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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1985

Epistemología: la introspección como camino hacia la conciencia


¿Sobre la base de qué evidencia empírica se postulan las entidades mentales de la conciencia? Aquí tocamos el espinoso y radical problema de una experiencia interior o introspección. La validez de la introspección es una premisa fundamental del mentalismo. Por lo cual, no la podemos introducir precipitadamente. Si se acepta como auténtica experiencia, hace que la postulación de entidades mentales no sea tan sólo un enunciado teórico o inferido, sino un enunciado empírico con toda su fuerza. Pues bien, ¿se da esa experiencia interna o introspección? ¿Qué nos revela el lenguaje de la introspección? El lenguaje de introspección usa expresiones tales como "me siento alegre", "veo que mis imágenes son borrosas---, "encuentro mis ideas muy iluminadoras de esta situación---, "me encuentro agitado por la pasión del odio", "siento angustia", etc. ¿A qué se refieren estas expresiones? ¿Cómo ha surgido este modo de hablar y qué validez tiene?

Cuando digo que "tengo conciencia de un pensamiento", no me refiero a él como si dijera "veo un semáforo". La segunda expresión pertenece al lenguaje de observación, y ciertamente no tiene la misma referencia que el de introspección. La observación se dirige a objetos públicos, mientras que la introspección se dirige a objetos privados, hechos mentales o cosas fenoménicas. Por ello hay que distinguir entre observación e introspección. Y aun el término "introspección" tiene diversos significados que conviene distinguir, a saber, inspección, introspección e introspección sistemática. Reinhardt Grossmann propone esta distinción y la ilustra con algunos ejemplos. Tomemos primero uno correspondiente a la inspección de cosas fenoménicas.

Se le muestra a alguien cierto objeto perceptible. Esta persona reconoce el objeto, ve que es redondo y de cierto matiz verde. Supongamos ahora que esa persona recibe la instrucción de describir no el objeto de su percepción, sino más bien las impresiones sensibles visuales que ella misma tiene en esa situación. Lo que se le pide que haga es, aproximadamente, que olvide que ante ella hay un cierto objeto perceptible y que se. concentre en:cambio en sus propias impresiones sensibles. Si esa persona entiende las instrucciones y ha sido ejercitada para cumplirlas, está haciendo una introspección de ciertas impresiones sensibles visuales. [Nota 72]

En este caso la atención de una persona, en virtud de una intención consciente, y como consecuencia de una tarea especifica para la cual esa persona, aunque ordinariamente puede hacerla, ha sido ejercitada, se dirige no a objetos perceptibles, sino a lo que Grossmann ha llamado objetos fenoménicos.

Según este mismo autor, lo que se llama introspección ordinaria equivale a la inspección de objetos fenoménicos tal como ha sido descrita. Y pasa a ilustrar la introspección sistemática de procesos conscientes.

Supongamos que el sujeto de un experimento psicológico está ejercitado en buscar cierta palabra asociada siempre que se le presenta una particular palabra-estímulo. Percibir la palabraestimulo, buscar la palabra asociada apropiada y expresar ésta, constituye lo que puede llamarse el proceso consciente natural en esa situación. A continuación se instruye al sujeto para que describa lo que sucede en su mente en tanto está buscando la palabra asociada. O sea, debe informar acerca de sus cosas fenoménicas. Si las instrucciones son debidamente entendidas y el sujeto ha sido ejercitado para cumplirlas, estará dispuesto a hacer inspección de la aparición de la siguiente palabraestímulo. Sin embargo, como efecto de las instrucciones recibidas, se efectuará un cambio en los estados conscientes y pasará a hacer inspección de cosas fenoménicas. Al cabo de un breve momento el sujeto volverá de nuevo a la tarea de encontrar la palabra asociada. Y así sucesivamente. Ahora bien, este método tendrá o todos o algunos de los siguientes efectos en el proceso consciente natural de encontrar la palabra asociada: a) ciertos estados conscientes naturales no ocurrirán en absoluto; b) ocurrirán más tarde de lo que es normal, o c) no serán advertidos con la claridad normal. Esto muestra cómo la disposición a la inspección puede interferir con un proceso consciente natural; y puesto que la introspección sistematica no puede llevarse a cabo sin aquella "disposición", se ve lo dificil que puede ser hacer sistemáticamente introspección de estados conscientes naturales. [Nota 73]

