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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1986

Jaime Perales Contreras: Yukio Mishima, Le Japon Moderne et L'Ethique Samourai


Yukio Mishima, Le Japon Moderne et l'Ethique Samourai,France, 1985, 148 pp (ISBN 2-07-070360-6)

Lo que más ha llamado la atención en Mishima es, tal vez, su habilidad para sorprender: sorprendió a sus maestros a la edad de cinco años al utilizar la literatura como juego; a los doce sorprendió a diversos grupos intelectuales al improvisar indistintamente poemas tanto en japonés contemporáneo como arcaico; a los veintitrés sorprendió a muchos lectores consagrándose como escritor a temprana edad. A los cuarenta --dice Vallejo Nájera-- ya es un héroe nacional, y a los cuarenta y cinco de héroe pasa a suicida. La sorpresa terminó en tragedia.

Antes de su muerte Mishima era un escritor para especialistas; ahora todo el mundo lo lee. Razón de más para conocer un libro que influyó tanto en su vida como en la preparación de su muerte: el Hagakuré. Este libro contiene las enseñanzas que el samurai Jocho Yamamoto (1659-1719) le dictó a su discípulo Tsumaroto Tashiro (¿Goethe y Eckermann en Japón?). Durante varias generaciones el libro fue utilizado para la formación de samurais. Aunque hubo un tiempo en que el círculo de poseedores de la sabiduría de Jocho disminuyó (aproximadamente ciento cincuenta años permaneció oculto el documento). Más tarde, gente ajena a la filosofía samurai tuvo acceso a él, pero no fue sino a principios de la II Guerra Mundial cuando el Hagakuré alcanzó un tiraje editorial considerable. Sus enseñanzas fueron difíciles de digerir: "Yo descubrí que la vocación de un samurai es la muerta", frase del Hagakuré que se utilizó para instruir a los jóvenes Kamikaze. Está de más decir que las enseñanzas de Jocho se volvieron a prohibir.

Mencioné las dos historias, la ya conocida de Mishima y la otra no tan conocida del Hagakuré, porque ambas comparten un secreto: la resistencia a morir, a perderse en el olvido de la gente. Mishima es olvido durante un tiempo y el interés renace (recuérdese la transición de la niñez a la adolescencia); el Hagakuré es olvido por un tiempo y el interés renace. Se dice que "no hay resurrección sin muerte" y Mishima y el Hagakuré necesitaron estar lo suficientemente vivos para morir, y lo suficientemente muertos para renacer con la misma fuerza con que murieron. Quizá por esa razón el destino de Mishima y del Hagakuré coinciden con un intermediario: El Hagakuré o la ética samurai de Yukio Mishima. El libro no es muy extenso: ciento cuarenta y ocho páginas que incluyen un prólogo, tres apartados y un apéndice. Las ideas son desordenadas y a veces dan la impresión de no estar articuladas; sin embargo, aun en un idioma que no es el suyo, la calidad de la pluma del autor es indudable como indudable es el propósito de Mishima en este libro: defender la vigencia del Hagakuré, cuyo tema principal es la muerte. Pero Mishima no se limita a hablar sólo de eso, pues La compilación de las enseñanzas del amo Hagakuré (título original de los siete tomos) es mucho más: fuerza de carácter del individuo, pasión, amor (homosexual esencialmente). También da consejos prácticos sobre la vida cotidiana, además de trazar un paralelo entre la sociedad decadente de Jocho y la de nuestros días.

Hagakuré significa: "Oculto entre las hojas". Existen varias hipótesis sobre el origen del nombre. La primera nos remite a una colección de poemas: El Sahka Waka Shu, escrito por un monje llamado Saigyo (1118-1190). En este poemario hay uno cuyo título es envidiable: "A una amante cuando un puñado de flores descansa en los árboles." En el poema aparece un verso que se relaciona con el Hagakuré: "Inmóvil oculto entre las hojas/ En las solitarias llores que descansan en los árboles/ me parece sentir/ La presencia de ella/ Por quien suspiro en secreto." La segunda explicación sostiene que el nombre se deduce de la vida monástica de Jocho Yamamoto, un samurai que después de la muerte de su amo se retira a las montañas, se refugia en una cabaña y se "oculta entre las hojas". La tercera, menos poética, pero no menos interesante, dice que cerca de la cabaña de Jocho existía un árbol Kaki que daba abundantes frutos llamados "hojas ocultas". Finalmente, hay una cuarta: durante el periodo Tokugawa, sobre las tierras del Castillo de Saga, el Castillo de Nabeshima (amo y forjador de Jocho Yamamoto) se encuentra oculto entre los árboles: "Castillo oculto entre las hojas", y sus samurais, por extensión, son "samurais ocultos entre las hojas".

En Occidente, desde la antigua Grecia, existe una oposición entre eros (el amor) y agape (el amor de Dios por los hombres). Al principio eros significaba sobre todo el deseo carnal y trascendió poco a poco hasta llegara la idea del concepto más elevado que conoce la razón). Agape es un amor del espíritu completamente despegado del deseo carnal. El ideal europeo de amor trata al eros y al agape como conceptos opuestos. El culto a la mujer del caballero medieval tenía como base el culto a la virgen María (eros). Ambos eros y agape, están totalmente separados. Según Mishima, en el pueblo japonés esa distinción se confunde: el amor por la patria, el amor por una mujer o por un hombre. Si es puro y casto no difiere en nada de la devoción al señor. Jocho Yamamoto dice que el amor espiritual de un hombre hacia otro hombre estaba considerado en su época como una pasión más elevada y más pura que de un hombre hacia una mujer. Por otro lado, el auténtico amor, y me refiero al más noble, jamás se declara; debe uno llevárselo a la tumba ¿amor oculto entre las hojas? El antiguo japonés sabía distinguir perfectamente entre pasión carnal y amor (cosa que no ocurre en Occidente). Tener relaciones con una prostituta es un sacrificio en el cual el hombre que lo lleva a cabo proyecta todos los apetitos carnales que siente por el ser amado. Uno debe morir de amor porque la muerte purifica e intensifica ese amor: este es el ideal del Hagakuré.

Jocho nos dice: "Yo descubrí que la vocación del samurai es la muerte. Si tu tienes que escoger entre la muerte y la vida escoge, sin dudar, la muerte." Difícil afirmación que posee una justificación que procede del propio Jocho: si una muerte tiene un objetivo honorable éste debe conservarse hasta que se haya cumplido la misión y la muerte, de sobrevenir, no habrá sido vana (aunque ninguna muerte es vana). Morir es el mayor acto de libertad de un hombre, y para que este acto sea realmente libre la decisión no debe recaer más que en el suicida. De allí que Mishima comente que la acción de los Kamikaze jamás fue un acto libre, sino una imposición. Morir por una causa justa implica mucho: preparación y entrega a ese objetivo.

Tres años después de haber escrito este libro de ensayos Yukio Mishima cometería el acto ampliamente conocido por todos. Curiosa casualidad que una frase de Hegel, citada por adorno, resuma gran parte de lo expuesto por Mishima y aun una parte de su vida: "Por eso la única obra y la única acción de la libertad general es la muerte, y precisamente una muerte que no tiene dimensión ni cumplimientos internos algunos."

JAIME PERALES CONTRERAS