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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1985

Giles Deleuze, Filosofía práctica (por Rodolfo Vázquez)


Giles Deleuze, Spinoza: filosofia práctica, Cuadernos íntimos 122, Barcelona, Tusquets Editores, 1984, 170 pp. (ISBN 84-7223-622-6).

Libre de la metáfora y del mito labra un arduo cristal: el infinito mapa de Aquel que es todas sus estrellas.

Borges

La forma moderna de hacer filosofía parece inclinarse, cada vez más, a repensar las categorías heredadas, a realizar una crítica de los presupuestos y, en cierta forma, a reconstruir la tradición cultural. Si los supuestos racionalistas han conducido al callejón sin salida de una cultura (occidental) cientifico-tecnológica que ha puesto las bases teóricas para una práctica auto-destructiva, lo que se intentarla ahora sería redescubrir la otra cara de Occidente, aquélla que no es oficial a los ojos de los filósofos sistemáticos pero que ha corrido paralela a ella. Una filosofía subterránea, ajena a los esquemas, cuya tradición no debe remontarse a Nietzche o Freud, sino a los mismos padres del racionalismo: "La Etica, escribe Deleuze, es un libro escrito en dos ejecuciones simultáneas; una elaboración en el continuo seguirse de las definiciones, proposiciones, demostraciones y corolarios que desarrollan los grandes temas especulativos con todos los rigores del espíritu; otra ejecución más en la rota cadena de los escolios, línea volcánica discontinua, segunda versión bajo la primera que expresa todos los furores del corazón y propone las tesis prácticas de denuncia y liberación" (p. 41).

Desde este punto de vista, el libro de Deleuze, cuya primera edición apareció en Francia en 1970 y posteriormente, modificado y ampliado en varios capítulos, en 1981, no constituye únicamente una buena introducción a la filosofía de Spinoza, por las tesis audaces para interpretarla, sino que su lectura nos sugiere un programa para filosofar igualmente audaz y original: ¿por qué no intentar una renovación de la razón no sólo a partir de Descartes o Spinoza sino de los Ensayos de Hume, las Críticas de Kant, los Tratados de Leibniz o la Enciclopedia de Hegel? No se trataría de rescatar los temas olvidados o ignorados por la tradición filosófica de Occidente --algo por demás urgente y necesario, y cuya línea han abierto a buena hora pensadores como Michel Foucault--, sino de renovar la misma tradición, o, en términos de Deleuze: "crear una filosofía que enseñe a prescindir de la filosofía". Pero vayamos al libro.

Por lo que se refiere a su organización, el libro se divide en seis capítulos:

1. Vida de Spinoza 2. Sobre la diferencia entre la ética y una moral 3. Las cartas del mal (Correspondencia con Blyenbergh) 4. Indice de los principales conceptos de la Etica 5. Evolución de Spinoza 6. Spinoza y nosotros.

El capítulo uno cumple un doble cometido: señalar a grandes rasgos los principales momentos de la vida de Spinoza y analizar la filosofía práctica de éste, pero más desde el hombre que desde la obra: "Hay que comprender en conjunto el método geométrico, la profesión de pulir anteojos y la vida de Spinoza... La demostración como tercer ojo no tiene por objeto imponer, ni aun convencer, sino sólo componer el anteojo o pulir el vidrio para esta inspirada visión libre" (p. 22). Desde este capítulo comprendemos que el título del libro quiere expresar la finalidad intrínseca de todo el sistema spinoziano, finalidad que el mismo Spinoza expresó al principio de su Tratado: --conducir al hombre a la felicidad absoluta, a un gozo eterno y a una alegría suprema y continua". El punto de partida de Spinoza no es especulativo sino práctico.

El capítulo dos, breve en el conjunto del libro, es sin duda el más sugerente. Deleuze sintetiza la filosofía práctica de Spinoza en tres tesis: 1. desvalorización de la conciencia que conduce al materialismo, 2. desvalorización de todos los valores, principalmente del bien y de mal, que conduce al inmoralismo, 3. desvalorización de todas las "pasiones tristes"en beneficio de la alegría, que conduce al ateísmo. Las tres son presentadas en una relación íntima. A la negación de la conciencia especulativa con su triple ilusión de la finalidad, de la libertad y de la teología, contrapuesta al conatus o apetito, tan querido para Unamuno, le sigue la negación de la conciencia moral con su triple ilusión de la obligación, de la responsabilidad y del arrepentimiento, moral de los débiles y esclavos que prefigurará el pensamiento de Nietzche. La Moral construida sobre valores trascendentes debe remplazarse por una Etica, es decir, "una tipología de los modos inmanentes de existencia" (p. 34). De esta forma, se debe proceder a sustituir los valores por modos, o, en otros términos, la moral por una etología. A su vez, esta Etica ajena a un Dios personal, creador y trascendente, es condición de posibilidad para el desarrollo de la alegría en oposición a las pasiones tristes. El filósofo, una suerte de pequeño superhombre, se opone así al esclavo, que posee las pasiones tristes, al tirano, que se sirve de ellas y al sacerdote, que se entristece de la condición humana. El ateísmo, situación natural del filósofo, aparece al final como la razón misma de la felicidad, y la unión con la Naturaleza, en una remembranza de los estoicos, como fuente de "alegría suprema y continua".