La introspección sistemática es difícil y llega a modificar las cosas fenoménicas sobre las que versa. Pero es factible. La introspección, pues, es una experiencia interna. Y sus enunciados pueden tomarse como enunciados empíricos; no ciertamente como enunciados empíricos en el sentido de "observacionales", según lo que se ha dicho de la observación exterior, sino como empíricos según esta experiencia interna o introspectiva, cuya realidad es innegable.

La confiabilidad de la introspección es un problema aparte y difícil. Pero, para nuestro propósito, basta decir que se ve garantizada por sus resultados. Nos descubre actos mentales (procesos o actividades), así como contenidos y objetos de estos actos.

Estos actos son expresados en lo que Peter Geach llama '.reportes de actos mentales", que versan no sobre lo que los seres humanos dicen o hacen abiertamente, sino sobre lo que piensan, sienten, etc. [Nota 74] Los reportes de actos mentales utilizan verbos psicológicos, como "ver". "esperar, "pensar", con lo cual manifiestan su carácter psicológico. "Muchos de estos verbos psicológicos requieren un objeto gramatical -un nombre, una frase nominal, o una cláusula nominal- para completar su sentido, El héroe ve al cartero venir, oye su llamada, espera (tiene un súbito golpe de esperanza) con respecto a una carta de su amada, piensa que la carta que le envió a ella pudo haber sido abierta por su guardián, etc." [Nota 75] El uso de tales expresiones es esencial para establecer el contenido de muchos actos mentales, por lo que les da el nombre de "expresiones de objeto". Pero prefiere evitar el uso de¡ término "objeto" como algo que corresponda de manera demasiado realista a los actos mentales, para excluir problemas graves, como el que ocurre en el caso de objetos inexistentes. Por eso plantea los problemas "no en la forma '¿Qué clase de objetos tienen estos actos mentales?' sino más bien en la forma'Tales y cuales expresiones de objeto se usan al describir estos actos mentales; ¿cuál es el papel lógico de estas expresiones?". [Nota 76]

Y el papel lógico de las expresiones de objeto que reportan actos mentales es -doblemente peculiar: i) no se pueden reducir a un lenguaje fisicalista, y ii) son indispensables si se quiere dar cuenta de la amplitud ontológica del mundo. Ambas peculiaridades tienen que ver con su status metodológico, explicativo-teorético.

El que no sean reductibles al lenguaje fisicalista los prepara como elementos teoréticos que se postulan, basados en la experiencia (interna), de manera consistente en el interior de una teoría. Si esta teoría admite entidades mentales, necesitaexpresiones que salvaguarden su peculiaridad. Hay una fuerte tentación a reducirlas, como en el caso del conductismo, a expresiones fisicalistas, dada la simplicidad que de ello resultaría. Pero la imposibilidad de reducirlas a lenguaje fisicalista (o, más propiamente, conductista) se mantiene en base a ciertas consideraciones lingüísticas.

