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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1985

La democracia de lo cotidiano y el hombre


La democracia de lo cotidiano exige de nosotros mayor atención, capacidad reflexiva, critica y autocrítica, razonamiento, servicio, presencia e intención. En otras palabras, exige un esfuerzo interior para rescatar lo que aún nos queda de humanidad. Porque en última instancia, lo que justifica la democracia es el esfuerzo para que el hombre sea a cada instante aquello que lo diferencia de otros organismos vivientes: un organismo capaz de reflexionar, para no confundirse, como diría un colega, con un "molusco o una esponja."

Cuando las instituciones y sus estructuras de poder demandan sometimiento, servilismo, domesticación y alineación, cuando simplemente le está prohibido pensar al individuo, cuando en aras de la paz y la tranquilidad social se mantiene el letargo del hombre, se contribuye a la formación de autómatas para quienes es difícil distinguir el estado de sueño del de vigilia, aunque, sin embargo, la máquina humana funciona eficazmente. Bajo estas condiciones, repentinamente se le pide al mexicano que se torne activo políticamente; pero si lo hace así no será con una actitud reflexiva y razonada (ya que esto no le ha sido exigido en lo cotidiano), sino como una reacción al cansancio y al aburrimiento de lo cotidiano y en busca de nuevas experiencias que, sin afectar su tranquilidad, le den sentido a su vida.

No es posible que los empresarios, los líderes sindicales y las autoridades que están en posiciones intermedias de poder exijan que sus subordinados adquieran instantáneamente conciencia política, que participen en las elecciones para apoyar a la oposición y reconozcan el abuso de poder del partido institucional. No es posible que le exijan al partido institucional la distribución del poder y su reconocimiento como participantes importantes en el proceso de desarrollo de la nación, si no están dispuestos a otorgar este mismo reconocimiento a las personas que forman parte de su organización. Esta contradicción se acentuó durante las pasadas elecciones.

Una dificultad para reconocer la democracia de lo cotidiano surge de la falta de claridad de sus implicaciones. Anteriormente se dijo que en la democracia existen niveles y ritmos; podríamos agregar ahora que también existe confusión con respecto a la denominación y conceptualización de ésta.

La democracia de lo cotidiano [Nota 48] consiste en democratizar las instituciones de una sociedad en las que sus ciudadanos pasan la mayor parte del tiempo. Esto varía según la forma, los niveles y la profundidad de la democratización, y va de la participación en la toma de decisiones en el área de trabajo que compete a un individuo al control de la vida de la empresa o la institución por parte de la fuerza laboral. A esto último se le llama "autogestión" y es la forma más evolucionada de demo,cratización cotidiana: es la capacidad que tiene un grupo de personas para gobernarse a sí mismo.


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