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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1986

Sección II


No discutiremos aquí las afirmaciones de Perelman y Johnstone de que un contexto caracterizado por ciertas propiedades epistémicas es esencialmente retórico .[Nota 70] Lo que intentaremos probar es que la identificación de un contexto con esas características como esencialmente dialógico es errónea.

Así, presentaremos dos situaciones contrafácticas en las cuales se satisfacen las condiciones epistémicas que Perelman y Johnstone establecen y en las que, sin embargo, la argumentación correspondiente puede, en ambos casos, reconstruirse sin apelar a consideraciones dialógicas.

En primer lugar, supóngase que un sujeto S1, intenta justificar una proposición p ante otro sujeto, S2, quien no cree que p o, más aún, cree, que no p; supóngase, además, que el contexto en el cual S, y S2 discuten satisface alguno de los requerimientos epistémicos mencionados por Perelman y Johnstone como característicos de una argumentación esencialmente retórica (así, SI no puede demostrar p y debe limitarse a tratar de convencer a S2 de la verdad de p). Supóngase finalmente, que el sistema de creencias de S2, permanece inmutable a lo largo de la discusión entre S1 Y S2, hasta el momento en que S2 se convence de la verdad de p, si es que esto llega a suceder (notemos que este último supuesto es consistente con los planteamientos de Perelman y Johnstone).[Nota 71]

En la situación descrita, aun cuando, por hipótesis, se satisface alguno de los requerimientos mencionados por Perelman y Johnstone, la estructura dialógica de la argumentación correspondiente resulta fácilmente eliminable. En efecto, si el sistema de creencias de S2 ha de permanecer inmutable a lo largo de su discusión con S1, la única forma que SI tiene de convencer a S2 acerca de p es la de argumentar tomando como premisas solamente los enunciados que S2 se ha comprometido, desde un principio, a aceptar. La argumentación de S1, en caso de ser exitosa, constituirá, atendiendo a las condiciones postuladas por Perelman, una demostración de p en la cual se parte no de principios autoevidentes sino de proposiciones que para S, resultan evidentes; en el caso de las condiciones que Johnstone menciona, tomará la forma de una reducción al absurdo a partir de los planteamientos aceptados por S2.

Análogamente, podemos pensar en una situación en la cual la movilidad del sistema de creencias de S2 no esté limitada, pero sí lo esté el número o la calidad de las proposiciones que S1 puede impugnar. En este caso, S1 podría "calcular" de antemano si es o no posible que S2 ajuste su sistema de creencias de tal manera que pueda responder adecuadamente a sus objeciones (más aún, si no hay limitaciones respecto a la duración de la discusión parecería que S2 puede siempre enfrentar las objeciones de S1); nuevamente, S1 podría desarrollar su argumentación haciendo abstracción de las respuestas que de hecho da S2 a cada una de sus locuciones o bien según el caso, darse de antemano por vencido.

Así, podemos afirmar que la incertidumbre radical o la "circularidad" presentes en ciertos contextos de argumentación no bastan para concluir que ellos requieren, necesariamente, de un modelo dialógico, aun cuando dichas características fuesen suficientes para garantizar el carácter esencialmente retórico de tales contextos de argumentación.


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