©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1986

4. Un dédalo de imágenes


A tal punto vive Idriss como prisionero de una red inextricable de imágenes que, convertido ya en barrendero de una alcaldía parisina, desempeña el papel de barrendero en la realización de un film en el que no estaba prevista su actuación.

A continuación un francés mitómano le transmite irreconocibles imágenes de su propio desierto.

Otro francés, cineasta de oficio, quiere convencerlo de la realidad que tiene para él el desierto en El principito.

Con un gesto que no deja de revelarse inútil, Idriss intenta sacarse de encima las fantasmagorías que lo asedian:

Otra historia que no comprendo. Todo el mundo me habla del desierto desde que lo dejé. En Béni Abbes lo metieron en el museo. En Béchar lo pintaron en un lienzo. En Marsella vi un anuncio sobre el paraíso de los oasis. Cené con un marqués que me habló de la Antinea de M. Benoit,del general Laperrine, padre de Foucauld, y de la Legión Extranjera. Y ahora me sale usted con su principito. No comprendo nada de todo esto y, sin embargo, es precisamente en ese desierto en donde nací (pp. 164-165).

Por todo lo que le ocurre la reacción de Idriss es, pues, estéril. Idriss no es Idriss, sino una sucesión intermitente de imágenes, porque nuestra época es una época de imágenes, y cualquier intento de escapar a ellas resulta, en el mejor de los casos, frustrante, y quizá sólo sea posible enfrentar, en la medida de nuestras posibilidades, nuestras propias imágenes, como las enfrenta, de manera genial, Michel Tournier.


AnteriorRegresoSiguiente