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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1986

5. La vida es imágenes


Probablemente es sólo un equívoco pensarlo, pero tal vez nada más nos queda soñar un sueño de sombras chinescas que únicamente nos puede proporcionar el cine, púrpura o en blanco y negro,

Porque nosotros --le confia Archour a Idriss-- privados de todo, sólo tenemos el sueño para sobrevivir, y es precisamente el cine el que nos proporciona el sueño (p. 169).

Pese a todo, Idriss no va al cine, y su sombra chinesca es su propia vida. El mismo es el cine (p. 169) y su vida es una imagen, falseada, del Cándido del desierto, del ingenuo del oasis de Tabelbela, donde nació y vivió, hasta que renunció a los orígenes porque en el mundo árabe parece que sólo hay dos tipos de hombres: los que se van... a París, o los que se quedan... en el desierto.

En París, o en cualquier otro lado, Idriss no es más que una divertida y terrible imagen de él mismo. Es una terrible y divertida imagen cuando, al acompañar a un camello a través de París desemboca en el Jardín de Aclimatación donde los espejos que deforman la imagen lo hacen verse hinchado, filiforme, partido en dos... Así vista, su imagen es encerrada dentro de la vitrina que lo convoca a un quebrantamiento y, por esto, su primera mirada sobre el norafricano que es él mismo está llena de ternura... o de ingenuidad.


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