©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1985

Mark A. Lutz and Keneth Lux, The Challenge of Humanistie Economics, Benjamin/Cummings Publishing Company, U.S.A., 1979, 337 pp. (ISBN 0-8053-6642-3).


La finalidad M progreso no debe ser tan sólo la de situar a los seres humanos en condiciones de que no tengan que depender los unos de los otros, sino la de permitirles trabajar los unos con o para los otros, unidos por relaciones que no entrañen subordinación... la relación entre amos y obreros irá siendo sustituida por una asociación bajo una de estas dos formas: en algunos casos, la asociación de los trabajadores con el capitalista; en otros y quizá en todos al fin, la asociación entre los mismos trabajadores.

J. S. mil¡

Este libro pudo haberse titulado al estilo tradicional, Crítica de la economía política o, más exactamente, Crítica de la teoría económica aceptada como tal en la actualidad, ya que la perspectiva humanista de la que hablan los autores abarca a clásicos, neoclásicos, keynesianos, neokeynesianos y marxístas. Con lo cual se intenta señalar toda una tradición de economía humanista insistentemente rechazada en casi todos los medios académicos, de muy escasa difusión y, por lo tanto, comprensión, en la comunidad no académica.

Desde los primeros capítulos se percibe que este enfoque humanista tiene serios problemas al no deslindar debidamente, en algunos casos, las diferencias y controversias entre los paradigmas criticados, sus implicaciones ideológicas y sus fundamentos filosóficos. Sin embargo, tiene también la virtud de centrar su análisis en un terreno axiológico, as! como en uno de necesidades.y no de deseos. En contra de la postura positiva, ubica a la economía como una ciencia definitivamente social, liberada de valores, pero que olvida que en la historia de la economía cada etapa visualizó y definió el problema económico a través de sus propios valores, y que éstos muchas veces no trascendían los valores materiales o egotistas (búsqueda de un lugar en la sociedad y poder) que son los más bajos en la escala jerárquica humana de acuerdo con la tipologia de Maslow y otras tipologias a las que los autores recurren repetidamente.

Dentro de la tradición humanista se enfatizan las obras de Sismondi, Carlyle, Ruskin, Hobson y, más recientemente, Gandhi, Schumacher y Georgescu-Roegen. Ven en J.S. M ill un puente entre la tradición humanista y la "ortodoxa", si bien, hay que decirlo también, olvidan a Hume, pionero de la relación entre economía y psicología, y tratan muy superficialmente a Malthus y Ricardo

Mark A. Lutz, economista con doctorado en Berkeley, y Keneth Lux, psicólogo, con doctorado en Indiana, autores de este libro, anuncian a los cuatro vientos el derrumbe de la casa de la utilidad atacando dos de los cimientos, de la economía neoclásica basada en la filosofía utilitarista (Bentharri):

1. El costo de oportunidad por el que el individuo se encuentra siempre ante la alternativa de opciones y elige racionalmente aquella en la que sacrifica menos que en las demás y con respecto a las cuales la teoría predice su aplicabilidad en todos los aspectos de la vida -hasta en la elección de pareja, según Becker. Esta teoría ya no es aplicable, piensan, si giramos nuestra visión hacia las necesidades y no hacia los deseos, lo que puede explicarse si vemos que cuando una necesidad primaria es satisfecha no se renuncia a ninguna necesidad espiritual porque éstas no entran todavía en acción sino hasta que las más elementales han sido cabalmente satisfechas.

2. La utilidad marginal decreciente en los bienes de consumo, que significa que mientras más se consume un bien, la utilidad que provee va siendo cada vez irnenor, de donde se desprende que la variedad es lo que le oa sabor a la vida. Esta teoría sólo es cierta siempre y cuando el inJividuo se estanque en un nivel de necesidades y no pueda ascender a niveles superiores o, lo que es lo mismo, que el individuo piense sólo en el nivel de los deseos con un objetivo maximizador y ubique, cosificándolas dentro de un mismo rango, todo tipo de necesidades.

Lutz-Lux ven, por tanto, al "Hombre económico" (un hominido poco espiritual) como una de las concepciones teóricas más mecanicistas y "deshumanizad¿LS", ya que dudan de que la racionalidad económica, la transitividad en los ordenamientos de preferencias, [Nota 162] sean igualmente observadas Por toda la humanidad y en todo momento. Este hombre económico es, según los autores, eÉitre otras actividades que lo definen, el que "calcula el número de hijos, decide cuándo el crimen paga y cuándo no, cuándo suicidarse o cómo maximizar con la muerte (por ejemplo, cuando ya no le queda un centavo en el banco)," (p. 73).

