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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1986

El sismo


Fue como si un arcángel airado, terrible --más que los ángeles de Rilke hubiera en tan solo un centenar de segundos arrasado los soberbios edificios y la torpe estructura material y social sobre la que se sostenían. El símil sólo es comprensible, tal vez, para poetas y unívocamente, para algunos teólogos que puedan haber conservado su fe.

Hasta los más escépticos y positivistas de los primeros comentaristas medium se preguntaron por los signos. Entre los centenares de edificios derrumbados se iban presentando: las dos procuradurías de Justicia, los tribunales, el Centro Médico, la sede de Televisa (a la que llaman el segundo poder en México), las oficinas del arzobispo, bancos, Nacional Financiera, Taltelolco, el Hotel Regís... y, también, el módulo de telecomunicaciones... todas las potestades derruidas.

Durante muchas horas la ciudad de México quedó totalmente aislada del resto del mundo. En algunas ciudades europeas --Madrid, por ejemplo-- se le dio por desaparecida, borrada ya del mapa.

Pasará mucho tiempo antes de que pueda calcularse --no es materia contable y va más allá de cualquier estadística-- el peso del dolor humano: los muertos, los heridos, la angustia prolongada durante días de los que quedaron atrapados, y tantas otras pesadumbres.


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