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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1986

El ateísmo como punto de partida


Sin lugar a dudas, en las elecciones que van de la XXV a la XXXVIII de su libro Del Hombre está la exposición más lograda de Gaos en torno al tema de Dios. En ellas, Gaos asume, explícitamente, el giro "copernicano" de dar razón científica de Dios probando su existencia a dar razón científica de la concepción de lo divino por el hombre, investigando el origen de esta concepción. El paso de la metafísica a la antropología es un cambio de fundamentos que debemos, y debe Gaos, a Kant. Pues sabemos que a partir de Kant toda especulación en torno a la existencia de Dios se hará sobre la base de alguna actividad humana. Si a la búsqueda de Dios la denominamos con el término general de religión, entonces diremos que a partir de Kant Dios ya no está antes de la religión sino después. Y ésta no se guiará ya por una ciencia que demuestre la existencia y la naturaleza de la divinidad, sino que será el hombre quien las postule a ambas a través de lo que el mismo Kant llamó una "fe práctica".

A partir de Kant, y así lo entiende Gaos, se tratará de asumir nuestra condición de hombres frente a lo divino con este carácter neutro, pero se asumirá en cuanto filósofo. Esto supone para Gaos una opción: si el filósofo quiere ser tal, tendrá que ser ateo en serio, siquiera un instante. Así lo expresó en 1942 durante una mesa redonda en la que también participaron Vasconcelos, Gallegos Rocafull, Nicol, Paz, García Bacca, entre otros. Vale la pena reproducir algunos fragmentos del diálogo entre García Bacca y Gaos:

García Bacca --... Entonces, muy bien sería posible que entre los dones de Dios se contase también el don que sería el propio de la vocación filosófica: el dejarle a uno de su mano, para que sea filósofo... El filósofo sería el hombre que se propone ver hasta dónde se puede ser pura y simplemente hombre y filósofo. En suma, entre el ser del filósofo y el del místico habría una diferencia importante, ciertamente. Pero yo me inclinaría a hablar, no de un cambio de ser, sino simplemente de un cambio de densidad del ser, por el cual éste quedaría a mayor o menor altura...

Gaos --No puedo menos de decir una cosa. Su idea de la filosofía, querido y admirado García Bacca, se resumiría en esta proposición: un "estar dejado de la mano de Dios como don de Dios", un "ateísmo como don de Dios". Ahora bien, esta frase tiene dos partes, y me parece que la segunda, "como don de Dios", no puede preferirse en tanto esté real, verdaderamente vigente la primera. En cuanto dejado de la mano de Dios, en cuanto filósofo, el filósofo no puede considerarse dejado de la mano de Dios como don de Dios, no puede ni siquiera considerarse dejado de la mano de Dios, no puede considerar su ateísmo como don de Dios, lo que sería una contradicción en los términos mismos. El ateísmo, si se quiere instantáneo, del filósofo ha de ser, siquiera un instante radical. El filósofo tendría que ser un ateo en serio siquiera un instante. La segunda parte de la frase no la ha proferido usted, pues, en cuanto filósofo, sino en cuanto místico. [Nota 83]

Un año más tarde, ejemplificaba este mismo punto:

En cuanto a Santo Tomás, ¿pueden escribirse con sentido estas palabras: "Si Dios es", sin siquiera por un instante "poner entre paréntesis" la fe en Dios y la propia pertenencia a la Iglesia Católica y la comunión de los santos, a la "comunidad católica, a la Cristiandad? ¿Afirmaré rotundamente que Santo Tomás es ateo siquiera hasta haber escrito "y este motor todos lo entienden como Dios"? No gustaría de escandalizar a nadie. Por ello, insinuaré otra cosa. Creada por ateos, siquiera instantáneos, pero instantáneamente auténticos, la filosofía puede ser recreada, bien que sin la misma autenticidad, por creyentes. [Nota 84]

Hay que entender que no se trata de un ateísmo positivo, es decir, de un combate permanente contra Dios y contra todo lo que nos recuerde a Dios, como sería el caso de Nietzche y en parte el de Sartre; tampoco un ateísmo negativo por el que se rechaza a Dios para reemplazarlo por un vacío, por ejemplo, a la manera de Camus o mejor aún de Cioran. Gaos está muy lejos de emular la lucha de Jacob y más lejos aún de caer en el nihilismo. Más bien nos encontramos ante un ateísmo metodológico, un ateísmo transitorio éticamente indiferente, pero que en todo caso distingue al filósofo del teólogo y del místico y del simple creyente. El filósofo "sería el hombre que se propone ver hasta dónde se puede ser pura y simplemente hombre y filósofo". El que asume el riesgo de estar "dejado de la mano de Dios". Se trata del ateismo, tomando este término en su sentido estricto: ni teísmo, ni antiteísmo, sino una suerte de indiferencia o de no pronunciamiento sobre Dios.

Sin embargo, en los años cuarenta este planteamiento con respecto al ateísmo metodológico fue pensado desde la perspectiva exclusiva de la razón teórica, desde el Dios de la razón; y, por supuesto, la conclusión inevitable fue la indiferencia ante lo divino. Pero a la rigidez racional de los años cuarenta le sucedería el voluntarismo de los sesenta, a través de un proceso de asimilación y superación: se asume el ateísmo como punto de partida no para concluir en la indiferencia sino para saltar al Misterio, al Dios de la voluntad, al Bien infinito concebible a partir de la realidad del.

Hecha esta aclaración, pasemos a la justificación de Dios siguiendo la reflexión de Gaos en las lecciones citadas de su libro Del Hombre.


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