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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1985

JULIÁN MEZA El miedo se había decantado


BAJO LOS FUEGOS de artificio de un carnaval en donde todas las risas se- encadenan y se desencadenan hay todas las máscaras, todos los colores. Una fiesta así es vida vivida. Que la belleza se oculte para ser descubierta es una Invitación al encantamiento que le abre la puerta a la aventura. Algo muy distinto es la máscara que en la vida cotidiana se encarga de ocultar lo vivido y de impedir su descubrimiento,

Por haber observado de cerca a muchos de los personajes que han circulado por Alemania desde los días tristes y terribles del nazismo hasta 1985, Heinrich B¿Sll puede arrancar las diferentes máscaras de una humanidad que se atropella entre el horror y el miedo, la humillación y la humildad, el tapatismo (político o religioso) y la tolerancia, la mentira y la franqueza, la risa y las lágrimas. En todas sus novelas es posible encontrarse con este observador penetrante; pero es tal vez en Opiniones de un p(&i,aso en donde su capacidad de observación lo lleva a las profundidades del alma humana. Intentar un reencuentro postrero con esta capacidad de observación es probablemente una manera de seguir sintiéndola clavada en nosotros.

I

Es posible hallar todo el horror de ¡a ideología nazi en las relaciones que rnantienen un muchacho de 14 años (Kalick) y su profesor (M. Brühl) con Hans (el futuro payaso) y su familia, pues es en el interior de la escuela y de la familia en donde Kalick y su profesor juzgan a Hans, en donde la muerte de Georg no le parece importante a Kalick porque "no era más que un huérfano". También es, en el interior de la escuela y la familia donde Hans y, en menor medida, su padre luchan contra el horror.

De esta manera 11811 nos enseña que el fascismo no es una ideología que planea por encima de los hombres y de su circunstancia, sino que se lleva a cabo entre los hombres, en circunstancias precisas, en los lugares de su vida cotidiana.

Darse cuenta de esta realidad es la única manera de escapar a ella. Y este es el caso de M. Derkum, padre de Marie, que contra la opinión del padre de Hans, M. Schnier, no es un oportunista, entre otras razones porque nunca sacó provecho de su condición de perseguido político durante la era nazi.

La honradez de M. Derkun es evidente cuando se sabe, además, que no vende "libros de rezos" porque no es creyente y, por lo tanto' no está dispuesto a obtener beneficios'de las creencias de los demás. Así, Hans no se equivoca cuando afirma que M. Derkun no es un fanático (por sus creencias), sino un hombre consecuente con él mismo. La prueba definitiva de su tolerancia: no le prohíbe a su hija Marie ser católica en un país de intolerancias enmascaradas.

II

¿Por qué se va Maríe de la vida de Hans?

Al partir lo dice: "Debo seguir el camino que debu seguir".

Estas palabras descubren un "miedo metafísico" que se sitúa en el polo opuesto a la "revuelta metafísica de Hans. Este "debo seguir" muestra claramente la voluntad. de hacer aquello que no se está haciendo, la voluntad de querer ordenar la propia vida de acuerdo con una idea de lo que se "debe hacer". Y así se huye de una "ética vital" (Camus) y se produce el sometimiento a una voluntad exterior en la que el "debo" adopta la figura de una máscara. Sin embargo, es ,evidente que la máscara de Marie no es la peor en la reflexión de 13811. En el carnaval de todos los días que hace la vida humana, todo el mundo lleva una máscara 3, todas las máscaras compiten desenfrenadamente en una loca carrera hacia un ridículo patético que se niega a decir su nombre. El prelado Sommerwild, entre otros, deja muy atrás a Marie; pero es en el caso de Kinkei en el que asistimos a unos de los más devastadores cocktails: Marx + Guardini, o Bloy + Toistoi. Esta aparente conciliación de la diversidad no es en este caso sino la prueba de una gran hipocresía, necesaria para la gente cuando se da a la búsqueda de un poder grande o pequeño. A partir de eqte punto asistimos a la reflexión de Böll sobre el poder. sobretodo en relación con las ideologías absolutas.

El poder, para Böll, no es otra cosa que la capacidad que tenernos para decidir sobre el comportamiento de los otros y hacerlos actuar como queremos que actúen. La historia del obrero Frehlinger, que vivía en pecado con una viuda que tenía tres hijos y a la que abandona cuando es amenazado por el párroco, es un ejemplo, La continuaciói,,i de la historia es un hecho frecuente: la mujer se vuelve prostituta para subvenir a las necesidades de sus hijos y el obrero se vuelve alcohólico, porque realmente la amaba. He aquí una manera de hacer lo que se "debe hacer".

