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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1986

JORGE HERNANDEZ. Viaje a Comala


A VECES LOS murmullos nos golpean como gritos. Lo muy callado y quieto se nos revuelve y nos persigue como fantasmas de un pueblo abandonado.

Juan Rulfo es el hombre de los muchos nombres. Dibujaba los silencios de la magia subterránea que nos rodea con una sencillez igual de fantástica que sus personajes: obra corta, casi fotográfica, que se ensancha más allá de las páginas y que se mantiene presente más allá de nuestros libreros.

Desde ese cerro alto del sur --Luvina, el más pedregoso-- hasta ese pueblo del fondo donde el calor anuncia la proximidad del infierno, retumban los pasos de hombres que llevan a un hijo moribundo sobre sus espaldas, de hombres que regresan de la muerte para despedirse de alguien. Pasos que se oyen a lo lejos porque vienen de la muerte. Voces como pasos que se escuchan a pesar de la distancia y el tiempo. El subsuelo que Rulfo pintó, el mismo que fotografió después, sigue siendo raíz y trasfondo, murmullos tristes y solitarios.

Tal vez la muerte es ese camino hacia abajo, a Comala. Ese camino cuesta abajo acompañado sólo por la plática de arrieros hará mucho tiempo inexistentes y también hijos de Pedro Páramo, como todos. La verdad y el misterio en un atajo que, tarde o temprano, toman todos los hijos de Pedro Páramo. Los que ya han emprendido el viaje sólo con murmullos lo podrán platicar. Ese viaje es una plática con el viento y con cuerpos que se desmoronan como montones de piedras que invitan a escuchar ese ruido que es el silencio.