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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1986

I Rostro de Georgia


DESPUÉS de la llanura rusa, con sus ondulaciones, sus bosques, sus ríos, extendida sobre más de dos mil kilómetros, del océano Ártico a la cuenca del Mediterráneo, el viajero experimenta, al descubrir el Cáucaso, una especie de asombro. La alta montaña lo acoge en sus desfiladeros; el diente de hielo del Kazbék, volcán apagado, domina ahí amplios valles verdes y dorados. Los hombres que encuentra sobre el camino tienen una singular belleza; llevan el largo sayal de la Edad Media, obstruido en la cintura por el recto puñal que les sirve para cortar el pan... El cochero que conduce el antiguo atelaje de dos ruedas, arrastrado por bueyes rechonchos de cuernos cortos, canta dulcemente para ritmar el paso de sus bestias. Puede ocurrir que componga su canto a medida que avanza, o bien que sepa de memoria admirables estrofas de un poema de amor caballeresco que Shotá Rustavéli escribió en el siglo, XII, en tiempos de la grandeza georgiana. Aquí el trabajo del hombre se empeña en disputarle a los vientos, a la nieve, a la altura, la menor parcela de terreno aferrada al flanco de las montañas. Cerca de las cimas se ven asentarse los campos de trigo sobre pendientes abruptas. Las aldeas poseen una extraña fisonomía: pequeñas casas planas, de techo raso, de gruesas piedras, que a menudo dejan entrar la luz por la puerta, se avecinan, una tras otra, a una masiva torre cuadrada que se inclina un poco porque ya está vieja. Se sabe que en ese pueblo de trabajadores de la montaña las guerras entre familias se proseguían todavía recientemente. A los doce años el niño ya es un hombre en los caseríos que resultan innaccesibles durante seis meses al año por la nieve; es un hombre que monta a caballo y lleva cuchillo y se siente orgulloso y quiere ser libre... El camino se separa de los precipicios, las pendientes se suavizan, se tiene el sentimiento de entrar en un vasto jardín odorífero, se percibe, al pasar, atado en el patio de una hostería, un osezno cautivo con el que juegan los niños y, de pronto, los techos planos de Tiflis se escalonan en el flanco de la roca, por encima del Kurá borbotante. La ciudad rusa, moderna, administrativa y militar se halla al lado, ligada a la vieja aglomeración musulmana por un puente en cuya entrada se encuentra una pequeña mezquita con cúpula de porcelana azul.

Esta es la frontera de varios mundos: Europa, Asia, Georgia cristiana y Asia islámica. Es de formación turca y árabe, muy influida por la Persia vecina. Pero las fronteras, no sólo dividen; también unen. ¿Aún es Europa? ¿Ya es Asia? Me sorprendió la vanidad de esta pregunta y, por encima de los contrastes y desigualdades, la admirable unidad de Eurasia. El Cáucaso: crisol de razas y revoluciones. Todas las invasiones que se han desplegado de Asia a Europa durante milenios han franqueado estas montañas, donde han dejado hombres, lenguajes, tumbas, herramientas. Todos los hombres, en este país, han. aprendido que es duro, muy duro vivir. Hay cuatro grandes razas y una multitud de pequeños pueblos. Hoy, en total, hay unos seis millones de habitantes (en Transcaucasia): georgianos y armenios, cristianos con diferentes ritos, turcos, rusos (estos, que son los últimos conquistadores, son el 4.6%); osetianos o alanos, que son los restos de esos alanos que atravesaron el mundo romano con las invasiones bárbaras y, después, fueron exterminados por los visigodos en España; lesguianos, asirios, abjases, kurdos, ajarios (georgianos islamizados en Batumi), judíos montañeses que son, sin duda, montañeses judaizados, iraníes... Los griegos conocieron este país, a donde los, argonautas habían venido a buscar el vellocino de oro; los romanos conquistaron el litoral... De la Georgia floreciente de los siglos X a XII, bajo David el Constructor y Tamara la Grande, quedan ruinas de castillos, de monasterios, de puentes, de imágenes santas, de libros, de poemas. Para sustraerse a la dominación de los déspotas persas, un rey heracleo solicitó en 1783 la protección de Catalina II, zarina de las rusias. Los rusos no acabaron la conquista del Cáucaso sino hacia 1865. Pero ¿realmente la acabaron?


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