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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1986

CARLOS PEREDA. La moneda encontrada y otras celebraciones


MI intervención se limita a dos observaciones. La primera es de carácter formal y celebra un hecho que pertenece a la clase que me gustaría llamar "hechos José Gaos". ¿De qué hechos se trata? Precisamente, del hecho de encontrarnos aquí, presentando el libro de un colega: La reducción en las ciencias de Jorge A. Serrano.[Nota 48] Pero ¿por qué celebrar lo aparentemente obvio? ¿Cómo no prestar atención a lo que publican nuestros colegas? Quiero decir: ¿por qué insistir en lo que resulta casi inevitable; a saber: discutir con quienes están más cerca? La respuesta no es dificil: tomar en serio, conversar teóricamente con quienes nos topamos cada mañana, no es uno de nuestros hábitos intelectuales. Desde jóvenes nos ejer citamos en argumentar en ausencia del criticado y, si es posible, en otro idioma. Nos equivocamos. Es cierto que cualquier pensador puede asumir como suya la historia del pensamiento sólo con repensarla. Es cierto también que la tradición del pensamiento en lengua castellana ha sido pobre. Sin embargo, no será el desdén o la arrogancia, y mucho menos el desdén disfrazado que es la apología y el énfasis, lo que combata estas miserias. Pues, si nosotros mismos no comenzamos por oírnos, ¿quiénes nos van a oír? Nadie puede pensar --ni vivir-- fuera de una tradición. Una tradición argumental no se conforma sin escuchar a los otros, pero tampoco sin discrepar con los otros. No se conforma sin entablar argumentaciones cooperadoras y destructivas con quienes comparten nuestra situación más inmediatamente. (Por lo demás, resulta innecesario aclarar por qué hablo de una clase de "hechosJose Gaos": entre nosotros, pocos como Gaos pusieron el énfasis en el hecho de que no hay vida intelectual sana --que no hay vida social sana-- si sus participantes son incapaces de estar atentos al trabajo de los demás.)

Con mi segunda observación voy a manifestar algunas sospechas. Sospecho que en su libro, Serrano se siente a veces tentado a confundir el uso de varias técnicas: a saber: los variados procesos de reducción con posiciones reduccionistas. También sospecho que su critica, en apariencia general, a las posiciones reduccionistas, en realidad sólo apunta a ciertas posiciones reduccionistas. Por lo demás ¿por qué encerrarnos en la alternativa reduccionísmo versus antireduccionismo? ¿Acaso no podemos rechazar por iguala reduccionistas y antireduccionistas?

Vayamos paso a paso. ¿En qué consisten esas técnicas, las reducciones? En el capítulo 5 "Análisis epistemológico de la reducción" --Serrano recurre a varios diccionarios para hacernos conocer cuales son los usos más relevantes de la palabra "reducción".

Por lo pronto, distingamos tres sentidos generales de "reducción":

-- retrotraer lo desconocido a lo conocido,

-- retrotraer lo complejo a lo simple

-- y retrotraer lo múltiple a lo uno.

En realidad los dos últimos pueden considerarse aspectos de lo mismo. Por otra parte, tiene razón Serrano al situar cstas reducciones en la base de toda explicación:

explicar significa reducir lo desconocido a lo conocido, lo complejo a lo simple, lo múltiple a lo uno, lo que sorprende --y tanto Platón como Einstein-- insisten en que éste es el primer momento en que el hombre empieza a investigar --a una cosa o modo de obrar que nos es habitual.[Nota 49]

Al segundo sentido lo conocemos como la virtud epistémca de la simplicidad y posee algunas variantes. En primer lugar, la reducción metodológica o hermenéutica que consiste tanto en la construcción de modelos o "copias reducidas" del original, como en el análisis de un objeto en sus partes. Sólo tener presente este segundo sentido es ya un antídoto contra cualquier reduccionismo. En efecto, si no olvidáramos que, aunque no en muchas, sí tal vez, en la mayoría de las reducciones se trata de construir con ciertos propósitos un modelo, una copia reducida del original, evitaríamos algunas formas del vértigo simplificador, a que suelen conducir los reduccionismos.