En el capitulo tercero Deleuze presenta un análisis crítico del problema del mal a partir de ocho cartas que Spinoza dirigió a Blyenbergh entre 1664 y 1665. A diferencia de la Ética, el tratamiento que aparece en estas cartas es más psicológico que dogmático, pero en lo substancial permanecen las tesis centrales: el mal no existe, en todo caso existe lo malo para mí; por lo tanto, el mal debe expresarse en términos de conveniencia o inconveniencia (utilidad o inutilidad), o, mejor aún, en términos de mayor o menor alegría. Esta y su opuesto, la tristeza, se fundamentan a su vez en el orden o el desorden, respectivamente, relativos ambos al conocimiento que el hombre pueda tener de la Naturaleza.

Los tres capítulos iniciales preparan el capítulo cuatro. Exposición introductoria, clara y erudita, de los conceptos más controvertidos de la Etica: Absoluto, Atributo, Bueno-Malo, Espíritu y Cuerpo, Idea. Infinito, Libertad, Modo, Naturaleza, Nociones Comunes, Potencia, Sociedad, Substancia, etc. Sin embargo, ahí donde. Deleuze no duda en introducir apreciaciones que de una u otra forma nos conducen a un acercamiento entre Spinoza y Nietzche --presente a lo largo del libro-- extrañamos alguna mención a la deuda contraía con el estoicismo (recuérdese el renacimiento de esta escuela en el S. XVII) y con algunas tesis escotistas. Así, por ejemplo, el tratamiento de las "nociones comunes" (p. 122), que en Deleuze adquiere una importancia especial, como veremos enseguida, son inventadas por los estoicos (Stoa antigua, con Crisipo). Estos, coherentes con su materialismo, hacen de ellas la materia fundamental para una lógica vital, encarnada. Y, al igual que en Spinoza, son estas nociones las que según los estoicos permiten un acceso a Dios experimental y no abstracto. De igual manera, la distinción de atributos entendida como una distinción de quididades o distinción formal (p. 71), así como la distinción modal entre seres finitos (p. 99) y la negación de la libertad como propiedad de la voluntad (p. 109) nos hacen pensar en la influencia de Duns Escoto, con seguridad a partir de Descartes. Creemos que un capítulo dedicado al análisis de los antecedentes de la doctrina spinoziana (¡cómo no recordar aquí los estudios de Etienne Gilson en relación al pensamiento de Descartes!) completaría el ya de por sí excelente libro de Deleuze.

El descubrimiento que hizo Spinoza de las "nociones comunes" le permite a Deleuze aventurar la tesis de que existe un rompimiento entre el Tratado y la Etica. Tesis que desarrolla en el capítulo cinco y que por esta razón aparece en el conjunto del libro, como el más original. Las nociones comunes no son ideas abstractas (ni ideas innatas) sino ideas generales que se forman a partir de cierta "simpatía" manifiesta en el afecto de alegría, producto de la correspondencia que se experimenta entre el hombre y la naturaleza. Las nociones comunes, entonces, además de generales son adecuadas y se ubican entre el primer y el tercer tipo de conocimientos: entre las ideas abstractas que dominan todo el Tratado y la intuición que aparecerá hasta el libro V de la Etica. Los cuatro primeros libros, según Deleuze, fueron pensados a partir de las nociones comunes, y haciendo un esfuerzo por explicitar la relación entre el entendimiento y la Naturaleza para concluir en la idea de un Dios "impasible", fruto de un esfuerzo, al fin, racional. Por el contrario, la intuición nos lleva de la mano a un Dios más cercano, "amante". Las nociones comunes, entonces, preparan el tránsito entre lo que podríamos llamar el Dios de los filósofos y el Dios de la religión.

Precisamente el capítulo seis, a manera de síntesis de las principales tesis desarrolladas en el libro y como conclusión, quiere hacer explícita la feliz comunión que se opera entre el Dios racional y el Dios de amor a través de las nociones comunes: "¡qué extraordinaria composición de este libro V! ¡cómo se enlazan en él el concepto y el afecto! Y cómo se prepara este abrazo, cómo lo hacen necesario movimientos celestes, movimientos subterráneos que componen a la par los libros precedentes!... ya no hay diferencia alguna entre el concepto y la vida" (pp. 168-169). Leamos a Spinoza: "Por esto entendemos claramente en qué consiste nuestra salvación o beatitud o libertad, a saber: en un constante y eterno amor a Dios, o sea, en el amor de Dios Í a los hombres. Y este amor o beatitud se llama en los libros sagrados gloria, y no sin razón"(Etica, V, prop. XXXVI, escolio). Un Spinoza ausente de los Tratados (le Filosofía y que Deleuze recupera en un libro cargado de significación. Un Spinoza que labra pacientemente el cristal del Absoluto y que alcanza una de las mayores síntesis del S. XVIl, comparable, tal vez con un contemporáneo suyo, quien ante el descubrimiento M Dios de Abraham, Isaac y Jacob, sólo alcanzó a pronunciar la palabra ¡Fuego!

RODOLFO VÁZQUEZ