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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1986

Las religiones no-cristianas pueden (o no) ayudamos a comprender mejor, y vivir más auténticamente, la verdad de la revelación


La búsqueda religiosa del alma humana es Una búsqueda concreta, articulada dentro de las diferentes religiones del mundo. Podemos lamentar el hecho de que hay tantas religiones en el planeta y podemos sentir culpa por la idea de que se han cometido tantas hostilidades a través de la historia de la humanidad en nombre de la religión. Pero demorarse en estos hechos sería un terrible error: de hecho, sería el desdén de una gracia que es únicamente nuestra, a saber, la gracia de la reconciliación y el entendimiento entre las religiones, la gracia de aprendizaje y disculpa mutuos. Pero debemos admitir que este momento de gracia está cargado de peligros dado que ahora podernos estar tentados a movernos de una actitud previa de rechazo total a una actitud de aceptación acrítica-postura que podría poner en peligro, o incluso traicionar, los tesoros de la palabra de Dios ocultos en los evangelios. El diálogo sólo puede ser fructífero si es sincero e intensamente indagatorio. Tal aventura intelectual-espiritual requiere de fidelidad a la tradición personal junto con la humildad de la apertura hacia otras convicciones. Un ejemplo de tal actitud ha sido dado recientemente por el arzobispo Jadot, presidente de la Secretaría de no-cristianos, cuando declaró: "Estoy consciente de la unicidad de La revelación de Cristo Jesús. No nos ha sido dado otro nombre para la salvación. Sin embargo, otras tradiciones religiosas pueden ayudarnos a una comprensión más profunda de todo lo que Jesús nos ha enseñado en la iglesia por casi 2 000 años."[Nota 102]

¡Qué lejos está esta posición de la generalmente autocomplaciente actitud de la teología católica preconciliár! Hoy vemos cumplida la visión del Papa Juan XXIII: aire puro ha entrado en las antiguas bóvedas de la catedral. Lo que ha sido refrescado y rejuvenecido es una forma de pensar y un arte de aniar dentro de la Iglesia: nos hemos movido de la quietud del rechazo al diálogo de los encuentros.

El diálogo religioso debe seguir ciertas reglas para ser fructífero. Estas expresan verbalmente esas predisposiciones en el alma y esas actitudes mentales que son necesarias para estar adecuadamente "sintonizados" con la longitud de onda del compañero dialogante. Mencionaré aquí sólo cuatro reglas.

La primera regla es la empatía. Esta es la capacidad mental de entender una posición u observar una práctica desde dentro de la religión en cuestión. Para acercarse a una religión de esta manera se requiere de un aislamiento, de alejamiento, como si se tratara de nuestras propias convicciones religiosas.[Nota 103] Este "alejamiento" sin embargo, no es retraimiento: la empatía no es la aceptación de la posición de los demás, sino una disposición y deseo de escucharla y apreciarla desde la postura: de sus partidarios.

La segunda regla es la simpatía. Así como la empatía, la simpatía está, sin embargo, más en la voluntad que en el intelecto. Un interrogador simpático es un interrogador interesado, alguien cuyo verdadero interés es apropiarse la riqueza de la espiritualidad a la cual se le ha dado acceso. Además, la simpatía no es una preferencia adelantada, una predilección garantizada, sino el fruto de ese amplio amor que hace del interés del Vecino nuestro propio interés. No hay simpatía sin humildad, así como no hay empatía sin el don del entendimiento.

En tercer lugar, un diálogo productivo debe encaminarse a un entendimiento global de la religión en cuestión. Pues si éste se detiene en detalles insignificantes puede ser peligroso y confuso. Cada parte de la configuración de creencias y prácticas que componen a una religión debe ser considerada sólo como parte y reinstalada en el contexto global del cual fue tomada. Esta regla es especialmente importante en el caso de relatos mitológicos y en la interpretación de símbolos. Luego de trabajos precursores como las Mythologiquesde Lévi-Strauss y los estudios de Ricoeur sobre el símbolo y la metáfora, uno no puede aventurarse justificadamente en la maleza del simbolismo reli gioso con la ingenua esperanza de recuperar ahí el significado de expresiones simbólicas en un nivel de significación inmediato.[Nota 104] De igual manera, la determinación de géneros literarios de los tipos de discurso utilizado (el recurso lingüístico favorito del budismo, por ejemplo, es la vía negativa, mientras que en el cristianismo esto está generalmente reservado para la literatura mística). Y el enredo cultural de las referencias originales son todas de una importancia hermenéutica crucial en el intento por comprender global y contextualmente una religión que no es la propia.

Finalmente, en diálogos con religiones no-cristianas los puntos de convergencia han de ser rescatados.y apreciados primero, dejando que las diferencias hablen por sí mismas. Es una experiencia interesante en encuentros correctamente conducidos, ecuménicos, ver que muy a menudo, aun bajo posiciones superficiales claramente contradictorias, aparece una corriente interna compartida por las partes opositoras. El diálogo, en, tonces, debe desarrollarse sobre las líneas de esta profunda posición, y es desde esta postura de complementariedad que debe ser construida una plataforma para una discusión posterior (referente a los contrarios o a las contradicciones según el caso). Para ilustrar este punto veamos el problema de la naturaleza del mal y algunos de los medios de liberación en el cristianismo y en las grandes religiones orientales.