En segundo lugar, hablamos de una reducción ontológica cuando se trata de retrotraer un aparente nivel de realidad a otro más simple y fundamental; recordemos reducciones ontológicas totales como en el caso de Berkeley, que reduce el mundo material a nuestras percepciones y a Dios; o, más recientemente, cuando se intenta reducir la mente al sistema nervioso central. En la reducción ontológica se ve con claridad que retrotraer lo complejo a lo simple es retrotraer lo múltiple a lo uno. No hay que olvidar, sin embargo, que las reducciones ontológicas suelen ser parciales; por ejemplo, cuando una teoría intenta explicar una clase de fenómenos, digamos, químicos, y los subsume bajo las leyes de otra clase de fenómenos, por ejemplo, físicos. Insisto, aunque a menudo suele pasarse por alto, la distinción entre reducción hermenéutica y reducción ontológica no hay que olvidar que es básica; para dar otro ejemplo, no es lo mismo que un conductista afirme que las acciones humanas son tímidas variaciones del comportamiento de los animales inferiores (reducción ontológica), a que afirme que las acciones humanas, por su gran complejidad, no pueden volverse objeto de estudio más que a partir de una simplificación siguiendo las pautas del comportamiento animal (reducción hermenéutica).

En tercer lugar, podemos hablar también de reducciones normativas cuando ciertos ideales o valores humanos se reducen a mandatos de Dios, o cuando la reducción se lleva a cabo en sentido opuesto, es decir, según los deseos sexuales o los intereses de clase.

Vayamos ahora al concepto de reduccionismo. En general, propongo reconstruir como "reduccionismo" o "posición reduccionista" cualquier tentativa de retroceder lo desconocido a lo conocido a lo complejo a lo simple, incluso cuando no se puede dar cuenta de datos básicos que resisten tal operación cuando sólo se puede dar cuenta de esos datos a costa de un sistema de creencias en la práctica por completo inconvinciente, formas crudas de materialismo.

La pregunta que debemos examinar entonces es : ¿qué vincula los diferentes procesos de reducción a las posiciones reduccionistas? Ya se sabe: quien guarde un arma cargada en su casa, puede matar; así quien use técnicas de reducción, puede sucumbir a posiciones reduccionista. Me parece que sólo hay esta relación entre las reducciones metodológicas o hermenéuticas y el reduccionismo.

Las relaciones, en cambio, suelen estrecharse entre ciertas reducciones ontológicas y normativas y el reduccionismo. En efecto, la cólera que suelen provocar muchas propuestas de reducción no se explicaría si la reducción se usara sólo como un proceso hermenéutico, como técnica de compresión. Por eso, no se sorprende que gran parte de la pólemica de este libro de Serrano se dirijia contra ciertas reducciones ontológicas y, sobre todo, contra las reducciones normativas que caen bajo el posible nombre de "estilo de la bajeza" ; esto es : explicar lo que tradicionalmente se considera "superior" --la libertad humana, sus proyectos, sus ideales, así como los fenómenos mentales en general-- por lo " inferior", por lo "bajo" --el organismo, la sociedad, la materia... Y, es precisamente reduccionismo normativo, desucumbir en alarmantes vértigos de la bajeza, que Serrano acusa--¿desde posiciones neotomistas? al conductismo (en psicología) y, sobre todo, al marxismo y a la filosofía analítica. No voy a responder esos ataques que considero algo más que discutibles. Introduzco un solo contraejemolo: todo lo que se asocia con el manoseado apellido Wittgentein --y esto es, por lo menos, una parte revelante de la filosofía analítica-- nada tiene que ver ni con el vértigo fr la bajeza: más todavía, sospechoso que, esta dirección, se tiende a sucumbir en los vértigos opuestos.

Termino con una historia:

se encuentra un individuo en la noche y debajo de un farol encendido buscando algo en el suelo: se acerca un traseúnte y le pregunta qué es lo que busca. El primer individuo le contesta que ha perdido una moneda, que si no quiere ayudarle a buscarla.

-- Pero, ¿está usted seguro de aquí fue donde se le cayó la moneda? Pregunta el transeúnte.

-- En realidad, no; la monedda se me cayó en la otra esquina pero allí no hay luz, por eso es que la estoy buscando aquí.[Nota 50]

Para Serrano esta historia muestra una de las características de la reducción. Me atrevo a discrepar de esto. Esta historia retrata más bien la actitud de un reduccionista, quien vuelto presa de algún vértigo argumental, ignora o elude todo aquello no es fácilmente compatible con su trama de creencias.

Imaginemos todavía otras actitudes. Están los antirreduccionistas que, al rechazar toda la tentativa de reducción, se pasan la vida lamentándose en una esquina a oscuras: son los que consideran a la investigación científica y, en general, a cualquier actitud racional... un anacronismo, en estos tiempos posmodernos.

Entre unos y otros --entre quienes buscan en la esquina iluminada; no para buscar la moneda, sino para estudiar el terreno. Luego regresen a la esquina obscura para sudividdirla --con piedaras, pañuelos, zapatos, o si es posible, mediante cálculos-- para, finalmente, indagar las subdivisione, una a una. Estos escrupulosos no se entusiasman demasiado, tampoco se desperan: no son patéticos. Pero, se los aseguro, tarde o temprano acaban por econtrar la moneda perdida.