Por ejemplo, como lo muestra Wilfrid Sellars, al construir una teoría es de suma importancia metodológica la introducción del discurso semántico y del discurso teorético. Es legítimo trabajar con un modelo que contenga elementos semánticos y teoréticos mentalistas para explicar los comportamientos. En este sentido,

aunque sería sumamente engañoso decir que los conceptos relativos al pensar son conceptos teoréticos, la condición de que gozan podría aclararse mediante un contraste entre el discurso teorético y el no teorético. Ahora estamos en situación de saber por qué sucede así. Pues una vez que nuestro antepasado Pérez [alguien que comenzó siendo conductista] ha puesto a punto la teoría de que el comportamiento verbal manifiesto es la expresión de los pensamientos, y ha enseñado a sus compatriotas a emplearla para interpretarse mutuamente el comportamiento, están todos a un paso de emplear este lenguaje en la autodescripción: así, cuando, Juan, mirando a Enrique, tenga elementos de juicio relativos a su comportamiento que justifiquen (en el lenguaje de la teoría) el uso de la oración "Enrique está pensando Y " (o "Enrique está pensando que p"), Enrique, empleando los mismos elementos dejuicio, podrá decir, igualmente en el lenguaje de la teoría, "Estoy pensando p` (o "Estoy pensando que p'); y ahora resulta -¿era necesario que resultase?- que podrá enseñarse a Enrique a dar unas autodescripciones razonablemente fiables en el lenguaje de la teoría sin tener que observar su comportamiento manifiesto (cosa que Pérez podrá hacer, poco más o menos, alabando a Enrique cuando emita locuciones de la forma "Estoy pensando que p" en caso de que los elementos de juicio aludidos no apoyen este último enunciado). [Ellos], pues, empiezan a hablar del privilegiado acceso que tiene cada uno de nosotros a sus propios pensamientos: lo que empezó siendo un lenguaje dotado de un uso puramente teorético, ha llegado a tener un papel informador. [Nota 77]

Hay en todo ello un carácter intersubjetivo, pues se comparten los contenidos mentales mediante las expresiones, y su carácter informativo descansa precisamente en que son intersubjetivos (es decir, aunque son privados, no son meramente privados, se pueden comunicar).

Las expresiones mentalistas son indispensables si se quiere dar cuenta de la realidad. Evidentemente, esto resulta de haber aceptado entidades mentales. Roderick Chisholm formula la tesis de la siguiente manera:

Digamos i) que no necesitamos usar lenguaje intencional cuando describimos fenómenos no-psicológicos o "físicos"; podemos expresar todo lo que sabemos, o creemos, sobre tales fenómenos en un lenguaje que no es intencional. Y digamos ii) que, cuando deseamos describir ciertos fenómenos psicológicos -en particular, cuando deseamos describir el pensar, el creer, el percibir, el ver, el conocer, el querer, el esperar y el agradar- o bien a) debemos usar un lenguaje que es intencional o bien b) debemos usar un vocabulario que no necesitamos usar cuando describimos fenómenos no-psicológicos o "físicos". [Nota 78]

La prueba que aduce Chisholm está basada en la circularidad en que incurre la postura no-intencionalista, por ejemplo, el conductismo. Tratemos de explicar las creencias de una persona. Podemos hacerlo en términos de lenguaje, ya sea aludiendo a su uso actual del lenguaje, o a sus disposiciones para usar el lenguaje en determinadas maneras. Pero no podemos describir su uso del lenguaje o sus disposiciones para usarlo de esas maneras, a menos que hagamos referencia a lo que cree, conoce o percibe, todo lo cual es intencional. [Nota 79] Por ello, siempre será necesario el lenguaje intencional para dar cuenta de lo que sucede en el hombre. Ahora bien, las expresiones intencionales pertenecen al lenguaje mentalista, y éste tiene que acabar interpretándose como referido a entidades mentales, por más que se diga que el lenguaje mentalista es sólo un modo de hablar que no implica la existencia de entidades mentales. [Nota 80] Pero la razón para postular entidades mentales (además de la experiencia interior) es que las expresiones intencionales no tendrían las características sintácticas y semánticas que tienen si no existieran los episodios mentales que les dan origen. [Nota 81] Y así, no podemos desechar el lenguaje sobre la conciencia como irreal o engañoso. Lo cual nos indica que la conciencia "está ahí".


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