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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1986

LIZBETH SAGLOS. La sugerencia filosófica


RAMÓN Xirau se ha manifestado siempre como un pensador que concede mayor importancia a los problemas existenciales que a los teórico-rigurosos. Para él la filosofía no consiste tanto en un sistema de proposiciones coherentes y bien fundamentadas sino en "una razón de vida; una razón hecha de amor." [Nota 125] Desde esta perspectiva sus preocupaciones filosóficas se inscriben dentro del ámbito del humanismo, y el estilo expresivo que él elige es el ensayo. Xirau no pretende hacer demostraciones exhaustivas, sino que más bien intenta "apuntar o bosquejar" [Nota 126] líneas de pensamiento. Su discurso se encuentra así entre la intuición y la reflexión profunda, entre la lucidez y la brevedad, entre el decir y el sugerir. También son características suyas el juego y la invención. A Xirau le gusta interrumpir la escritura para recomendarnos un libro, para evocar un recuerdo personal o para proponernos, a veces, una nueva palabra, y otras veces para proponernos una nueva manera de ver las cosas. Por ejemplo, en uno de sus últimos escritos, en Ars Brevis, Xirau se permite jugar con las diversas manifestaciones artísticas diciéndonos: "Maravillosos poemas la catedral de Chartre; espléndida música el David de Miguel Angel; espléndida escultura un soneto de Góngora." [Nota 127] El juego aparece como el complemento obligado de un constante ensayar.

Y podemos preguntarnos: ¿qué significan en la obra de Xirau el ensayo, el bosquejo, y la sugerencia?

En un pequeño libro llamado Comentario, Xirau nos dice que el ensayo es la forma expresiva que le permite abordar diversos problemas con precisiòn y exactitud. [Nota 128] No obstante, más allá de lo que él mismo reconoce, quizá pudiéramos decir sin falsear la propia intención de Xirau, que el ensayo no sólo representa en su obra una manera de hablar, sino que forma una unidad indisoluble con el contenido de su filosofar. Su intención de expresarse mediante sugerencias, no parece ser ajena a aquello de que nos habla.

Aparentemente, Xirau trata una gran diversidad de temas, entre los cuales cabe resaltar, pro ejemplo, la relación entre poesía y conocimiento; el problema de las crisis y el desarrollo del pensamiento filosófico; el innatismo o no innatismo de las ideas; el problema del tiempo; la diferencia entre "ser" y "estar"; el pensamiento místico de San Juan de la Cruz, Meister Eckhart y Simone Weil (entre otros autores); y la relación entre palabras y silencio. Sin embrago, detràs de esta multiplicidad es posible encontrar que, en última instancia, Xirau toca constantemente un solo tema, y que éste sólo puede ser comunicado mediante esbozos. Pues en efecto, su filosofar toma como centro referencial " lo indecible", y ¿cómo pretender hablar de ello si no es ensayando diversas maneras, siempre truncas y siempre insuficientes?

El pensamiento de Xirau se nos escapa toda vez que pretendemos encontrar en él una teoría del hombre, del mundo o del conocimiento, pues él no nos entrega teorías, sino ideas que remiten a lo que no se puede decir. Y lo indecible parece residir en lo que Xirau llama "lo religioso". El filosofar del autor de Palabras y silencio es incomprensible sin la religiosidad. Empero, es necesario aclarar que los religioso no significa en la obra de Xirau el apego a unos dogmas determinados, sino que significa el reconocimiento de la tendencia original del hombre a religarse con el infinito. Con base en las ideas consolidadas de una metafísica tradicional. Xirau distingue entre el fundamento y lo fundado, entre lo infinito y lo finito, entre "ser" y "estar". El fundamento es lo eterno, lo absolutamente permanente, es lo que pertenece a la divinidad; mientras que lo fundado es lo contigente, lo temporal y relativo, es lo que pertenece al mundo humano. A partir de esta dualidad, el hombre es caracterizado por un afán constante de relacionarse con la eternidad, aunque sólo sea "rasgándola" mediante la vivencia temporal, pero atenta y consciente de lo que existe. [Nota 129]

