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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1986

GILBERT HARDY. La espiritualidad en Oriente y Occidente


[Nota 92]

Diálogo continuo e intensificado, apertura del Espíritu y obediencia con fe se necesitan para que el diálogo religioso oriente-Occidente eventualmente favorezca tanto a Oriente como a Occidente.

LEJANOS están los tiempos cuando los cristianos podían vivir su fe completamente aislados de la molesta presencia de "otras religiones". En aquella remota era de espiritualidad interna la cuestión del encuentro con religiones no-cristianas se consideraba dominio exclusivo de los historiadores de religiones, o si no, se le aparecía al cristiano educado con las biografías de santos y mártires de la fe. Además, en el pasado los encuentros religiosos estaban generalmente cargados de implicaciones políticas. Representaban, especialmente en el caso del islam, una amenaza política a la cristiandad. No es de extrañarse que el único diálogo al que dieron paso estos encuentros fuera el de la espada y que su arena fuera el campo de batalla militar.

Hoy el reto es más profundo y las formas de encuentro entre religiones, más sutiles. En nuestra era de comunicación instantánea no hay barreras para evitar que las ideas crucen el planeta y una conciencia más profunda de nuestra pertenencia a la misma familia humana hace no sólo más fácil, sino también más deseable una cierta interfertilización de peculiaridades culturales entre las naciones. La religión no puede considerarse exenta de esta corriente. El hecho es, nos guste o no, que las religiones orientales ya han afectado hondamente nuestro patrimonio espiritual de Occidente [Nota 93] y que, al mismo tiempo, Oriente, también, posiblemente por primera vez en la historia, está acercándose cada vez más a Occidente con el fin de ser instruido por la herencia espiritual cristiana.[Nota 94]

Es fácil ver por qué este nuevo estado del asunto tiene una naturaleza ambivalente. Puede presagiar una indiferencia religiosa, pero también puede indicar un pacto de paz y una nueva era de lúcido entendimiento entre las religiones del mundo. Pero entonces ¿qué postura debemos tomar nosotros, como cristianos, a este respecto?

Sin embargo, antes de discutir esto, y para efectos de mi argumento definiré la religión como el intento permanente del hombre (esto es, de la humanidad) de alcanzar la perfección más elevada.[Nota 95] Generalmente, aunque no universalmente, la idea de perfección más elevada está fusionada con la idea de algún tipo de unión con aquello que es lo más perfecto o con el Uno más perfecto. Por espiritualidad, por otro lado, entenderé la suma total de las creencias y actitudes que entran en la realización de la búsqueda religiosa. Obviamente que cualquier espiritualidad dada también engloba todas las presuposiciones teóricas (la ideología) de la religión particular que representa.[Nota 96] Esto me dará más libertad para hablar en lo sucesivo alternativamente de religiones no-cristianas o de espiritualidades no-cristianas, dependiendo del énfásis que desee darle a los aspectos más teóricos o más prácticos de la búsqueda religiosa.

El problema teórico que respalda ahora la fácilidad o la dificultad del cristiano que observa el presente surgimiento de diálogos interreligiosos es éste: ¿son contradictorias, contrarias o complementarias las diferentes religiones ?,

Y de nuevo, tomadas todas juntas, ¿cómo se relacionan con el cuerpo de creencias y prácticas cristianas ?, ¿ Puede haber, por ejemplo, algún tipo de diálogo entre el Occidente cristiano y el Oriente hindú o budista ? La pregunta es de gran importancia, pues cualquier diálogo que no es acompañado por lo menos con alguna esperanza de entendimiento y que no es respaldado por un sentido de legitimidad sólo se está dirigiendo hacia una catástrofe.

Puede ser útil en este punto recordar algunas reglas elementales de lógica. Las proposiciones contradictorias no pueden ser válidas juntas, así como nada puede ser y no ser al mismo tiempo cuando se le juzga desde la misma perspectiva. Sin embargo, las proposiciones contrarias dejan lugar para algún tertium quid, una síntesis mayor, normalmente realizada en alguna forma del ser más rica y sofisticada. Estas indican, al igual que todas las proposiciones complementarias, la imperfección del planteamiento o la riqueza inherente á la cosa en cuestión, riqueza que no puede ser captada en una idea o no puede ser realizada en un planteamiento.

Lo que se aplica al orden cognoscitivo también se aplica al orden de acción y a las manifestaciones externas. Las posiciones y las actitudes pueden también ubicarse en cualquiera de las tres interrelaciones antes mencionadas. Nuestra pregunta es, entonces, si una espiritualidad no-cristiana es, por definición, opuesta a la espiritualidad cristiana, o si puede serle complementaria. Deseo formular específicamente esta pregunta con respecto a la posible relación entre las espiritualidades del budismo zen y el cristianismo. Más adelante tocaré este punto.

Antes de proseguir es necesaria una distinción adicional: cualquier religión puede apreciarse en dos niveles, de acuerdo a la luz que la ilumina. Iluminadas como estaban con una luz tenue, las religiones sólo aparecen como formas o variaciones de la búsqueda humana de la perfección, como manifestaciones del permanente anhelo del alma de alcanzar un mejor estado.[Nota 97] Pero cuando son iluminadas por una luz mayor, se manifiestan, en sus particularidades, como religiones de un credo particular y de un código definido de comportamiento.

Equipados con estas herramientas conceptuales, asumamos dos declaraciones que propongan la postura cristiana respecto de otras religiones: todas las religiones son testigo, aunque en diferentes grados, del viaje de la humanidad hacia Dios.

A través de sus espiritualidades particulares, incluso las religiones no-cristianas pueden ayudarnos a una mejor comprensión de la verdad de la revelación. La limitación de este ensayo sólo me permite hacer unas pocas sugerencias tomadas de la reciente enseñanza de la Iglesia y del vasto material de religión comparada.

Todas las religiones son testigos vivientes del camino de la humanidad hacia Dios.

Las religiones no-cristianas pueden (o no) ayudamos a comprender mejor, y vivir más auténticamente, la verdad de la revelación

El espíritu de oración zen budista: ¿puede ser integrado a la espiritualidad cristiana?


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