel, Fares que vio el Rey Baltazar, según el libro de Daniel.