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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1986

1. Augures y poetas


LA literatura no es ni aspira a ser la ciencia que prevé el porvenir o adivina el futuro. Tampoco es la heredera de los magos y profetas que podían leer en los signos de las cosas o en los números lo que ocurriría. Me parecen mucho más cercanas a la antigua cábala y a los augurios las llamadas ciencias sociales. ¿Por qué?

Porque son éstas las que han querido enseñarnos a creer, como posibilidad real, en un futuro orden del mundo, en la armonía del cuerpo social, en relaciones económicas equilibradas, en un devenir histórico sometido a leyes científicas inescrutables, contra las cuales los hombres no pueden rebelarse, en una supuesta eliminación de los conflictos (o de las luchas entre hermanos enemigos) que anuncian el fin del mundo de la necesidad y el advenimiento del reino de la libertad,

y también porque han pretendido mostrarnos, con todas las certidumbres y verdades absolutas de las que son capaces, los rumbos, las rutas, los métodos infalibles que nos llevarían directamente a la armonía, al equilibrio, al porvenir radiante y a la libertad.

Es innegable, por supuesto, que las aspiraciones de los hombres a la libertad y a la felicidad son legitimas y nada impide el rechazo y aun el desprecio de las pretensiones absurdas de los científicos sociales que aseguran contar con los recursos precisos e incontestables para tener acceso a la plena beatitud del hombre en la tierra y, paradójicamente, sólo contribuyen al establecimiento y al reestablecimiento de nuevos y viejos infiernos: los encierros clásicos (psiquiátricos, hospitalarios, penitenciarios ...), las guerras religiosas, las guerras ideológicas, las liquidaciones de todo tipo, los campos de concentración y de exterminio, las sociedades disciplinarias, las sociedades bajo control y vigilancia, las sociedades de la mentira, el espionaje y la delación, la alienación burocrática, industrial y administrativa...

Al poeta y al novelista no les gusta, en cambio, prever el porvenir ni se sienten herederos de los magos que leían en los signos del cielo y de la tierra el futuro de los hombres.

Es cierto que, sin embargo, nunca han faltado los trovadores, los poetas, los novelistas, los seres cautivados por la imaginación dispuestos a hablarnos de mundos fantásticos --rosas o negros--., en donde los hombres pueden o podrían algún día pasearse por las avenidas de los dulces sueños o desplomarse dentro de los laberintos de las pesadillas.

Pero cuando estos seres hablan del porvenir lo hacen de una manera claramente distinta a como lo hacen los llamados científicos sociales.

En primer término, no hablan seriamente, o por lo menos no lo hacen con la arrogancia y la certidumbre que derrochan los científicos sociales... aunque su escritura se ocupe de cosas tan serias como el amor y el odio, la vigilia y el sueño, la noche y el día, el cielo y la tierra, el orgullo y la humildad, la risa y las lágrimas, la razón y la sinrazón y todos los sentimientos y las pasiones en torno a los cuales giran y dentro de las cuales se sumergen los hombres y las mujeres que tejen y destejen, zurcen e hilvanan su pasado y su porvenir, pero sobre todo su eterno presente.

Al acercarse a la razón, al sentimiento, a la pasión poetas y novelistas proceden de una manera totalmente ajena a la arrogancia y a la solemnidad propias de los científicos sociales.Al poeta y al novelista no les importan las leyes históricas y sociales (un eructo es un eructo y una risa es una risa por encima de las épocas históricas y de las condiciones sociales); tampoco les importa un porvenir hecho a la medida, en donde la felicidad y la. abundancia arrojarían por la ventana las angustias, las necesidades, los conflictos, las luchas las injusticias, los errores y los pecados de nuestras sociedades y de las del pasado. ¿Pero en qué consiste esta otra manera de proceder de escritores y poetas?

Además de los recursos literarios, el novelista y el poeta cuentan con otros medios. De entre éstos destaca, por encima de todo, el humor. El humor, atraviesa la historia de la literatura de la canción de gesta a Milan Kundera y Vargas Llosa, y aunque siempre es humor nunca es el mismo, Cada vez es diferente porque se viste con trajes de colores distintos (a veces es negro, otras veces es chiste verde) y también porque, aun cuando sus temas aparentemente son los mismos (el amor, la guerra, la venganza), los aborda siempre de manera diferente. El amor es, así, extravagante, la guerra entretenida, la venganza edificante, Pero veamos un par de ejemplos ligados al sueño, a la utopía.


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