Lo "indecible-religioso" se manifiesta de manera muy particular, por un lado, en las reflexiones de Xirau sobre el origen de las palabras y por el otro, en sus reflexiones acerca de la relación entre poesía y conocimiento. El autor de Palabras y silencio se pregunta cómo es posible hablar y encuentra que hablamos gracias a la conjunción de "la palabra" (en singular) y el silencio. "La palabra" o "el habla" es lo ilimitado, lo infinito, el fundamento del que surgen todas las palabras, y ella implica necesariamente el silencio: "...la palabra entraña silencio y el silencio palabra: y solamente podemos dejar de hablar si existe ya el habla; solamente podemos hablar si antes, después, aún y, durante el proceso de hablar estamos habitados por el silencio." [Nota 130]

Y el silencio, nos conduce a lo infinito, a aquello que sólo es expresable en relación con lo religiosos. Pues el silencio no es entendido por Xirau como el intervalo entre discurso y discurso, ni tampoco como el mero "estar callado", sino que se trata de la intimidad y la soledad irreductible de cada persona que sólo encuentra su auténtica caracterización en el pensamiento de San Juan de la Cruz: "Hay que regresar a lo ilimitado(...) Hay que regresar a nosotros mismos, a nuestra quietud silenciosa,(...) para oír el verdadero decir de la "palabra": su decir anunciando, pronunciado y callado. Allí a lo que San Juan llamó la soledad sonora; lo que San Juan llamó la música callada [ ... ] Se trata de encontrar la palabra callada [ ... ] Se trata de encontrar la palabra callada que está en todos." [Nota 131]

Por otra parte, lo religioso se hace presente --como hemos dicho-- en la relación que Xirau encuentra entre poesía y conocimiento. Aparentemente estas actividades son opuestas, pues mientras la poesía consiste en un decir emotivo e inspirado que procede mediante ritmos, cantos e imágenes, el conocimiento consiste en un decir racional, exacto y preciso que procede mediante ideas claras y distintas. Pero a pesar de estas diferencias, es posible advertir que ambas actividades se ocupan de las cuestiones últimas del vivir humano, tales como: "nuestro origen, nuestro destino, el tiempo, la vida misma, la posible inmortalidad y la posible divinidad." [Nota 132] El conocimiento de estas cuestiones últimas no se reduce a ninguna ciencia ni a ningún estilo poético, sino que consiste más bien en un conocimiento superior que es el religioso. "¿Por qué unir estos dos términos poetizar, conocer? En esencia porque tanto la poesía como la filosofía son formas de un conocer más amplio, un conocer religioso." [Nota 133]

Con el conocimiento religioso volvemos nuevamente a lo indecible, a lo meramente intuido y no fundamentado, ya que como el propio Xirau lo reconoce, la divinidad y la inmortalidad son sólo posibles. De ahí que su discurso sea un constante aludir a lo indemostrable. De ahí también la importancia que Xirau le concede a la paradoja. Pues --junto con Kierkegaard-- considera que lo propio de ésta no reside en hacer demostraciones sino en advertir los polos opuestos que mantienen la realidad en tensión. Así, la paradoja nos ayuda a abrir, e incluso a romper el lenguaje cerrado que se atiene a lo finito: "Somos paradójicos porque desde nuestra finitud --y por lo tanto desde nuestro lenguaje finito-- queremos a veces decir lo infinito para lo cual carecemos de lenguaje: para lo cual necesitamos usar el lenguaje, romperlo y abrirlo a lo no del todo decible: el amor, lo numinoso, la angustia, el gozo, la alegría." [Nota 134]

Para el autor de Poesía y conocimiento, la existencia está compuesta por una serie de elementos binarios que no admiten reconciliación sintética entre ellos. Sin embargo, al negar la posibilidad de una síntesis de los contrarios, Xirau no niega que exista unión entre ellos; más bien pretende negar la unión que propone la dialéctica hegeliana, en la cual él advierte una supresión de los opuestos. Así la dialéctica es vista como lo opuesto de la paradoja, pues mientras la primera parece suprimir la tensión de la realidad, la segunda la mantiene. De acuerdo con ello Xirau afirma: "Ignoro si la dialéctica es o no una lógica válida. Pero existencial mente me inclino a pensar como Kierkegaard que la verdad no está en la dialéctica puesto que ésta acaba siempre en un compromiso." [Nota 135]

