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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1986

IV. Finalidades de la comparación en Aristóteles


Varias son las finalidades que Aristóteles se propone con las metáforas --o comparaciones-- que emplea a lo largo de sus escritos. En primer lugar trata de enseñar algo al que no sabe; o enseñar mejor al que ya sabe. En una palabra, la metáfora o comparación pretenden cumplir una fúnción pedagógica:

El aprender con facilidad es agradable a todos por naturaleza, y, como las palabras significan algo, aquéllas que nos proporcionan enseñanza son las más agradables. Las palabras extrañas no las comprendemos, y ya conocemos las palabras propias. La metáfora es la que sobre todo produce aquel eleícto pues, cuando Homero llama paja a la vejez nos enseña e informa por medio del género; porque las dos se han marchitado. También las comparaciones de los poetas producen el mismo efecto.[Nota 69]

Si se observa con cuidado este texto de Aristóteles, se puede concluir que lo que realmente enseña es la metáfora. En efecto, las palabras conocidas ya no nos enseñan nada y las desconocidas, por razones diferentes, tampoco. Esto nos muestra --como ya se ha podido observar-- la predilección de Aristóteles por lo isomorfo o análogo sobre lo unívoco, en filosofía.

Todo esto tiene gran congruencia con el pensamiento general de Aristóteles. Sabemos, en efecto, que en el Organon dice que existen "cosas más cercanas a nosotros" y que en este sentido son mejor conocidas para nosotros. Existen, por otra parte, objetos que siendo más cognoscibles en sí mismos, lo son menos para nosotros. La demostración, la ciencia, la enseñanza del maestro consiste en llevar al alumno de lo que es más conocido "para nosotros" a lo que es más conocido "por sí o en sí mismo". Esta trayectoria la realiza también la metáfora. La comparación, bien manejada ciertamente, permite que nuestra inteligencia pase de lo sensible a lo inteligible, lo cual es otra manera de expresar lo que ya se ha señalado.

Otro de los objetivos o finalidades que Aristóteles se propone cuando emplea --o cuando enseña el papel de-- la metáfora es aprovechar que ésta --o la comparación-- posee una validez crítica o gnoseológica. Son múltiples los lugares en donde aparece la explicación de Aristóteles en relación con lo que se viene diciendo. Uno, quizá, de los más lúcidos aparece en su Moral o Etica Nicomaquea. Allí nos hace ver que al tratarse del comportamiento humano las cosas no pueden ser consideradas de manera absoluta; es decir, en el caso del hombre y su coniportamiento, las cosas sólo pueden ser aproximadas como, por otra parte, ocurre con la salud, con la medicina y con la navegación. Y, si esto es así, al tratarse de la ética, con mayor razón lo será en cada uno de los casos particulares en los que el mismo sujeto deberá juzgar de la conveniencia --o no-- del acto según las circunstancias; así:

En primer lugar hay que tener presente que las cualidades morales son de tal naturaleza que se destruyen por defecto y por exceso, como vemos en las fuerzas y en la salud, pues nos vemos obligados a valernos de testimonios visibles a propósito de las cosas invisibles. Así, los ejercicios excesivos y los deficientes destruyen las fuerzas, y de modo semejante la bebida y la comida perjudican a la salud, si son excesivas o deficientes, mientras que las cantidades adecuadas la producen, la aumentan, la preservan. Así ocurre también con la templanza, el valor y las demás virtudes. [Nota 70]

Son varios los elementos que integran el aserto, fundamental para nosotros, de que nos encontramos obligados a valernos de testimonios visibles a propósito o acerca de aquello que es invisible para nosotros. Entre estos elementos se encuentran, por un lado, los testimonios, visibles, la necesidad violenta, en ocasiones, que tenemos para recurrir a ellos y las cosas invisibles o, en todo caso, no aparentes, no manifiestas.

Ahora bien, esta necesidad del medio sensible pertenece a la dimensión crítica de la metáfora. Aparece un cariz que estaba ausente en el elemento anterior. En efecto, aquí se trata de un sentido objetivo-subjetivo y no meramente subjetivo como se destacó renglones arriba. Así, vemos que la metáfora remite, conduce al sujeto que está conociendo hacia el objeto invisible --hacia lo inteligible-- que es la meta del conocimiento.

Convine destacar aquí que no puede reducirse esta consideración a la función pedagógica, como más de alguna vez se, ha pensado. En efecto, en esta segunda función la metáfora no sólo ilumina al sujeto en relación con un objeto invisible --función pedagógica-- sino que, además, la metálbra constituye un testimonio objetivo, una cierta prueba de que el objeto invisible, el objeto inteligible es, en realidad, tal y como se presenta, a traves de la analogía con el objeto visible.

En este sentido, podemos decir que la analogía --en la metáfora o comparación-- no viene solamente a iluminar sino que se constituye en la razón de la realidad que analoga.

Esta concepción que Aristóteles tiene acerca de la metáfora lo lleva, incluso, a fórmulaciones prima facie sumamente audaces. En efecto, en Aristóteles encontramos que este dar testimonio tiene un doble carácter crítico-ontológico:

Si damos fe a lo que observamos en los objetos a nuestro alcance, podemos deducir que la naturaleza de la substancia primera es eterna e inmutable. Pues parece que el logos da testimonio a los fenómenos, y los fenómenos al logos.[Nota 71]

En todos los textos que se han mencionado y en sus comentarios aparece la idea de Aristóteles acerca de la realidad; en efecto, para el filósofo griego la realidad no es "unidimensional", tiene varios niveles, no todo se encuentra en la superficie, ni tampoco todo se encuentra en las profundidades. Esto hace, entre otras cosas, que la realidad, en ocasiones nos sea difícil de alcanzar; mejor dicho, su verdad no nos es tan fácilmente alcanzable. La dificultad de hacerlo resulta doble: "Porque, así como se comportan los ojos de los murciélagos para con la luz del día, así también el entendimiento de nuestra alma para con las cosas más claras por naturaleza".[Nota 72]

En otro lugar se refiere a lo mismo aunque procede en sentido inverso: "El demostrar las cosas claras por las obscuras es propio del que no sabe discernir lo que es conocido por sí y lo que no lo es".[Nota 73]

De este esbozo o ensayo acerca de la naturaleza y la ficción que la comparación tiene dentro de la concepción de Aristóteles, podemos extraer conclusiones que permitan tener una noción clara de las ideas que aquí se han expuesto.


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