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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1986

Sección I


Desde diversos puntos de vista, se ha sostenido la existencia de contextos de argumentación que son esencialmente retóricos en virtud de ciertas características epistémicas que les son peculiares.

Por un lado, Chaim Perelman, [Nota 59] recogiendo una larga tradición, [Nota 60] señala que en el alegato jurídico, lo mismo que en la argumentación filosófica, se intentan justificar proposiciones que son radicalmente inciertas, esto es, proposiciones para las cuales no existen criterios fuertes de evidencia; [Nota 61] rememorando el Eutifrón, Perelman afirma que si bien podemos decidir con certeza acerca M peso o longitud de un objeto dado y, más aun, demostrar (establecer conclusivamente a partir de principios aceptados como evidentes) proposiciones como "ningún cuadrado es redondo" no podemos hacer lo mismo con enunciados como esta acción es buena". Si queremos justificar nuestra creencia en esta última proposición, tendremos que hacerlo retóricamente, es decir, tratando de persuadir de su verdad a cualquiera que la impugne.[Nota 62]

Por otra parte, y también inspirándose en una notable tradición, [Nota 63]Johnstone [Nota 64]señala que la argumentación filosófica es esencialmente retórica. Las tesis filosóficas, afirma Johnstone, se presentan como parte de concepciones tan generales que incluyen criterios para decidir acerca de lo que en cada caso debe considerarse como evidencia en favor o en contra de una tesis dada; así, quien intente demostrar o refutar conclusivamente [Nota 65] una tesis filosófica, incurrirá en una petitio principii [Nota 66] y, por consiguiente, según Johnstone, dichas tesis podrán justificarse sólo de manera retórica.

Una vez establecida la existencia de contextos argumentales que son esencialmente retóricos en virtud de características epistémicas que les son peculiares (la falta de criterios fuertes de evidencia para establecer la verdad de una proposición, en un caso, y la "circularidad" inherente a un sistema de creencias suficiente mente general en el otro), [Nota 67] suele aducirse [Nota 68] que es un contrasentido intentar convencer a un adversario sin tomar en cuenta aquellos principios que él acepta como verdaderos, de donde inmediatamente se seguiría, según quienes desarrollan estas consideraciones, que una argumentación retórica, caracterizada por dichas condiciones epistémicas, sólo puede reconstruirse mediante consideraciones dialógicas.[Nota 69]

Sin embargo, como a continuación se intentará establecer, esta línea de defensa de la dialéctica está abierta a objeciones fundamentales.


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