La unión es pensada por Xirau más como un acercamiento que como una fusión, pues existencialmente --que es lo que a él le importa-- los opuestos radicales son lo finito y lo infinito, criatura y creador, hombre y Dios, y entre éstos, no parece haber fusión posible. Es por ello que el autor de Palabras y silencio considera como un momento crítico de la filosofía todos aquellos momentos --en especial el que parte del siglo XIX-- en que el hombre se diviniza a sí mismo y a sus obras. Pues con tal divinización lo infinito, la divinidad, queda reducida a lo finito y adquiere entonces el estatuto de un ídolo. "...lo que llamamos 'crisis" consiste siempre en tomar la parte por el todo y absolutizar la parte como si la parte fuera de hecho el todo. Deificar la parte llámese placer, llámese intelecto, llámese Progreso o Historia o llámese Hombre; [es decir] cuando el hombre intenta a veces sin saberlo convertirse en su propio dios y acaba por convertirse en su propio ídolo." [Nota 136] Xirau reconoce como exponentes de esta crisis tanto a Feuerbach como a Nietzsche y Marx, a Hegel como a Stirner y Comte, pero en especial dialoga con Hegel, pues en él cree advertir precisamente la imposibilidad de suprimir la tendencia religiosa. Hegel aparece ante Xirau con un doble aspecto. Por un lado, él es el iniciador de la crisis; Hegel intenta sustituir a Dios por el hombre; pero por el otro, está presente en él --aunque de una manera inconfesada y perturbadora-- una religión, una fe, e incluso una tendencia mística. En Tres ensayos sobre Hegel, encontramos que "Hegel es, en efecto, un místico, que no quiso o no pudo serlo [ ... ] es un panteísta que siguió creyendo acaso sin saberlo, en el dios cordial de su juventud." [Nota 137]

Por esta presencia constante de la religión, por esta manera de decir que tan sólo anuncia y sugiere, podemos decir que el pensamiento de Xirau constituye una manera muy particular de filosofar. Podemos decir también que en tanto que en él parecen estar ausentes el rigor y la sistematicidad, su discurso es susceptible de ser cuestionado desde varios puntos de vista. No obstante, más allá de las posibles críticas nos parece importante resaltar que los bosquejos y alusiones de Xirau se dirigen siempre a la búsqueda de la sabiduría. Esto es, a la conquista de un saber formativo del hombre, por medio del cual el hombre pueda llevar una vida armónica entre sus diferentes tendencias. En Ars Brevis leemos: "Pienso, en efecto, que nuestra vida debe buscarse en la presencia, en la unión armoniosa de la palabra, la razón, el juego, el mito, el amor." [Nota 138] Dicho de otro modo, si bien es cierto que el carácter filosófico de la obra de Xirau puede ponerse en cuestión por la ausencia de sistematicidad y rigor, también es cierto que en él está siempre presente la búsqueda de sabiduría. Así su pensamiento puede llamarse filosófico, pues al parecer, la filosofía no es solamente ciencia, sino también sapiencia.

De este modo, y para terminar, la obra de Ramón Xirau pudiera resumirse, quizá, como una constante invitación al autoconocimiento. Al final de Ars Brevis, Xirau nos cuenta su primer viaje a Grecia y concluye su relato con una frase que parece aludir al mismo tiempo al oráculo délfico, a Heráclito, y al mito platónico del alma tripartita, a saber: "Elauriga mira hacia una meta: esta meta somos nosotros mismos. "Nada más que tal autoconocimiento no sólo es concebido como la necesidad de asumir las propias posibilidades y los propios límites, sino sobre todo, como la posibilidad de comunicarse con los otros y conocerse a sí mismo y al mundo a través de ellos. Por esto, Xirau entiende el conocimiento según el significado que le daba Claudel, es decir como un conocimiento: "Conocer no es solamente analizar (palabras, conceptos, ideas). Conocer es, al mismo tiempo, percibir, sentir, nacer con el mundo, con los otros, con el otro."