III

La oposición evidente a este "deber hacer" es el ser y el hacer de Hans que, por su ser mismo, es más cristiano y aun más católico que el prelado Sommerwild. Este hombre es capaz de seducira Marie, para entregársela &Zupfner, con principios de orden, declaraciones escritas y días enteros de conversaciones secretas en un hotel de Hannover. He aquí otra manera muy clara de percibir el deseo irreprimible de querer modelar al otro sin tomarlo en consideración, dejando de lado su realidad de ser humano en relación con otros seres humanos, y que en este caso es la relación amorosa de Marie con Hans: un hombre qu¿,- vive, por oposición a todo esto, con una conciencia muy viva de su realidad y de las realidades de los demás en relación con él mismo: un payaso que describe los absurdos cotidianos: hombres que, por millares, llegan (o se van) a la misma hora, a las mismas grandes estaciones de trenes, o que, a la misma hora, se encuentran encerrados dentro de sus automóviles haciendo colas interminables.

¿Por qué los mismos horarios para todos?. parece preguntarse Böll y, a la vez, sugerir la posibilidad de que existan, por ejemplo, tres o cuatro turnos bancarios a lo largo del día, de que existan horarios escalonados. Pero lo que deriva sobre todo de esta manera de ser de Hans es la claridad, la franqueza, el horror a la hipocresía, al kitsch. El acto de concebir a un niño es un parto y en él no interviene para nada la cigüeña. Esto lo saben los niños.

En el salón de la madre de Hans los.jours-fi.ice son los lugares de encuentro por definición, en donde se hacen y se deshacen todos los poderes, donde todos y cada uno ejercen su poder en las modas intelectuales, en los vestidos, en las maneras de vestirse y de desvestirse el cuerpo y el alma -aún cuando el alma no sea más que una cosa, segúnel padre de Hans. Pero desemboquemos en la ideología come absoluto, puesta de relieve por B511 en el diálogo en el que Hans abofetea a Kalick cuando recuerda que éste había obligado a G8tz Buchel a probar su origen ario. A continuación Marie le reprocha a Hans su conducta y le pregunta si tiene dudas acerca de la conversión de Kalick a la democracia. La respuesta de Hans es cortante: no, no tiene dudas: Kalick ya no es un fascista y ha abrazado la fe en la democracia. He aquí, sugiere 13811, la fragilidad de las ideologias como absoluto. He aquí por ciué un exnazi puede hablar de espirítualidad judía como un rabino. Al parecer, la historia (=la derrota) le abrió los ojos; pero un arrepentimiento no es un arrepentimiento cuando se hacen grandes o pequeñas e íntimas declaraciones de amor a la humanidad, a la democracia o a la novia. Hans se rebela contra la ingenuidad de los perseguidos M pasado cuando creen en estas grandes declaraciones.

El secreto del horror está en los detalles, es decir en lo cotidiano, en lo que todos y cada uno hacemos cada día. No se trata, de ninguna manera, de las grandes culpas o de los grandes Í inocentes que exigen un gran arrepentimiento, sino de las actuaciones cotidianas que hacen toda una vida: Kalick espía a la gente en la República Federal Alemana de la misma manera que lo hacía en el 111 Reich. Como le dice el padre de Marle a Kierenhahn: "El cerdo sigue siendo cerdo y tú siempres lo has sido."

IV

Finalmente, en sus breves relaciones con los comunistas de Alemania oriental Hans nos muestra la acción del ser considerado como ser humano como única muralla frente a la ideología absoluta: se niega a imitar a un cardenal en donde no hay cardenales, de la misma manera que no imitaría a un consejo de administración en donde no hubiese consejos de administracion.

Cada uno debe protestar por la injusticia en su propio mundo, en su propia realidad, en su propia vida. Es inútil decir: allá viven mal o son malos cuando no es más que con el fin de mostrar que aquí se vive menos mal o que se es menos malo.

Pese a todo, la vida continúa, pues la revuelta metafísica continúa:

Passent les.jours passent les seinaines ni temps passés ni les amours reviennent sous le pon¡ Mirabeau coule la Seine (Apollinaire)