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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1986

Del Dios como ideal de la razón...


Gaos parte de una distinción elemental anticipada ya por la escuela fenomenológica: la existencia metafísica es distinta de la existencia fenoménica. Por esta última, entiende aquélla que se hace patente para o al sujeto y no en el sujeto para evitar cualquier forma de idealismo, por existencia metafísica entiende aquella existencia independiente de toda presencia de sujeto alguno, aquélla que "existiría aunque no existiese sujeto alguno para el que pudiera existir o que pudiera presenciar en forma alguna tal existente".[Nota 85]

La existencia metafísica, piensa Gaos, es susceptible de ser concebida, precisamente, a partir de la negación de la existencia fenoménica. Por ejemplo, si la existencia fenoménica de esta mesa se define siempre por su estar presente para o al sujeto, se comprende que con respecto a ella misma sería contradictorio concebir su no existencia: no podemos afirmar y negar al mismo tiempo la presencia y la no presencia de esta mesa; sin embargo, para concebirla como existente a pesar de no percibirla sólo es posible en la medida en que su existencia sea concebida metafísicamente. Por lo tanto, "el estudio de la condición de posibilidad de la negación, o de pensar el concepto 'no presencia' o 'inexistencia' sin contradicción, nos ha traído de la negación de la presencia o existencia de los fenómenos al pensar el concepto 'existencia metafísica', o 'existente metafísico'. [Nota 86]

La cuestión que salta inmediatamente a la vista es la siguiente: ¿qué relación guarda la existencia fenoménica con la existencia metafísica? Esta pregunta obliga a Gaos a hacer un breve rodeo por la doctrina clásica o diríamos mejor, por la doctrina escolástica, que por su interés para el tema que nos ocupa vale la pena dedicarle unos minutos.

Gaos comienza por cuestionar, aunque después rectifica, la teoría de los trascendentales. Nos recuerda los trascendentales enumerándolos en el siguiente orden: res o esencia, ens o ente o existente, verum o verdadero, bonum o bueno, aliquid o algo y unum o uno. El ente o existente, agrega, sería "el trascendental por excelencia, porque su esencia es la existencia".[Nota 87]

A partir de las definiciones de existencia metafísica y de existencia fenoménica dadas más arriba, y de la distinción entre ambas, Gaos rectifica esta teoría sustituyendo el trascendental existente por el de existencia, naturalmente, porque los trascendentales deben decirse por referencia al sujeto y porque a priori es imposible concebir la identidad de esencia y existencia. Hecha esta primera rectificación, la segunda se sigue sola, la existencia, como su negación, la inexistencia, son modalidades al igual que las parejas de necesidad y contingencia, y de posibilidad e imposibilidad; y, como tales, se conciben en el orden fenoménico.

Ahora bien, si estas parejas se definen como modalidades, deben de serlo de alguna substancia, pero ¿de cuál?: "La tradición", afirma Gaos, "distingue en el ente o existente 'creado' o 'finito' la esencia y la existencia, a las que identifica con el ente 'increado' y 'creador' o 'infinito'. La distinción de ellas en el ente o existente es a una un ponerlas en éste en una relación que no se concibe expresamente como la relación entre una substancia y su modo, sin duda por no concebirse como un modo la existencia misma". [Nota 88] Nuevamente, la tradición debe ser rectificada, por una parte, a partir de una nueva definición de los términos de la relación, a saber: existente =ente (esencia+propios y accidentes distintos de la existencia) + existencia; y, por la otra, y a partir de esta nueva definición, entendiendo que la existencia se halla en relación al ente como el modo se halla en relación a la substancia.

Bajo esta interpretación, que no es otra sino la que desde Avicena, Maimórides y Escoto, con más o menos diferencias, sigue una misma línea hasta Heidegger. [Nota 89] Gaos responde a la pregunta por la relación entre existencia fenoménica y existencia metafísica, cerrando así el rodeo por la doctrina escolástica: la existencia fenoménica, se concibe como la presencia de un existente y por éste --la existencia metafísica-- se entiende la substancia modalizada por la existencia.

