©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1986

Jorge Luis Borges: "Recorrí nuevos reinos, nuevos imperios"


Es inútil escribir sobre Borges luego de la profusión de sus admiradores --no siempre lectores-- y de sus exégetas. Los libros de Ana María Barrenechea, Juan García Ponce y Emir Rodriguez Monegal (una biografia escrita originalmente en inglés, que el Fondo de Cultura Económica está a punto de publicar) son apenas la punta del iceberg de una bibliografia que imagino tan infinita como,los corredores de las bibliotecas de la imaginación del propio Borges, y que debe estar integrada por libros íntimos, lecturas rigurosas y tesis doctorales de estudiosos norteamericanos,

Borges es un imperio extensísimo, inabarcable. Una lectura seria tiene que pasar por el "jardín" y los "Sábados" de Fervor de Buenos Aires, por "El general Quiroga va en coche al muere" de Luna de enfrente, por "Fundación mítica de Buenos Aires" y "La noche que en el Sur lo velaron" de Cuaderno San Martín, por la "Historia del tango" de Evaristo Carriego, por "El otro Whitman", "Paul Groussac" y "Flaubert y su destino ejemplar" de Discusión; por "Los traductores de las 1001 Noches" de Historia de la eternidad, por "Pierre Menard", "Funes" y "El jardín de senderos que se bifurcan" de Ficciones; por "El Aleph" y "Emma Zunz" de El Aleph, por "La flor de Coleridge" de Otras inquisiciones, por la dedicatoria "A Leopoldo Lugones" de El hacedor, por el "Poema conjetural", el "Poema de los dones", "Borges y yo", el "Otro poema de los dones", los "Fragmentos de un Evangelio apócrifo", las "Trece monedas" y "El oro de los tigres" de tantos otros títulos; por "Beppo" y la "Milonga de Juan Muraña" de La cifra, por ese impresionante "Cristo en la cruz" de Los conjurados, el último de sus libros, publicado en 1985. De esa lectura saldrá el Borges infinito al que es imposible eludir, fascinado por el libro y su forma, por el tigre y su fisonomía, por el puñal y su brillo, por la poesía nórdica, por el juego de las identidades que toda existencia supone, por la obsesión de un destino dibujado en el pasado, por la búsqueda incesante de un Oriente más literario que real, por el regreso a Stevenson, a Cariyle, a Joyce, a Dante (cuya Commedia leyó en un tranvía), a Burton, a sí mismo. De aquí y de su H. Bustos Domecq y de su Isidro Parodi; personajes creados junto con Adolfb Bíoy Casares saldrá el Borges irónico, escéptico, paradójico, ingenuo, entregado a la eternidad.

Ante la imposibilidad de una lectura que recorra el inmenso terreno de estas páginas, queda la referencia del encuentro propio y generacional con Borges. Los anoto aquí porque parecen temas de sus cuentos: conocí a Borges en el hallazgo accidental de su Historia universal de la infamia en el librero de un compañero de estudios, y entonces leí el "Hombre de la esquina rosada" sin comprender casi todos sus renglones; en las conversaciones con un amigo durante los descansos del servicio militar (tan militar como los sonetos gloriosos de Borges); en el examen para entrar a un trabajo, cuando nos dictaban, sin que los aspirantes lo supiéramos, fragmentos de "Una vindicación del falso Basílides", de Discusión. Borges me llegó, y le llegó a mi generación, como un hecho consumado, como un enorme tomo verde de las Obras completas, como un gurú que suscitaba las más escandalosas admiraciones y las más feroces reprimendas por sus "opiniones políticas". En fin, mi generación ha tenido que hacer su propia lectura de Borges con la desventaja de los juicios contundentes y apriorísticos y con la ventaja de hallarse ftente a una obra cumplida, dispuesta a dar todo de sí. Lo que extraemos de esa obra, más que sus exotismos temáticos, es una postura moral y una lección literaria (la ética y la estética de Borges): la honestidad y la modestia frente a la página en blanco, la decisión de leerlo todo para después recibir las fuerzas para escribirlo. Borges no es un escritor: es una literatura.

Este artíctúo parece un intento desproporcionado. Si Bianco se lleva el mayor espacio es a causa de su anonimato; en cambio, nadie puede ahora descubrir a Borges, sino glosarlo. En todo caso, esta desproporción se alía a una de las Monedas de Borges para que le sirva de epitafio a su amigo José Bianco y, con suerte, quizá a él mismo: "La meta es el olvido/ Yo he llegado antes".


AnteriorRegreso