©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1986

Antonello Gerbi, La disputa del Nuevo Mundo. Historia de una polémica, 1750-1900. (Martha Elena Venier)


Antonello Gerbi, La disputa del Nuevo Mundo. Historia de una polémica, 1750-1900. Trad. de A. Alatorre, México, Fondo de Cultura Económica, 2a ed. corregida y aumentada, 1982, 884 pp. (ISBN 968-16-1248-5).

"En España y otras partes de Europa, el estómago aguanta entre comida y comida, y una buena será suficiente para que aguante veinticuatro horas. Pero en México y otras partes de América, dos o tres horas después de comer bien --tres, cuatro o varios platos de cordero, ternera, res, cabrito, pavo u otras aves-- nuestros estómagos estaban famélicos, y de buena gana los ayudábamos con chocolate, dulce de frutas o pan, que se nos daba en abundancia con ese propósito. Esto me parecía tan extraño (la carne --excepto la de res-- se veía tan gorda y nutritiva como la de Europa), que busqué explicación consultando un médico, quien aclaró mis dudas con la siguiente respuesta: aunque la carne que comíamos se veía tan nutritiva como la de Europa, su sustancia y alimento no eran los mismos a causa de los pastos que son más secos, no tienen cambio de aguas y se marchitan pronto. Y luego, me dijo, el clima de estas tierras produce ese efecto; tienen [los alimentos] buen aspecto, pero poca sustancia. Así como con la carne pasaba con las frutas, bellas, dulcísimas y sabrosas al gusto, pero todas tienen poca sustancia y, son poco nutritivas... Como en la carne y en la fruta engaña la gente nacida y criada aquí; aunque su exterior sea agradable, son en lo interno falsos y vacíos de corazón."

Este largo párrafo (que traduzco con alguna libertad) procede de la crónica de Thomas Gage, The English Anterican. A survey of the New Indies (1648). Era fraile dominico inglés; pasó cinco años en Guatemala ejerciendo su ministerio, y terminó sus días en Jamaica por los buenos servicios que prestó a Cromwell para consumar la conquista de, por lo menos, esa isla. Por los rumbos que ilustra la cita fluctúa la disputa de la superioridad del viejo mundo sobre el nuevo o de éste sobre aquél en un círculo de Í viciosos malentendidos y medias verdades que no parece completo aún en nuestros días. El goloso fraile hablaba por la experiencia de su estómago; otros hablaron en nombre de la ciencia, la geografía, la historia, la filosofía con testimonios que Antonello Gerbi suma minucioso en ochocientas páginas de sostenido interés.

Gerbi abre el extenso camino de la disputa con Buffon, megalómano original, extremadamente miope y naturalmente impaciente (pp. 23-26). Buffon pasa sobre América su mirada nebulosa y no descubre ni elefantes, ni hipopótamos, ni rinocerontes. En este mundo, físicamente joven, húmedo, pantanoso, proliferan los insectos monstruosos y escasean los cuadrúpedos, todos plus petits que los europeos. Además, el clima de estas tierras extensas, hostiles a la grandeza, son causa de que todo lo europeo (animal, planta, hombre) se adapte mal y se degrade.

En cuanto al americano original, también es débil y "petit par les organes de la génération; il ni poil ni barbe, et nulle ardeur pour sa femelle [de ahí el bajísimo índice demográfico americano]: quoique plus léger que I'Euro péen parcequ'il a plus d'habitud a courrir, il est cependant beacoup moins fort de corps; il est aussi bien moins sensible, et cependant plus craintif et plus lache; il n'a nulle vivacité dan Vame; celle du corps est moins un exercice, un mouvement volontaire, qu'une nécessité d'action causée par le besoin, oteztui la faim et la soif, vous détruirez en meme temps le príncipe actif de tous ses mouvementes; il demeurera stupidement en repos sur ses jambes ou couché pendant des jour entiers" (p. 10).

