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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1985

Confusiones sobre la democracia de lo cotidiano


Existen varias razones por las cuales se llega a rechazar a la democracia de lo cotidiano sin mayor consideración. Una de ellas es el empeño que se pone en enmarcar a la sociedad y a los sistemas económicos a partir de los paradigmas capitalismocomunismo. Toda propuesta que implique la disminución del poder del capital sobre el control de una empresa o institución es considerada muchas veces como "comunista", y cualquier intento de disminución del poder del Estado en la regulación de la economía suena a "pequeño burgués-revisionista". Hay incapacidad para ver más allá de estos opuestos, para repensar lo aprendido, para admitir y generar nuevas ideas y actitudes, para, como dice el historiador Braudel, "visitar otras ciencias para tratar de ver con sus propios ojos, pedirles prestado un instante su lenguaje y sus puntos de vista para enriquecer los míos". [Nota 49] Hay un afán de refugiarse en estructuras mentales anquilosadas que, al fin y al cabo, proporcionan seguridad. La autogestión en occidente se plantea dentro de una economía de mercado y por lo tanto no promueve el crecimiento del Estado ni la burocratización de la sociedad. Sí promueve, en cambio, la participación activa de los trabajadores en el reparto del poder y una distribución de la riqueza más equitativa. De esta manera tiende a abolir la relación capital-trabajo en el interior de una organización. Pero ante todo, resalta a la persona en calidad de trabajador e implica "la gradual libefación humana. a través de la educación, entrenamiento y diálogo entre trabajadores". [Nota 50]

También hay razones de orden práctico. La democracia de lo cotidiano no es anarquía ni burocratización del proceso de toma de decisiones en una organización. Estas confusiones suelen provocar que la autogestión fracase cuando se le somete a experiencias prácticas. En la autogestión el órgano máximo de gobierno es la asamblea general de trabajadores, la cual otorga el derecho a un voto a cada persona, independientemente de la posición que ocupe en la organización. Pero no es esta asamblea la que resuelve la mayoría de las decisiones que enfrenta la institución. Se requiere, además, educación para reconocer el tipo de decisiones que hacen posible un proceso democrático. Estas decisiones que norman la vida y el futuro de la organización deberían ser las fundamentales. Esta asamblea debe, entonces, elegir a las personas calificadas para resolver las decisiones de carácter técnico a nivel operativo y promover la participación, en todos los niveles, de aquellos individuos competentes e involucrados en una área concreta de trabajo. La elección de los directores es vital para el funcionamiento eficiente de la organización. Son ellos los que determinan las acciones que hay que seguir a partir de los lineamientos generales y los objetivos marcados por la asamblea. Son ellos los que deben administrar y presentar las propuestas que juzguen necesarias, y enfatizar la visión a largo plazo por encima de la ganancia efímera a corto plazo. La asamblea tiene la responsabilidad de seleccionar a las personas adecuadas, aprobar o rechazar dichas propuestas y otorgarles la confianza y el respeto necesario para que administren los recursos de la organización. Es diferente la actitud de un director que enfrenta a una asamblea de accionistas o funcionarios públicos, de la de aquel que tiene que ver con una asamblea de trabajadores que son sus asociados. A los trabajadores les interesa el bienestar general de la empresa; los accionistas están particularmente interesados en el rendimiento económico que obtienen de su inversión, sin importarles cómo se logre y lo que suceda en el interior de la empresa; y los funcionarios públicos se interesan en promover su carrera política haciendo prevalecer los intereses del gobierno en turno y sus decisiones políticas por encima de lo demás.

Una vez elegidos los directores se les debe permitir administrar, promoviendo la participación de los trabajadores en sus áreas concretas de trabajo y tomando en cuenta su grado de calificación técnica y su preparación. El nivel operativo es en el que la administración, con sus diversas técnicas (administración por objetivos, desarrollo organizacional, administración participativa, círculos de calidad y otras), puede contribuir signifícativamente a enriquecer el trabajo cotidiano y a estimular la eficiencia y la productividad de una organización.

Por tanto, la democratización de la vida de una organización se plantea en dos niveles: en el de quienes controlan el destino de ésta y en el de quienes controlan el área concreta de trabajo, pero teniendo en cuenta la estructura organizacional propia de cada caso. La diferencia la determina el tipo de decisión y la magnitud de la unidad que toma decisiones. A la primera, donde la asamblea general de trabajadores, como se mencionó, determina el futuro de la organización, se le conoce como "institucional" . A la segunda, en el nivel operativo, se le conoce como 'funcional". No hacer esta distinción sería condenar a la autogestión al fracaso.


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