La conciencia religiosa judeo-cristiana parte de la realización del estado pecaminoso del hombre. Las primeras páginas de la Sagradas Escrituras describen la desobediencia rebelde del hombre contra Dios. Para recuperarse del pecado se requiere que uno siga un camino de purificación que lleva de regreso a Dios, que es un padre misericordioso. Los medios del regreso son los sacramentos canales de la gracia de Dios y portadores de la vida divina del alma.

El hinduismo y el budismo ven la raíz de todo mal en los deseos egoístas de un yo ignorante. Intentan liberar al hombre de las cadenas de pasiones y deseos excesivos, y reintegrarlo a (l) a realidad (ser) misma (o). La espiritualidad, aquí, es concebida principalmente dentro del contexto del monismo estricto, pero también, aquí y allá, especialmente en la literatura vedanta del hunduismo, se deja entrever una noción trascendente de Brahaman. De la misma manera la eficacia de la oración y alguna noción de, gracia también aparece (especialmente en el budismo de Tierra Pura) en escena, pero obligatoriamente el Ser debe encontrar todos los recursos de liberación en sí mismo. De aquí el enorme esfuerzo que requiere de sus devotos.

En el taoísmo, confucianismo y en el sintoísmo japonés el mal toma la forma de una alienación de la naturaleza. Su meta es el establecimiento del hombre en armonía original con la naturaleza. (Tao, Sinto) o en una vida humana, estructuralmente simple, dentro de la naturaleza (Confucio). Los medios para obtener esta meta son también, como en el budismo, esfuerzos personales, aunque las creencias místicas complementan a estas tres religiones para darles un grado superior de eficacia.

Desde esta lista parece que la naturaleza del mal y nuestra liberación de él se conciben de manera muy diferente en las religiones citadas. Mas las posiciones se juntan en la convicción compartida de que la existencia terrenal no es todo lo que hay para la vida humana y que, a través de un proceso de purificación, se alcanzará una perfección superior. El cristiano se sabe poseedor de estas verdades a través de la revelación divina. No necesita buscar en otro lado para discernir el misterio del mal, la verdadera naturaleza de purificación y la meta última de la vida humana. Las respuestas que tiene a estos misterios --pecado original , la gracia que Dios nos comunica a través de la muerte la redención y resurrección de Cristo, el hijo de Dios y la visión beatifica-- rebasan por mucho a la mas elevada introspección que las religiones no-cristianas hayan obtenido en sus respuestas de estas mismas preguntas. [Nota 105] Sin embargo, así como los puntos de convergencia naturalmente refuerzan la doctrina cristiana, las diferencias también deben iluminarla al enfocar mejor su carácter sobrenatural . También debe de reconocerse que muchas religiones no-cristianas --precisamente porque sus límites de eficacia no pueden rebasar los limites de sus propios recursos humanos-- se han impulsado, con un esfuerzo más consistente, a un nivel mas elevado e imaginativo de expresión ritual y verbal, que el que a alcanzado el cristianismo como un todo.[Nota 106] Desde esta perspectiva, el presente resurgimiento del interés por religiones orientales puede ser visto también como la expresión de una sed de formas religiosas que son mas autenticas, exigentes y existencialmente penetrantes.

El cristiano, entonces, puede enriquecerse a través de por lo menos algunos aspectos de todas las otras religiones. Es su sagrada obligación escudriñar las formas en que el Espíritu mueve al alma humana a una verdadera metanoia, ya sea dentro o fuera de la iglesia. Algunas de estas formas pueden ser confusas, molestas o desafiantes; otras pueden resultar mas vigorosas para la vida de los cristianos actuales que las toneladas de panfletos piadosos que aventamos diariamente sobre nuestra cansada generación precaria de lecturas ¿Qué no la advertencia del Apóstol, "Intente todo y conserva lo bueno", nos invita a hacer precisamente esto?

Aquí se ha argumentado que todas las religiones contienen alguna verdad sobre el hombre y su relación con Dios y que, consecuentemente, pueden incluso ayudar, directa o indirectamente, al creyente cristiano a tener una mejor comprensión de la palabra de Dios y a una apreciación mas profunda de los recursos espirituales del cristianismo. Esta posición será ahora puesta a prueba al abordar un tema de gran importancia, tanto por su inmediata aplicación a la vida espiritual como por su gran popularidad en nuestros tiempos : la practica de la oración y la meditación en las religiones orientales. La pregunta es la siguiente: ¿puede el cristiano unirse a esta practica sin causarle daño a su propia fe y, si así lo fuera, puede beneficiarse con esto? Por razones practicas, aquí voy a estar primordialmente interesado en el budismo zen, rama del mahayan al cual yo mismo he tenido un gran acceso. Pero coníio que mis observaciones se aplicaran de igual manera, mutatis mutandis, al hindusmo y el hinayana o budismo tibetano zen, lo confrontare con el de la iglesia --el ecclesia orans-- y veré si el primero puede tener algún efecto positivo, o si transforma o enriquece al ultimo.


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