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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1986

Pintura en un jarrón


(El banquete de los muertos)

Mira cómo chocan y se interpenetran nuestras copas

sin sonar. Y el vino pasa por el vino

como la luna por su resplandor

entre las nubes. Oh silente transcurrir del mundo... Y el leve no-sonido juega como un mariposa

con otras mariposas que danzaran

en torno a la piedra calentada por el sol.

Un ciego masticar se aboveda sin rudeza

nutrido por nada, cual la amiba,

y aunque lo alzo más cercano a mí,

dejo que subsista la distancia previa;

lo único que me empujaría más allá

sería el paso de aquella bailarina.

Muzot, entre el 11 y el 15 de febrero, 1922

Para algunos es como vino, que incrementa

magníficamente el resplandor de la copa

con su resplandecer interior.

Otros la inhalan como un aroma a hierba

o se desvanece ante ellos, perseguida y ahuyentada así.

A muchos les renueva el oído secreto

y los límpidos acordes de la transparente natura

tienen en ellos su resonancia más alta.

Que no la menosprecie ni ofenda ninguno de aquellos

a quienes se les negó en apariencia

y conocieron tan sólo el espacio habitado por ella,

o tal vez nomás el portal, el arco de entrada engalanado de pronto,

o bien el camino, de cuya curva difícilmente entrevista

se dice que es la última antes de la mansión,

siempre esplendente, donde los corazones,

que allí tienen comida y bebida, son seguros y fuertes.

Donde son lo que pensaban al reclamar

los beneficios de su hora y su día y a donde arribaron,

en un latido terrible, desde noches muy largas,

desde noches perdidas o pasadas en llanto quizá.

Porque aún aquellos que, receptores de una imperceptible

fracción del reparto la anhelan nomás,

cumplen toda la relación: sus corazones, que relucen con fuerza,

circundaron mundos hechos de materia nocturna

en curvatura cabal.

Muzot, alrededor del 23 de febrero, 1922

¡"Inclinación", palabra auténtica!

Que percibiésemos todas y no solamente

la más nueva de ellas, esa

que el corazón aún calla; que allí

donde una colina inclina con lentitud

sus suaves laderas hacia la receptiva pradera

no sea menos nuestra, sino antes bien

nos acrezca y aumente, o que el amplio vuelo del ave

nos dé espacio para el corazón

y nos torne prescindible el futuro.

Pues todo es demasía y exceso. Sí,

porque ya entonces fue suficiente, cuando la infancia

nos agobió con una existencia infinita.

Incluso entonces fue demasiado. Cómo podríamos

ser nunca los disminuidos o defraudados:

nosotros, que con cualquier recompensa

desde ha mucho hemo sido

más que en exceso pagados...

Muzot. alrededor del 23 de febrero, 1922


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