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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1986

1. Las estructuras de lo cotidiano


Al penetrar en el mundo de lo cotidiano, Braudel observa las inercias de una historia a primera vista oscura, situada fuera de la conciencia clara de los hombres. Vista así, la vida cotidiana aparece como un inconsciente mecánico donde se alojan los hábitos o, mejor aún, la rutina; donde florecen y se acaban mil gestos de los que apenas nos damos cuenta; donde hay incitaciones, pulsiones, modelos, maneras, obligaciones para actuar que, a veces, proceden del fondo de los tiempos. Ciertamente, también hay osadías, riesgos, cambios, aventuras e inventos. Pero pesa más esa historia mediocre vivida, sin edad, que todavía hoy, en ciertos lugares y momentos, es posible observar cuando se procede a la manera de Braudel: como explorador, al margen de las turbias, convencionales y caprichosas maneras que se adoptan, por ejemplo, para mirar sin ver la vida cotidiana en México.

Braudel inicia su recorrido por lo cotidiano con el número, ligado a la demografia. En su opinión, es el poder biológico el que guía los destinos de los individuos, sin que estos se den cuenta. El juego demográfico tiende, es verdad, al equilibrio, pero éste raramente se alcanza: siempre somos demasiado numerosos o demasiado pocos.

¿ Qué ha hecho entonces el hombre para sobrevivir a las pestes, a las enfermedades, a los cataclismos, a las guerras, a la falta de higiene? ¿Realmente ha hecho algo para poder sortear todos estos peligros? ¿O ha sido el poder biológico el que le ha permitido sobrevivir y multiplicarse?

Sin higiene, sin medicina moderna, China duplicó su población al igual que Europa en el transcurso del siglo XIX. Con frecuencia el hambre es, en América Latina, un factor que incrementa los índices demográficos.

Más que responder a una pregunta, Braudel hace surgir interrogantes a propósito de una cotidianeidad (el número de hombres).

En otro tipo de reflexiones sobre la historia de los hombres estos son, a lo sumo, fáctores de la producción, fuerzas productivas que no comen ni beben ni se excitan con alcoholes, calcinas o nicotinas. Pero Der Mensch ist was er isst (el hombre es lo que come). Y por esto mismo la aparición de los alimentos no es sólo una anécdota. Es todo un descubrimiento. De la elección de un cereal deriva toda una civilización Se puede afirmar con justicia, en efecto, que Europa es el trigo, Asia es el arroz y América es el maíz.

Intimamente vinculados a la elección del alimento están el vestido, el alojamiento y el mobiliario que, por otro lado, guardan estrecha relación con la técnica.

Sin ciencia (por lo menos como la entendemos ahora), el hombre hizo técnica; durante milenios trabajó la piedra, la madera, el fierro. El hombre comenzó a hacer muchas cosas antes de sistematizarlas y perléccionarlas. ¿Por qué hoy ocurre lo contrario? ¿Por qué hoy el hombre no hace prácticamente nada que escape a una repetición avalada por alguna teoría? ¿Cuándo y por qué se produjo una inversión en los criterios que guiaban las actividades de los hombres? Tal vez ta monotonía, la rutina y la búsqueda de comodidad señalen el camino a las posibles respuestas a estas preguntas.

El cuadro de la vida cotidiana que con todo detalle pinta Braudel en Las estructuras de lo cotidiano se completa con la inmemorial cotidianeidad y, a la vez, con la más reciente modernidad de monedas y ciudades.

Braudel necesitó más de veinte años para llegar a la meta que se había fijado en. vida de Febvre. ¿Cuántos años habrán de transcurrir antes que se empiecen a generar los efectos de su lectura? El conformismo y la rutina hacen temer, no sin razón, que todavía pasará algún tiempo antes que su percepción de la realidad sustituya los esquemas en los que, sin darse cuenta, se ahogan muchos de nuestros historiadores, pues el primer volumen de esta obra monumental circulaba en español ya en 19 74. Contra la rutina y la monotonía, tal vez algún día logre abrir brecha Fernand Braudel, historiador de la rutina y la monotonía.


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