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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1986

RODOLFO VAZQUEZ. El tema de Dios en José Gaos


No hay más que dos clases de personas a quienes se puede llamar razonables: los que sirven a Dios de todo corazón, porque le conocen; o los que le buscan de todo corazón porque no te conocen.

Pascal

POCOS años antes de la muerte de Gaos, ocurrida en 1969, un entrañable amigo suyo, Max Aub, le inquiría de la siguiente manera a propósito de la preparación de unas lecciones sobre Dios para el curso que luego se publicaría con el título de Del Hombre: "¿Qué podrás escribir de nuevo sobre tema tan trillado? y ¿qué interés podrá tener lo que escribas, aunque fuese nuevo, sobre tema tan sin actualidad? "Dios a la vista' fue una falsa alarma." [Nota 78] El desarrollo de la conversación fue en buena parte, para Gaos, un intento de justificar la actualidad del tema de Dios a partir de la crítica a la idea orteguiana de razón vital, considerada como el tema de nuestro tiempo, para sustituirla, precisamente, por el de Dios.

De la justificación de Dios nos ocuparemos más adelante. Lo que nos interesa señalar ahora, en esta breve introducción, es el hecho de que al formular tal pregunta, Max Aub tocaba un punto delicado en la vida de Gaos. Por esos años, los últimos del filósofo, era manifiesta su preocupación ante la posibilidad de convertirse o de ser ya un filósofo rezagado. [Nota 79] Su interés por el tema de Dios parecía indicarlo, ya que se tataba, a juicio de la época, de un "problema superado", especialmente en nuestra sociedad, calificada por muchos de irreligiosa y secular. Resulta difícil saber si en el interior de Gaos tal preocupación dejó de serlo; sin embargo, nos queda una pregunta suya, o un pensamiento en voz alta, que revela la tensión que Gaos experimentaba entre el interés por el porvenir de la humanidad a través de una permanente actualización, con el riesgo de incurrir en la infelicidad personal y en algo que hoy llamaríamos, con términos de Kundera, "modernidad disfrazada de Kitsch", y el interés por el porvenir personal, con el riesgo de ser reaccionario por egoísmo histórico", como se lo expresó el mismo Max Aub:

¿Será algo esencial al hombre, y por lo mismo imposible que sea de otra manera, o será posible el caso de quien no sea capaz de interesarse, al menos desde cierta edad de la vida, por nada realmente actual y con porvenir, sino únicamente por cosas caducas, pasadas, irrevocablemente, y que por ello se viva a sí mismo como rezagado, anacrónico, mero superviviente, sin futuro y sin remedio --y sin desesperación, antes muy satisfecho o feliz así, más que haciendo esfuerzos por ponerse al día y contribuir al futuro, asegurándose, siquiera en cuanto anónimo contribuyente a él, un porvenir?-- porque hace tiempo que vengo pensando que tal caso sería el mío.

-- ¡Hombre, Pepe.

-- Sí, y lo peor, quizá, para los demás, porque no para mí, es que no consigo convencerme del deber de hacer tales esfuerzos, antes creo que hay el derecho a no hacerlos... [Nota 80]

Pero si la preocupación por el tema de Dios ocupó la atención de Gaos al final de su vida, [Nota 81] hay que señalar que en 1945 concluye su libro 2 Exclusivas del Hombre, con una declaración que reflejaba su interés por el tema y que al mismo tiempo era un programa intelectual:

Una antropología no puede ser acabada si no acaba en una teología. No tanto no podemos empezara hablar de Dios, sino hablando primero de nosotros mismos por cuanto no podemos acabar de hablar de nosotros mismos sino hablando por último de Dios.[Nota 82]

Del Gaos de los años cuarenta al Gaos de los años sesenta existe una evolución, un proceso de búsqueda, que comienza por el Dios de la razón para terminar con el Dios de la voluntad: del Dios como ideal de la razón al Dios como bien infinito. Y creo que al igual que Spinoza, quien al final logra el abrazo entre el Dios de la razón y el Dios del bien en ese exquisito libro V de la Etica, Gaos encontrará la unión, no desde el panteísmo ciertamente; sino desde el hombre, a través de una realidad que en los últimos años se le muestra con gran claridad: el amor.

Ahora bien, el proceso de búsqueda, y al final, el encuentro con la realidad del amor, requirió de un método, o mejor, de un punto de partida que Gaos intuyó desde los años cuarenta y que definió los alcances de su futura reflexión sobre Dios: el ateísmo. Detengámonos unos instantes en el ateísmo antes de pasar a la justificación del tema que nos ocupa.

El ateísmo como punto de partida

Del Dios como ideal de la razón...

... al Dios como Bien infinito

A manera de conclusión


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