Más adelante los autores desarrollan la controversia suscitada entre grandes economistas en torno al tema de las comparaciones interpersonales de utilidades: unos para probar que las utilidades individuales no pueden ser sumadas si no se supone previamente igual capacidad para la felicidad, lo que implica entre otras cosas redistribución del ingreso; otros, para probar, como Edgeworth, que miertras no tengamos un hedonímetro perfecto podemos suponer que la gente no difiere en su capacidad de ser felir, o bien, como Friedrnan que declara vacía esta controversia y hace a un lado el igualítarismo que proponen Lerner y Harrod-en la distribución de la riqueza. Esta controversia está apenasesbozada pero en ella han participado de alguna u otra forma casi todos lbs economistas. La posición de Edgeworth y su búsqueda de un instruniento perfecto de medición del placer es sólo una postura dentro de una misma línea, que muchos otros han matizado y que es importante mencionar para ver cuáles son los posibles puntos de partida, que a su vez implican diferentes concepciones axiológicas -aunque Friedman lo niegue-, llevándonos.a distintas economías del bienestar y a distintos conceptos de óptimo social.

Ahora bien, los autores tratan de enterrar para siempre, sin posibilidad de resurrección y ya en franco estado de descomposición, el "óptimo de Pareto" y el tipo de economía del bienestar que este óptimo sustenta, [Nota 163] mediante citas de Mark Blaug, quien dice: "rnuy poco queda de esta economía del bienestar cuando se impone el tabú de las comparaciones interpersonales de utilidades; por tanto el óptimo sólo sirve a una estricta y completamente positiva definición del óptimo social, sin ninguna relevancia práctica" (pp. 100-101). De aquí se desprende que el error del óptimo está en considerar la riqueza como absoluta y no como relativa en función de comparaciones interpersonales que el concepto niega, lo cual, a su vez, tiene otras implicaciones como la no movilidad socioeconómica y la preservación de la ¡nequidad, la preferencia por la aristocracia en vez de la democracia. Por otra parte, la idea de Kaldor-Hicks de "Compensación", [Nota 164] que se creyó durante mucho tiempo la tabla de salvación del "óptiino", tiene el inconveniente práctico de cómo determinar la justicia de esa compensación en un mundo donde los fenómenos económicos sólo son parte de una realidad mucho más amplía y compleja.

En otro capítulo acerca de la competencia, que han subtitulado ingeniosamente "Dream Or Nightmare (Weifare or Warfare)", afirman no creer en el "modelo de competencia perfecta", [Nota 165] donde no existe el reinado de todo el que demanda, sino el de aquéllos que lo hacen efectivamente, es decir el de los que tienen poder de comDra, lo cual es muy delicado en lugares con mala distribución del ingreso. Asimismo recorren el modelo de ChamberlainRebínson, que establece la creciente oligopolización y monopolización de las empresas en paiscs industrializados, y recurren también a Galbraith, que nos habla de la creciente alza de precios mediante arreglos interempresariales; en ambos casos para hablarnos de la, a su vez. creciente pérdida de competericia. [Nota 166]

Siguiendo esta línea de pensamiento llegamos al capitulo titulado "Libertad de elección o elección de libertades", donde si bien es cierto que "poder adquisitivo" significa libertad, como Friedinan y otros lo han dicho, la crítica humanista acierta al aclarar que ésta es sólo un tipo de libertad (la material una vez más) y que no debe ser hipostasiada hasta ser considerada la única o la más relevante como caso general. Es el sentido materialista de libertad el que nos explica por qué los estratos más pobres (así como las naciones "su bdesarro liadas ") tratan de comprar esta libertad endeudándose a niveles muy superiores a su capacidad de pago. Esta es, en primera instancia, una decisión "consumo presente" contra "consumo futuro", en la que se está comprornetiendo el futuro y no hay compatibilidad alguna con la libertad.

Ninguna aproximación humanista a la economía puede soslayar la importancia central del trabajo humano y las proposiciones son muy claras en relación con el derecho al mismo. Los autores critican la posición de Adam Srnith [Nota 167] en relación con las labores fragmentadas o aisladas, estableciendo rentedios contra el trabajo enajenado como son los impuestos al demandante de este tipo de trabajo -refutación empírica de la teoría de los salarios competitivos-, programas de evaluación de empleos y una redefinición de los derechos de propiedad hacia una democracia industrial que proteja los recursos naturales (y al hombre), y que permita la participación de los trabajadores en la torna de decisiones. Situándonos, por tanto, en un nivel de ad ministración empresarial, la autogestión y la cogestión son formas de administración a las que habrá de llegarse después de un periodo de transición en donde se establezcan bancos cooperativos y selleve a cabo un esfuerzoserio de descentralización en el que vayan desapareciendo, paulatinaniente, la administración patronal y, con ella, los sindicatos, que ya no serían necesarios.

