ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1986
* [Nota 22]

Resulta difícil, si se parte de un modelo que obedezca a los mitos que Platón elabora cuando los destina a voces dialógicas de su adhesión, admitir la autenticidad de este último segmento textual: nada lo prepara y nada lo continúa dentro del 'mito de Protágoras', y es indiferente tanto para el funcionamiento integral de este último como para la validez o invalidez de la tesis sobre el origen de la religión que en el contexto inmediato se propone. Ni parecen demasiado convincentes las interpretaciones que aducen habitualmente los defensores de su presencia --un ejemplo: según Nestle, Vom Mythos zum Logos, apud Untersteiner 1949, 102 n. 54, y, desde luego, según el propio Untersteiner (ver antes, notas 29 y 30), "Protágoras, tiene en mente el parentesco espiritual entre los dioses y los hombres, es decir, y para expresarnos filosóficamente, la divinidad del hombre, que el mito está simbolizando mediante la participación del fuego como condición de una civilización más alta" (si traduzco bien a Untersteiner y si Untersteiner tradujo a Nestle adecuadamente). Pero que el hombre, por obra de Prometeo, participe en una porción (moria) de lo que originariamente correspondió sólo a los dioses no implica que tenga con éstos un origen común ("syngéneia" = co-nacimiento, si la expresión se permite, lo denomina el texto) y, como desde hace mucho tiempo se sabe, por el procedimiento de la lectura simbólica se puede hacer decir a un pasaje lo que quiere que diga quien propone la lectura. Conservo el segmento textual porque lo entiendo como una inconsistencia deliberadamente introducida en la construcción del mito y operante en sentido análogo tanto al de otra inconsistencia mayor: la gratuita repetición del relato de la sustracción del fuego (321c-322a) como al de la serie de peculiaridades, menores quizá, de que se tratará más adelante --ver apartado 9, in fine, y notas 60 y 62. Para Guthrie 1969 (supra, nota 16), sin embargo, de todas estas "internal inconsistencies... there are none of any seriousness" (p. 64 n. l). Por otra parte, el único pasaje --que tal vez se proyecte sobre la interpretación de Nestle y Untersteiner y aun sobre 322a del mito-- en donde quedan expresados, con absoluta claridad y sin discordancias contextuales con los versos que lo siguen, por igual el origen común y la semejanza de dioses y de hombres es el preludio (vv. 1-7) de la sexta Nema pindárica (c. 46(V JQ: "Una es la estirpe (génos) de los hombres, una la de los dioses y, sin embargo, una sola madre a las dos nos confirió el aliento. Nos separa la atribución de un poder profundamente dividido: mientras que una no es nada, a la otra el inconmovible cielo de bronce le es morada para siempre. Pero, o por nuestra mente poderosa o por nuestra constitución natural (physis), en algo nos asemejamos a los inmortales. A pesar de que ignoremos qué curso, o durante el día o a lo largo de la noche, el destino ha trazado a nuestra carrera": Pindari carmina, ed. Bowra (ver antes, nota 23), sin paginación. Porque el v. 108 en Los trabajos y los días: "Si quieres, te contaré brevemente otro relato, bien y sabiamente --tú ponlo en tu entendimiento--, cómo se generaron de un mismo origen los dioses y los mortales hombres" (vv. 106-108), colocado inmediatamente antes de la historia de las cinco humanidades (ver en ieguid2 el 2partado 6). resulta evidentemente ajeno a su contexto. Con respecto a su exclusión del poema, o a su aceptación en éste ya conservando el texto recibido ya modificándolo en el v. 107, ver Hesíodo, Obras y fragmentos: Teogonía, Trabajos y días, Escudo, Fragmentos, Certamen, trad. A. Pérez Aménez y A. Martinez Diez (Madrid, 1978; Biblioteca Clásica Gredas, 13),130 n. 13, y la bibliografía ahí comentada.