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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1986

5. Libertad y fundamento


Simone de Beauvoir, después de vivir en plenitud su libertad trató de darle un fundamento teórico. Había comenzado con una actitud, con una búsqueda existencial. Aun entonces teoría y praxis van juntas. Sólo que el pensamiento tiene menos relieve en Simone, menos pasión, menos vida que la praxis. No quería reducirse a contemplar el mundo, quería transformarlo. Para ello recurre a la filosofía ¿no era acaso, su profesión? Quería justificar filosóficamente su vivencia de la libertad, su opción existencial. La vivencia quedaba en el nivel de la praxis, la fuerza de la razón calaba más profundamente en el plano teórico. Una mujer libre filosofa acerca de la libertad. Esa vivencia llevó a Simone a buscar su fundamento.

A pesar de que pretendió ser original, ser ella misma, su pensamiento filosófico tiene muy poco de original: es más bien un eco de la filosofía de Sartre. Y acepta ser "la gran sartreana". Es, pues, existencialista. ¿Renunció Simone a la originalidad filosófica sólo porque quiere identificarse más con Sartre o porque en realidad nada propio tiene que decir? ¿Se desprende de lo propio para dedicarse a difundir --y defender-- el pensamiento de Sártre?, ¿No podía hacer más? ¿Chilo sa? De cualquier manera el filosofar de Simone tiene como tenia central la comprensión de la existencia humana en situación, cuyo núcleo es la libertad absoluta. De modo que el hombre ya no es el ser que tiene libertad, sino que es libertad. Así libertad y existencia coinciden. La libertad es la esencia del hombre. Y como la libertad es dinámica, el hombre tiene que trascenderse.

Sartre separa hombre y realidad, conciencia y ser, nada y ser. Sólo el hombre existe; las cosas son. El hombre existe como conciencia y libertad. El hombre es proyecto siempre, tiene que ir más allá de lo que es. Es ser-para-sí. Existir es venir desde la nada de ser e ir hacia la nada de contingencia. Existir es trascenderse. Simone parte de esta base sartreana para sus reflexiones antropológicas.

En Pyrrhus et Cinéas (1944) habla del hombre que siempre desea ir más allá y del que está consciente de que toda empresa humana está condenada al fracaso. Mejor dicho: en cada hombre hay estos dos personajes que luchan entre sí. Ser hombre es estar proyectando siempre, pero también es tener conciencia de que todo es inútil. Ser hombre es tender a la trascendencia. Pero es una trascendencia inútil porque la trascendencia humana no puede ir más allá del hombre mismo. Sólo se vive la acción constante en cuanto que la conciencia tiende a lo que ella no es. Pero este dinamismo, por un lado, no tiene fin, y, por otro, no alcanza lo que pretende. Es un movimiento sin fin y sin objeto definido. El hombre está condenado a la trascendencia porque jamás coincide con sus actos, pero también está condenado al fracaso porque "no es lo que es y es lo que no es". La transcendencia lo empuja a poseer lo absoluto, lo lleva a pretender ser dios, pero también sabe que no puede romper las cadenas de su contingencia. Nada humano puede ser duradero. Y Simone apunta: "Porque el hombre es trascendencia, jamás podrá imaginar un paraíso. El paraíso es el reposo, la trascendencia negada, un estado de cosas ya dado, sin posible superación. Pero en ese caso ¿qué haremos?, Para que el aire sea respirable tendrá que dejar paso a las acciones, a los deseos, que a su vez tenemos que superar: tendrá que dejar de ser paraíso. La belleza de la tierra prometida es que ella prometía nuevas promesas. Los paraísos inmóviles no pueden prometer más que un eterno aburrimiento". [Nota 148] Lo importante es el dinamismo, la vida que no se detiene, la conciencia que nunca es idéntica a sí misma. La transcendencia es un eterno empezar.

La trascendencia --afirma Simone-- antes se llamaba el absoluto y era Dios. El hombre ha pretendido llegar a Dios. Esto es absurdo porque el único absoluto es la libertad. Además, "si Dios existiera sería importante para guiar la trascendencia humana. El hombrejamás está en situación sino ante los hombres y esta presencia o esta ausencia en el fondo del cielo no le concierne".[Nota 149] La trascendencia es propiedad del hombre, no de Dios. Si él existiera acabaría con la libertad del hombre, acabaría con el hombre. "Si Dios es la infinitud y la plenitud del ser, no hay distancia entre su proyecto y su ser realidad, su voluntad es el fundamento inmóvil de su ser. Lo que quiere se hace, quiere cuanto es... Tal Dios no es una persona singular, es el universal, el todo inmutable y eterno. Y lo universal es silencioso... La perfección de su ser no deja ningún lugar al hombre porque el hombre no podría trascenderse en Dios si Dios ya está todo entero dado. En tal caso el hombre no es más que un accidente indiferente a la realidad del ser; está en la tierra como un explorador perdido en el desierto; puede ir a la derecha o a la izquierda, puede ir a donde quiera; jamás irá a ningún lugar y la arena cubrirá sus huellas".[Nota 150]

Si Dios existiera, el hombre estaría hecho para cumplir la voluntad de Dios. Pero no hay modo de conocer esa voluntad porque el horizonte del hombre es este mundo. Por ello el hombre sólo se trasciende el seno de la inmanencia: "el hombre pretende trascenderse en Dios, pero él jamás se trasciende sino en el seno de la inmanencia". [Nota 151] Como Dios no existe, el hombre es el único que decide; cada quien es punto de partida y fin de sí mismo. "Nuestra relación con el mundo no está decidida de antemano. Nosotros somos los que decidimos."[Nota 152] Entonces la trascendencia no es más que el anhelo del hombre, de llegar a ser él mismo Dios. Por lo que la trascendencia humana es utopía, finitud, es inmanencia. Es un juego al que está condenado el hombre. Es el absurdo de tener que partir siempre de nada para llegar a la nada. El hombre, a fin de cuentas, es absurdo, como en Sartre.

Si la libertad es la fuente de donde surgen todos los valores Simone tiene ya el fundamento de una moral --moral existencialista. El existemcialismo es no tanto una filosofía del absurdo y de la desesperación, sitio una "moral de la ambigüedad--. Decir que la existencia es absurda es lo mismo que negar que tenga sentido; decir que es ambigua, es declarar que el sentido no está fijado de antemano, sino que en cada situación se debe conquistar. No hay que preguntar en abstracto "qué acción es buena y qué acción es mala": hay que decidir en cada caso de acuerdo con la propia experiencia.[Nota 153] Por ello el existeticialismo es la única filosofía en la que puede haber una moral .[Nota 154] El primer principio de esta moral es la libertad absoluta: "quererse moral y quererse libre es una sola e idéntica decisión" ya que la meta suprema de la existencia es realizar la propia libertad.[Nota 155] El segundo Principio es la liberación porque quererse libre es querer libres a los otros, es comprometerse a luchar por la liberación de los demás. Realizar la existencia equivale a amar la vida, es decir, obtener la satisfacción de todos los placeres,[Nota 156] en busca siempre de la mayor utilidad o del menor perjuicio en vistas al bienestar.


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