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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1986

ENRIQUE MERCADO, Borges y Bianco: senderos que se bifurcan


A Aristeo Vera Bermúdez

CON UN PAR de meses de diferencia, han muerto José Bianco yJorge Luis Borges, dos escritores argentinos de primerísima importancia (casi da pena afirmarlo, porque es obvio para todos). La muerte se ha encargado de reunir otra vez a dos escritores que no sólo se conocieron sino que también emprendieron juntos muchos afánes literarios y compartían admiraciones e intereses. Sin embargo, dificilmente podrían hallarse dos personalidades literárias más divergentes que las de Bianco y Borges, cada uno de los cuales representa por su parte una manera íntima y vital de ejercer el oficio de escribir, maneras que en realidad se contraponen y se rechazan. Sus muertes --la de Bianco, el 26 de abril, apenas referida por la prensa, y la de Borges, el 14 de junio, profusamente cubierta por las agencias internacionales de noticias-- parecen querer decirnos que esas diferencias en su obra y en el modo de hacer literatura son, a fin de cuentas, accidentales, porque lo que resta de ambos es ese trabajo de las cuartillas. Pero entonces habría que utilizar la expresión inventada por Luis Cardoza y Aragón para referirse a André Breton y a Louis Aragon, y decir que Bianco y Borges son los hermanos enemigos de la literatura latinoamericana contemporánea.

Una relación de sus oposiciones: frente a la prolijidad de Borges --casi 70 libros escritos individualmente o en colaboración--, la paciente esterilidad de Bianco --cuatro libros: una novela, un tomo de cuentos, dos de ensayos--; ante la diversidad de los temas y los lugares borgianos --la biblioteca, los libros, el Oriente, el tiempo, el pasado, la identidad--, el estrecho perímetro de los temas de Bianco --el fracaso literario, algunas fántasmagorías, Buenos Aires siempre--; frente a la fáma creciente de Borges, casi inevitable para el autor --traducciones, premios, cursos en universidades extranjeras, el acoso impertinente de la prensa--, el anonimato de Bianco; ante la construcción, aparentemente modesta pero siempre decidida. de una figura literaria en Borges, el deseo irrenunciable de Bianco de no reconocerse ni en sus propias páginas; José Bianco le confiesa a Danubio Torres Fierro en una entrevista aparecida en Plural en enero de 1976: "En la actualidad, tampoco me considero un escritor."

Podían tener muchos puntos de encuentro, pero finalmente las obras de Bianco y de Borges son la negación del espejo: entre una y otra sé tiende una diferencia atroz que las hace inconciliables. De todas maneras, ambos gustaban de la paradoja, y lo es afirmar que sus diferencias los hermanan: ambos deseaban una literatura que abarcara el mundo, que reuniera sus mejores esencias en un punto y en un momento determinados; ambos creían, a pesar de las declaraciones de Bianco, en el deber moral de entregarle a la literatura su existencia toda, ya fuera como lectores o como escritores; ambos deseaban la elaboración de libros perfectos y la obra de Borges lo es en la misma medida en que La pérdida del reino, la gran única novela de Bianco, es perfecta en su exhibición de una carrera literaria --la de Rufino Velázquez-- sustentada en el fracaso y la imposibilidad.

Los unió Sur, la revista que Victoria Ocampo fundó en los años treinta, de la cual Bianco fue secretario de redacción durante 23 años (entre 1938 y 1961) y donde Borges publicó algunos de sus mejores textos. Los unió su gusto por Henry James, su pasión por la escritura fantástica, su total adhesión a la literatura. Los unió la muerte.

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