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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1986

RAMON XIRAU. Joaquín Xirau (1895-1946). Un esbozo


[Nota 75]

JOAQUÍN Xirau mi padre y maestro, nació en Figueras, capital del Ampurdán, en 1895. El Ampurdán es la región al noroeste de Cataluña donde abundan vientos vigorizantes --"palacio del viento" lo llamó el poeta Joan Maragall-- y donde la tierra es pródiga, entre las últimas estribaciones de los Pirineos y el Mediterráneo. En 1939, acompañado de Pilar, su mujer, también de Figueras, Antonio Machado y la madre de éste, Enrique Rioja y otros más, tendrían mis padres que pasar por su tierra natal camino al exilio; primero en Francia, después, definitivamente, en México. Aquí Joaquín Xirau falleció prematuramente en un accidente hace justamente 40 años (10 de abril de 1946).

Joaquín Xirau, maestro de entusiasmo y de rigor, siempre entregado a los demás, fue todo él vida; vital lo recuerdan sus discípulos de España como vital lo recuerdan sus discípulos de México, este México donde, como me dijo, "no quería vivir entre paréntesis".

Después de realizar estudios preuniversitarios en Figueras, donde fue su profesor de filosofía Juan Subías Gonzalvo, después su suegro, pasó a Barcelona, y ahí siguió los cursos principalmente de Jaime Serra Hunter quien, por cierto también falleció exilado en México. Doble carrera: Filosofía y Derecho; y doble doctorado en Madrid, con una tesis sobre Leibniz y otra sobre Rousseau. [Nota 76]

Ciertamente, en Madrid Joaquín Xirau conoció mucho a Ortega y siempre guardó hacia él el máximo respeto, pero la vocación filosófico-pedagógica le Inclinó a seguir las enseñanzas de Manuel B. Cossío --sobre quien escribió un libro-- y la Institución Libre de Enseñanza. Al modo de los "institucionalistas", Joaquín Xirau consideró la educación como obra de amor.

Profesor brevemente en Salamanca y en Zaragoza, Joaquín Xirau fue también profesor en Barcelona, donde habría de colaborar, ya decano de Filosofía, a establecer la autonomía de la Universidad (1934), donde fue director de Cultura, donde se ocupó profundamente de los métodos de enseñanza y donde fundó el seminario de psicología y pedagogía. Durante la guerra civil predicó la tolerancia y la caridad "Charitas" es un artículo único en su género, publicado en 1937, en plena guerra, por la revista Madrid, que en Barcelona presidía Antonio Machado.

Joaquín Xirau escribió catorce libros, unos cincuenta artículos y varias traducciones, entre las cuales descuellan las de Bertrand Russell (todavía en Barcelona) y la primera parte de la Paideia de Jaeger, que una muerte pronta no le permitió terminar.

No es fácil resumir la filosofía de Joaquín Xirau en un breve espacio. [Nota 77] Aun cuando en su época barcelonesa había ya publicado dos libros que indicaban la orientación de su obra (El sentido de la verdad, 1927, L'amor i la percepció dels valors, 1936), ésta maduró en tres libros escritos en México: Amor y mundo (1940), Lo fugaz y lo eterno (1942), y Vida y obra de Ramón Lull. Filosofía y mística (1946). (Los dos primeros acaban de ser reeditados en Barcelona en el libro Amor y mundo y otros escritos, Ediciones Península y Universidad Autónoma de Barcelona, 1985.)

En cierto modo, la filosofía de Joaquín Xirau es una axiología; es también una ontología.

No me ocuparé aquí de los libros de historia de la filosofía que Joaquín Xirau publicó sobre Descartes, Leibniz, Rousseau, los pensadores hispánicos, como Lull, Vives o Cossío, Bergson, Husserl y la fenomenología. Me ocuparé de lo que considero crucial en su pensamiento.

Mucho se ha discutido acerca de la relación o falta de ella entre Valor y Ser. En Amor y mundo, Joaquín Xirau, partiendo del eros y el logos de los griegos, y sobre todo de la caridad y el ágape cristianos, trata de mostrar la relación íntima entre Ser y Valor. Para los griegos eros participaba del logos y, así, amor y razón se apoyaban mutuamente; el cristianismo construye un verdadero ordo amoris y, en Joaquín Xirau, el deseo de acercarse a la Ciudad de Dios.

