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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1986

Sección III


En la sección anterior, hemos intentado mostrar que la defensa tradicional de las teorías del debate no es conclusiva. Propondremos aquí una defensa alternativa.

Hemos dicho que bajo supuestos que restringen la movilidad de los sistemas de creencias de quienes participan en una discusión, es decir, que limitan el número o la calidad de las proposiciones sobre las que puede argumentarse a lo largo de ella, dicha argumentación puede reconstruirse de manera no dialógica, y podríamos preguntarnos si la condición contraria, la movilidad no restringida de los sistemas de creencias de los participantes, garantiza la necesidad de una reconstrucción dialógica. Creemos que la respuesta a esta interrogante es afirmativa, pues si la condición de movilidad se cumple, entonces, ninguno de los participantes en la discusión podrá emitir locución alguna haciendo abstracción de las posibles respuestas de su adversario y, así, la discusión no podrá reconstruirse identificando cada argumento presente en ella como una simple sucesión de premisas y conclusión, en abstracción de consideraciones relativas a los estados de los sistemas de creencias de los participantes.

Desde luego, alguien podría objetar de inmediato, y razonablemente, que la movilidad absoluta de los sistemas de creencias de quienes participan en una discusión es un supuesto implausible o, más todavía, contradictorio, y que nosotros parecemos sugerir tal movilidad absoluta. Sin embargo, la dificultad desaparece al considerar que si bien a nivel focal, esto es, en cada etapa de una discusión, hay conjuntos de creencias que se mantienen estables a nivel global, los sistemas de creencias de los participantes pueden cambiar sin que sea posible especificar de antemano cuáles de las creencias pertenecientes a ellos cambiarán a lo largo de la discusión considerada en su totalidad, es en este sentido que hablamos de movilidad no restringida. Así, el modelo dialógico recuperaría la dinámica de una argumentación que de hecho se presenta en forma de disputa, mientras que el modelo estándar, en el cual interesa distinguir sólo premisas y conclusión, recuperaría la estructura de la disputa a nivel focal, por decirlo así, sus "microestructuras".

Queda un último punto por discutir: ¿existe realmente algún contexto de argumentación que tienda a satisfacer en medida considerable la condición de movilidad? Creemos, de nuevo, que la respuesta es afirmativa; para establecer esto consideremos otros dos aspectos de una argumentación que, de acuerdo con Comte, [Nota 72] podríamos llamar su aspecto "positivo" y su aspecto "negativo" o "crítico": su finalidad de establecer resultados y la de ponerlos a prueba. Evidentemente, los sistemas de creencias de quienes entablan una discusión serán tanto más dinámicos cuanto la finalidad de tal discusión no sea positiva sino crítica. Ahora bien, podríamos pensar en la demostración matemática y en la argumentación sofística (en la cual los participantes pueden defender simultáneamente, aunque con razones distintas, ambos polos de una contradicción )[Nota 73] como paradigmas de los aspectos positivo y crítico, respectivamente. La argumentación filosófica, en la medida en que se acerca a la segunda de ellas [Nota 74] viene a ser un importante campo de estudio de la "dialéctica" entendida como teoría del debate.


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