Buffon revisa en parte sus opiniones (no, los americanos pueden ser tan activos y robustos como los europeos, aunque los animales sigan siendo "plus faibles et plus petits"), en respuesta a la tesis de Corneille de Paw, que consiguió con sus Recherchs philosophiques sur les Americais, ou Mémoires intéressants pour servir a I'historie de I'espece humaine, el espacio más polémico de la disputa: la degeneración y bestialidad del americano y su geografia. Entodo su libro --dice Gerbi--, implícita o explícitamente polémico contra los relatos de los misioneros y de los admiradores del buen salvaje, repite De Paw hasta el fastidio que la naturaleza es en el continente americano débil y corrompida, débil por estar corrompida, inferior por estar degenerada. Sólo los insectos, las serpientes, los bichos nocivos han prosperado y son más grandes y gruesos y temibles y numerosos que en el viejo continente. Pero todos los cuadrúpedos --los pocos que allí se encuentran-- son más pequeños... Hasta los grandes reptiles se han hecho flojos y bastardos: les Caimans et les Crocodiles americains n'ont ni I'irnpetuosité ni la fureur de ceux cl'Afrique, (p. 69).

Hegel, que corona la disputa al recoger la tesis de la inmadurez del continente, vas más allá, dice Gerbi, que De Paw, y sus conclusiones terminan por "reafirmar y agravar las más severas condenas de los denigradores de América", por la más lógica de las razones: esta parte del mundo no tenla cabida en su sistema. Para admitirla, "hubiera tenido que hacer pedazos su construcción histórico-dialéctica, y revelar así su fragilidad, su artifíciosP dad, su rigidez e incapacidad de adaptarse a las nuevas realidades y comprenderlas (p. 554). Humboldt, alterado por las falsas afirmaciones de Hegel, comenta en una carta: "he organizado mal mi vida, y pronto estaré completamente chocho. De buena gana renunciaría a esa carne de vaca europea que Hegel nos quiere hacer pasar como muy superior a la vaca americana, y me gustaría vivir al lado de esos cocodrilos suyos, débiles e inofensivos, pero que desgraciadamente tienen veinticinco pies de longitud (p. 537).

Hegel puede ser la cúspide, pero no es el último avatar de la polémica degradante. Aún llegando a las últimas páginas del libro y a los primeros años de este siglo, se advierte la huella soterrada pero segura de De Paw que trasmina la disputa como trasmina la réplica americana a sus Recherches. Esta réplica peca por su arremetida. En vez de superar el insulto cae en su trampa: si los americanos son degenerados, contemos las degeneraciones de los europeos. Mal argumento. Con intensidad (pero no intensión) diversa los jesuitas expulsados asumen la defensa del continente: Clavijero la de México, Molina la de Chile, José Solis la del Chaco, el italiano Gilij --en su versión realista y poco comprometida-- la del Orinoco y Colombia. Los angloamericanos, que estrenan novísima independencia, oponen, a su vez, a la pequeñez geográfica de Europa la extensión de su territorio, y a la calumnia de la debilidad indígena el tamaño y valor de sus pieles rojas. En las Notes on Virginia, Thomas Jefferson argumenta metódicamente contra cada una de las tesis despreciadoras del orgullo americano.

La réplica, que en general encomia lo que Europa denigra, sale en su trayecto del ámbito geográfico y antropológico y cae en el futurismo histórico, que sostiene su argumento en la juventud del continente y en las promesas que le guarda el porvenir. Esta tesis, repetida hasta el cansancio sin que a estas fechas parezca haberse gastado lo suficiente, dictó a Oscar Wilde el siguiente comentario: "The youth of America is their oldest tradition. It has been going on now for three hundred years. To hear them talk onewould imagine they are in their first childhood. As far as civilization goes they are in their second" (p. 714).

Después de tantas páginas en las que se repiten con tozuda insistencia los mismos temas saturados de acrimonia y las mismas apologías, que sólo la ironía serena, el humor y la erudición de Antonello Gerbi hacen llevaderas hasta el final, no queda sino preguntarse como el autor, "¿Acaso no hay para la realidad otra manera de acrecentarse y hacerse mejor conocida que hundirse una y otra vez en el mito de la leyenda, en las violentas alternativas y en las arbitrarias exogitaciones de la diatriba? No sé si en este caso tan especial sea posible. Sin necesidad de mucha lucubración se puede advertir que el eurocentrismo no ha perdido su fuerza y que América, a pesar de sus casi quinientos años, no ha perdido su juventud.

Sería olvido poco perdonable no encomiar la traducción y la presentación de este libro, ambas excelentes, La disputa del Nuevo mundo es, sin duda, un acierto del Fondo de Cultura.

MARTHA ELENA VENIER