El amor cristiano es "comunicación de espíritus personales". Esta comunicación se quiebra en el mundo moderno y contemporáneo, porque el hombre de los tiempos recientes escinde Ser y Valor y reduce la "realidad" a materia.

Ser y Valor. El Ser no existe en sí; el Valor es dinamicidad, movimiento. Ser y Valor son términos relacionales y se conjugan para que el Ser adquiera vida y el Valor adquiera objetividad, claridad y transparencia.

Esta unión dinámica, que Joaquín Xirau a veces llama "dialéctica", solamente nos es comprensible cuando somos capaces de percibir la realidad última por medio de la "actitud amorosa" que conduce a la "plenitud espiritual". Si el amor es plenitud y es fuerza, es igualmente renovación del Ser Valor y Ser reunidos para que el Ser viva.

El amor no es aquí el amor pasión, cuya importancia Joaquín Xirau no niega; es el amor que entraña respeto y razón. "El amor es claridad y luz. Ilumina en el ser amado sus recónditas perfecciones y percibe en unidad el volumen de sus valores actuales y virtuales." El Valor no es abstracto; es una relación concreta, plenitud claramente compartida. Naturalmente, Joaquín Xirau no niega los aspectos "naturales" del amor. Aunque lo que le ocupa es el ideal que deberíamos alcanzar, amor puro no realizable del todo en esta tierra.

Lo ha dicho claramente José Luis Abellán: "esta solución a los problemas propuestos requiere una concepción plástica de la realidad". No en vano en los últimos años Joaquín Xirau escribió un texto importante, Las dimensiones del tiempo, que ahora aparece en el libro Amor y mundo y otros escritos. Existe lo que Joaquín Xirau llamaba "volúmenes del tiempo"; pasado, presente, futuro, se imbrican activamente. El tiempo es relación, como muy claramente lo ha explicado Reine Guy: en realidad no existe tiempo sin dimensiones ni duración sin situación: "no hay movimiento sin reposo ni tiempo sin una dimensión atemporal" lo cual, por cierto, era ya el tema del libro Lo fugaz y lo eterno.

¿Cuáles fueron las ideas educativas de Joaquín Xirau tanto en España como en México?

La teoría y práctica de la educación se fundan en las ideas axiológicas y ontológicas hasta aquí expuestas. La actitud de Joaquín Xirau siempre llevaba consigo a la mayéutica. Educar no es tan solo explicar o exponer (aun cuando una y otra cosa pueden ser importantes). Educar es hacer que el hombre, desde su niñez y adolescencia, pueda hacer surgir de su conciencia sus ideas propias. Educar es así hacer que la persona se autoeduque para que, además, el educador también sea educado. La actitud del maestro debe ser, así, amorosa; lo cual no implica que la educación no sea exigente. La disciplina no destruye la vida; la encauza, del mismo modo que el logos encauza al eros.

Educar es abrir el camino para que seamos amorosamente libres. Y si educar es amar, lo es en un sentido muy preciso. Educar es fundar un posible ordo amoris, un orden de amor. Escribe Joaquín Xirau citando a su admirado y admirable Ramón Lull: "El amor ha sido creado para pensar."

Lo he repetido en varias ocasiones. Mi padre me dijo y dijo a varios de nosotros que en México había descubierto a España. Otra España, en efecto; la de los humanistas, la de Vives, la de Sahagún, Las Casas, Vasco de Quiroga. En todos ellos hay algo de común y de valor especialmente importante en nuestros días de desvalor, el "orden del amor".

Joaquín Xirau, quien creía en la palabra hablada más que en la palabra escrita, tuvo discípulos en Barcelona, en México,, en París, en La Habana. Todos ellos coinciden en verlo, ahora, a 40 años de su muerte, como el gran maestro fervoroso que quiso enseñarnos los caminos para evitar el egoísmo, para evitar el nihilismo, para alcanzar la "concordia".