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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1986

7. Conclusión


Ante la imposibilidad de analizar en unas cuantas páginas la rica, fecunda y polifacética personalidad --humana, filosófica y literaria-- de la mujer excepcional que fue Simone de Beauvoir, basten estas pocas pinceladas para tener una imagen de la compañera de Sartre y defensora acérrima de los derechos de la mujer. La pasión que puso en su vida y en sus escritos contagió, en todo el mundo, a muchas mujeres que encontraron en ella un modelo y una inspiración.

Simone de Beauvoir ha muerto. Ahora vive en la historia. Así lo deseó durante su vida. Su deseo se ha cumplido. Para unos su mayor mérito es haber sido la amiga inseparable --o al menos la más constante-- de Sartre. Otros pensarán que su valor estriba en haber sido una de las primeras feministas --quizá la más lúcida-- y haberias convocado para la lucha. Habrá bastantes personas que destaquen sus méritos literarios. Ciertamente los tuvo --tantos que recibió el codiciado premio Goncourt--, pero ¿son tantos que opaquen las otras facetas de su rica personalidad? Tal vez no sean muchos los que insistan en su filosofía. La tuvo, es verdad, pero en tono menor, como en sordina. Y aunque discutía filosóficamente con Sartre, a la hora de escribir se ve que la filosofía de Simone es un reflejo, o una explicación, o una prolongación, o una defensa, de la filosofía sartreana.

El tema fundamental de la actividad intelectual, literaria y social de Simone fue la mujer. Pensaba que para rescatar a la mujer era preciso devolverle su libertad. Pero una libertad total: una libertad condicionada --opina-- deja de ser libertad. Al mundo que se derrumba, construido por los hombres, hay que oponer un mundo nuevo, no construido por las mujeres, sino por ellas y por los hombres, iguales en todo, especialmente en su dignidad humana. Y sólo desde la libertad total, proyectada hacia el futuro, surgirán la trascendencia auténtica y el éxito. Para lo cual es necesario que hombres y mujeres en correlación asuman su tarea humana. Porque vivimos en un mundo en el que lo único importante son los hombres.

El mensaje de Simone de Beauvoir, plural en la forma y único en el fondo, es vida real trasmitida, con valentía y belleza al mundo femenino. Porque hundió sus raíces en la propia experiencia. Ella trató de vivir en plenitud la libertad como esencia humana. Y la defendió con pasión. Y la llevó hasta el extremo. Por eso su estilo es directo, tajante, irónico a veces y molesto. Simone no sabe de medianías. Su lema era: o todo o nada. Y su mensaje tuvo acogida. Luchó por una gran causa la de la mujer. Y lo hizo con originalidad y con valor, en ocasiones con prestancia. Trató de crear conciencia de que la mujer es un ser humano y no un objeto sexual, no una hembra para disfrute del macho, no un segundo sexo. Verdad elemental, pero casi siempre olvidada. Y Simone apuntó la solución: no desde el punto de vista del varón, sino desde la vida y la experiencia de la mujer como ser humano. El hombre es el que ha errado el camino. El es el que se ha equivocado al convertir a la mujer en esclava.

Pero el radicalismo de Simone es cuestionable: carece de base ontológica y es un reduccionismo. El hombre se reduce a existencia y la existencia se reduce a libertad. Libertad absoluta, total, que se devora a sí misma sin fundamento y sin verdadera trascendencia. Dios queda eliminado para que el hombre sea libre; la naturaleza desaparece para que surja la libertad. Todo se funda en ella, pero la libertad así o es suprahumana o es inconsistente. Libertad es soledad. Porque, en todo caso, "el hombre fundamentalmente es deseo de ser Dios" (Sartre). Esa es su "pasión inútil" que se extravía por los "caminos de la libertad". Y queda la libertad sola, entre el riesgo y la aventura, entre la angustia y la desesperación.

Ha muerto Simone de Beauvoir. Ella, como casi todos los humanos, tuvo miedo a la muerte. Así lo confiesa: "La muerte me asustó desde que comprendí que yo era mortal." Buscó olvidarse de ella viviendo como de prisa. Pero al mirar hacia el pasado se angustia por el hecho de tener que desaparecer. Y dice: "...detesto como lo he hecho siempre el tener que desaparecer". [Nota 158] No se arrepiente de haber vivido como vivió y reconoce con orgullo: "Estoy satisfecha de mi destino y no lo quisiera cambiar en nada. En su conjunto mi destino ha sido afortunado." Vivió la libertad como quiso. Y, sin embargo, no pudo menos que preguntarse: "La libertad ¿para qué. ? [Nota 159] Para nada. ¿No hay en esa frase una confesión de fracaso? ¡Tanto luchar y luchar, para nada! Simone rechazó todo fundamento porque ella pensó que era su propio fundamento. Su vida fue avidez inagotable de libertad. ¿Búsqueda sin encuentro? Una vida condenada a la libertad y a ser conciencia que nunca coincidiría consigo misma. Por eso afirma: "Toda búsqueda del ser está abocada al fracaso. Pero hasta el mismo fracaso puede ser asumido. Cuando uno renuncia al sueño de hacerse Dios, puede darse por satisfecho simplemente con existir".[Nota 160] ¡Tanto esfuerzo para llegar a contentarse simplemente con existir! Por otra parte, en Les mandarins confiesa con palabras de uno de sus personajes: "Cuando niña creí en Dios... (más tarde) Dios se convirtió en una idea abstracta... y un día lo borré. Jamás he hechado de menos a Dios: él me robaba la tierra. Pero un día comprendí que al renunciar a Dios me había condenado a muerte".[Nota 161] Simone, sin embargo, quiere permanecer fiel a su decisión y asume la actitud de Sartre para quien "el ateísmo es una empresa cruel y larga: creo haberla llevado hasta el fin". La adolescente Simone de Beauvoir negó a Dios para afirmarse a sí misma. Y se planteó el dilema: o Dios o yo. Y llevó su decisión hasta las últimas consecuencias.

Ha muerto Simone de Beauvoir. Cuando lo supe recordé las frases que escribió en Une mort trés douce: "Duro trabajo, morir, cuando se ama tan faertemente la vida" ;[Nota 162] "Mamá amaba la vida como la amo yo y experimentaba ante la muerte la misma rebelión que yo"[Nota 163] ... le decían. Y cuando algunos pretendían animarla ante el temor a la muerte y le decían: "desaparecer, eso no es nada, vuestra obra quedará", ella dice: "a todos ellos les respondía dentro de mí que ellos se equivocaban... Que se le imagine'celestial o terrena, la inmortalidad, cuando se está tan apegado a la vida, no consuela de la muerte" ... [Nota 164] Simone de Beauvoir ha muerto. Y cómo vienen a la mente sus palabras: "No hay muerte natural: nada de lo que acontece al hombre jamás es natural puesto que su presencia pone al mundo en cuestión. Todos los hombres son mortales: pero para cada hombre su muerte es un accidente y, aunque se le conozca y consienta en ella, una violencia indebida".[Nota 165] Simone ya pasó por este accidente y por la violencia que tanto amarga nuestros días.

Ha muerto Simone de Beauvoir, la extraordinaria mujer que supo hacer de la rebelión un camino hacia la libertad.


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