Aclarada la relación, Gaos da un paso más. Hablar del existente como la substancia modalizada por la existencia es hablar del existente finito distinto del infinito. En éste, el ente y la existencia se identifican; en el existente finito, como ya hemos visto, se distinguen. Y es esta distinción la que permite concebir en ellos sus apariciones y desapariciones, aún las más radicales: la creación y la aniquilación: "El concebir las apariciones y desapariciones de entes como creaciones y aniquilaciones, afirma Gaos, es concebir como distintos el ente y la existencia o presencia incluso en el caso de 'la nada ': si lo existente y la existencia o presencia fueran idéntica 'cosa', lo existente existiría siempre, o sin más, que sería el susodicho concebir su 'existencia' como 'infinita', o la identidad del ente y la existencia". [Nota 90]

Por otra parte, hay que caer en la cuenta de que el aparecer y desaparecer, si resultan comprensibles fenoménicamente, no lo son tanto cuando pensamos en la relación nada-existencia (creación) o existencia-nada (aniquilación). Este par de conceptos exigen que se responda urgentemente a la siguiente interrogante: ¿qué relación guardan las existencias finitas con el existente infinito? o para decirlo ya por su nombre ¿con Dios?

Gaos no duda ni un instante cuando afirma que la cuestión sobre lo infinito "Es la cuestión suprema de la razón humana, o sea, de la esencia del hombre, o sea, de la antropología filosófica, y de este curso" porque "la razón es, en último, sumo irrebasable término, pensamiento de lo infinito" y de esta manera, en una frase que nos trae a la memoria a Pascal, el hombre puede definirse como "el animal que niega, que aniquila in mente, que piensa 'la nada', pero también el animal que piensa lo infinito". [Nota 91]

Pues bien, entre las posibles relaciones entre esencias y existencias finitas o infinitas, o, en la terminología de Gaos, entre entes y existencias finitas o infinitas, cabrían las siguientes:

1) ente finito de existencia finita

2) ente finito de existencia infinita

3) ente infinito de existencia finita

4) ente infinito de existencia infinita.

Pero están todas igualmente exentas de contricción?... ¿son posibles como existentes metafísicos? [Nota 92]

De nueva cuenta, Gaos tiene necesidad de hacer un rodeo por la doctrina escolástica en torno a las pruebas de la existencia de Dios: por la contingencia, por el movimiento y la causalidad, la ontológica, por los grados, por las ideas y por la felicidad.

A partir de las pruebas, y de las cuatro combinaciones señaladas, dos son de conceptos de imposibles, aparte de los conceptos 2 y 3, y sólo las otras dos son de conceptos de posibles, excepto los conceptos 1 y 4 o posibles metafísicamente. Con respecto a los dos primeros, es imposible la 2 porque de acuerdo en este punto con la razón tradicional: una esencia finita no tiene potencia más que para una existencia finita, no para una existencia infinita; no puede lo más salir de lo menos, o bien, no puede ser el efecto mayor que la causa. Es imposible la 3 porque no es verificable la verdad del postulado "existe una esencia infinita" para que a partir de él se hicieran comprensibles las existencias finitas. [Nota 93]

Pero sí son posibles las dos segundas porque tanto la finitud de la esencia y de la existencia 2, que hace posible su distinción, como la infinitud de la esencia y de la existencia 4, que hace posible su identidad, se requieren mutuamente. Al igual que en Escoto, para Gaos existe una distinción real absoluta entre el infinito y lo finito. [Nota 94]

La conclusión resulta obvia. Al final del recorrido, la razón teórica termina en una antinomia radical: lo finito o lo infinito, o si se prefiere "la inexistencia de lo existente" o "la nada", y "lo infinito" o "Dios".

Ante esta antimonia, sólo resta optar, no por motivos racionales sino por motivos irracionales, a través de lo que Gaos denomina "emociones" o "mociones", objeto ya de nuestro siguiente apartado.


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