©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1986

¿Estuvo dios ausente?


Apenas ahora tenemos una mínima distancia del desastre que nos permite evaluar y prever algunas posibles consecuencias.

Han hablado sismólogos y geólogos (Richter, el inventor de la ominosa escala para medir la intensidad de los sismos murió en un hospital de California frente a un aparato de televisión, viendo las tomas de la ciudad de México.

Especialistas en cuestiones económicas y sociales han predicho ya costos financieros, políticos y sociales del sismo de septiembre.

Un profesor de ciencias de la comunicación se atrevió a estudiar las consecuencias del sismo desde diversos puntos de vista, destacando desde luego el de la comunicación humana. Cuando dio a conocer su estudio a quien esto escribe, le preocupaba, particularmente --dado que en muchas formas el pueblo mexicano es profundamente religioso-- el punto de vista que él llamaba teológico ¿estuvo Dios ausente? Los viejos teólogos considerarían la pregunta como mala teología. Hubo sin embargo sacerdotes sumamente temerosos que quisieron quitarle a Dios toda responsabilidad y llegaron a afirmar en algún comentario dominical que "Dios no tuvo nada que ver con el sismo. Es un fenómeno natural".

Otros por el contrario --de la vieja escuela-- hablaron y clamaron "castigue Dios".

Más ponderado --lo único más o menos oficial que conocimos-- fue un estudio de profesores de teología de la UIA que afrontaron el antiguo problema del mal y sobre todo del dolor en el inocente. El estudio recuerda el valor cristiano del sufrimiento y aclara, también, que los santos padres, los que escribieron en griego, cuando hablan de lo que muchos han llamado "castigo de Dios", la palabra que usan no es castigo sino "paideia", con todo el riquísimo significado que la palabra educación tiene para la cultura helénica, aplicada a los niños y en la que Jaeger basa toda la excelencia de lo que fue el genio de Grecia.

Junto con este profesor de Comunicación encontré un texto escrito hace más de dieciséis siglos por uno de estos Padres de la Iglesia, el cual contiene palabras e ideas que muchos cristianos mexicanos hubiesen querido escuchar durante los pasados meses.

Se trata de una homilía de San Juan Crisóstomo pronunciada en la semidestruida ciudad de Antioquía después de dos días seguidos de sismos.

Antioquía --sobre el río Orontes, en lo que hoy son los límites de Siria y Turquía-- en el siglo IV de nuestra era se catalogaba como la tercera ciudad del Imperio Romano. Era sede de una floreciente comunidad cristiana y se le consideraba, en su parte pagana, como una de las ciudades de mayor libertinaje.

Juan, apodado Crisóstomo (en griego: "boca de oro") vivió entre los años 347 y 407. Como Agustín de Hipona fue ordenado presbítero ya mayor, después --también como en el caso de San Agustín-- de haber estudiado retórica, ejercido en el foro. Su obra ocupa varios volúmenes en la patrologia de Migne. Años después de pronunciada esta homilía es --contra su voluntad-- elevado a una alta dignidad eclesiástica en Constantinopla y más tarde desterrado por la claridad con que denunciaba la vida moral de la emperatriz Eudoxia. Murió en el destierro.

Transcrito sin ningún comentario intercalado, algunos parágrafos de esa homilía.


AnteriorRegresoSiguiente