Dentro de los ejemplos de aproximaciones humanistas a la administración empresarial que se analizan están los éxitos en las industrias automovilísticas suecas, la administración "Nenko"y "Ringi"en Japón, originalmente humanistas aunque están siendo crecientemente sustituidas por el modelo americano deshumanizado' ' los consejos laborales en Bélgica, Holanda, Alemania, Luxemburgo e Italia. También, ya dentro de la autogestión obrera, se ponderan y Critican justamente:

1. La solución cooperativa de Vartek derivada de un riguroso examen matemático y sorprendentemente de acuerdo con la filosofía humanista. [Nota 168]

2. El caso yugoslavo, sus problemas de financiamiento, continuidad y generalización en un país dominado por la desigualdad interregional en su des arrollo y el milagro económico interrumpido que vivió.

3. El caso Mondragón en el país vasco y su concordancia teórica con el ídealde Vanek sobreel trabajo y el esfuerzo conjunto y coordinado quejunto con una serie de circunstancias favorables de índole financieras lo están haciendo posible desde hace muchos años.

En la línea de las aproximaciones humanistas resulta interesante la explicación de los autores sobre la proposición de Schumacher acerca de la combinación idónea que debe haber entre la industria intensiva en capital y la de tecnología intermedia. Sin embargo, después de criticar las alternativas capitalista y socialista en sus puntos más débiles. y los mesianismos que implican, no evitan caer en otro mesianismo: el humanista. Los autores llegan a perder la perspectiva de conjunto, al proponer la autarquía al estilo de Gandhi y poniendo como ejemplos a seguir regímenes carismáticos y semidivinizados como el de] mismo Gandhi, Nyerere, Mao, que entre otros problemas padecen de falta de continuidad y cierta xenofobia no muy compatible con el humanismo.

Un aspecto que no podemos omitir en esta reseña es el hecho de que a lo largo de¡ libro se dan insistentes citas en favor de la economía humanista de miembros de la Universidad de Harvard. Si bien no me atrevería a asegurar que se está haciendo un esfuerzo institucional en esta dirección, sí es posible pensar que existe una flexibilidad necesaria para ayudar a formar una crítica humanista a la economía y la formalización de un cuerpo teórico coherente y consistente. En este sentido p5demos mencionar a:

1. John Kawls (Teoría de la Justicia), tilósofo cuy4 contribución ha hecho postoie un modelo alternativo de distribución de¡ ingreso y cuyo concepto de óptimo social está siendo considerado con respeto en textos serios de finanzas públicas.

2. Martin Weitzman, en cuya Shared Erononi.l, dice haber encontrado la cura definitiva al desempleo ya la inflación mediante un mayor desarrollo de la democracia industrial. [Nota 169]

3. Elton Mayo y su célebre teoría de cooperación y cohesión en vez de competencia.

4. Richard Walton y su administración autogestionaria.

5. Fred Hirsch y su teoría de los límites sociales al crecimiento complementando a Mil¡ y su estado estacionario.

6. P4 ¡cholas Georgescu-Roegen, que echa abajo la teoría de la preferencia revelada de Sarnuelson y el axioma de Houthaker al respecto [Nota 170] mediante el instrumental analítico de la economía matemática. Del mismo modo, demostró el principio de irreductibilidad de las necesidades humanas, del que se derivan los ordenamientos lexicográficos no corno caso especial o raro, típico de un consumidor adicto, sino como algo mucho más común: el modelo de elección humana y el comportamiento.

Para terminar, Lutz-Lux tratan de llegar a una reformulación del problema económico y llevar la tradicional asignación de recursos escasos a fines alternativos, a un concepto más amplio que incluya la justicia en esa asignación.

Si bien es cierto que muchas de las proposiciones del libro son difíciles de realizar y que algunas caen en los terrenos paradisiacos pero inalcanzables de la utopía,'sorí muchos los méritos que tiene y que convierten su lectura en necesaria para todos aquellos que no se conforman con dogmatismos académicos y que realizan un esfuerzo continuo de crítica y autocrítica, para los que la ciencia económica no está ya escrita en forma definitiva y creen que debe ser constantemente revisada y si es necesario reformulada. El título no pudo escogerse mejor, ya que el reto que tiene la economía humanista no está sólo en centrarse en el hombre como estudio ni sólo en redefinir el problema económico en sentido más c ualita tiv o-ltu mano que cuantitativo-material, sino también en los aspectos políticos que involucran y que abarcan entre otras cosas a la justicia en la distribución del ingreso y a la revalorización del trabajo y de las necesidades humanas.

LUIS VAZQUEZ