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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1986

Tres sabios


El primero, y más antiguo, es Explicaciones filosóficas de Robert Nozick. Nozick, profesor de Harvard, se hizo famoso en los años sesenta al publicar un libro llamado Anarquía, Estado y utopía, en el que sostenía que la intervención del Estado en la vida de los ciudadanos sólo se justificaba en casos extremos. El libro fue recibido con agrado por los teóricos de la Nueva Derecha de los Estados Unidos... recibimiento que no hubiera sido tan cálido si lo hubieran leído con el su-ficiente detenimiento como para percatarse de que su defensa del libertrianismo. extremo justificaría la resistencia contra toda la cruza-da moralista de la Nueva Derecha.

En Explicaciones filosóficas Nozick regresó a la filosofía pura. Gran parte del libro es excéntricamente inteligente, pero sería difícil aburrirse con los saltos que da de una disciplina a otra -de la natura-leza de la explicación a la identidad del ser, de la experiencia mística al determinismo, el castigo y la filosofía como forma de arte. Ha transcurrido mucho tiempo desde la última vez que los filósofos se sintieron suficientemente confiados como para tratar cuestiones tan importantes.

Sin embargo, lo que más ha llamado la atención es la teoría del conocimiento de Nozick. Los filósofos pensaban que el conocimiento era la "creencia verdadera justificada"; es decir, si una creencia es verdadera y uno se siente justificado para creerla, puede declarar que la conoce. Pero en 1963 Edmund Gettier señaló que una creencia puede ser verdadera y justificada sin que el creyente lo sepa.

Vamos a suponer que usted sabe que alguien de su oficina po-see un Rolls Royce. Se justifica que lo crea porque usted sabe que el día anterior su compañero Smith lo recogió en un Rolls. Pero, sin que usted lo supiera, Smith lo vendió. Y también sin que usted lo su-piera, otro de sus colegas, Jones, compró un Rolls Royce. De esta ma-nera, su creencia de que alguien en la oficina posee un Rolls continúa siendo cierta, pero sólo de forma accidental: usted no lo sabe real-mente.

Esto podría parecer complicado, pero señala una falla existente en la mayor parte de las teorías del conocimiento: que cierta noción de justificación parezca necesaria (de otra forma el conocimiento se-ría cualquier cosa que verdaderamente se creyera), pero definir lo Justificado es tramposo. Cientos de textos académicos han intentado analizar (y descifrar) este problema, pero han fracasado. Nozick trata de analizar el conocimiento sin emplear el concepto de justificación -por lo menos, no en el sentido común de la palabra.

Su idea consiste en que una creencia verdadera tiene calidad de conocimiento si "rastrea" la verdad. Si, en una serie de posibilidades, creyera en la verdad en cuestión, y en otra serie no creyera, entonces su creencia podría considerarse conocimiento. Debido a que fácil-mente pudo equivocarse respecto al Rolls Royce (si Jones no hubiera comprado uno) no puede declarar que sabe que alguien en la oficina posee un Rolls.

Nozick elabora su teoría considerando posibilidades extrava-gantes y arguyendo lo que se diría sobre las mismas. Estudiemos el si-guiente ejemplo. Al suspenderse su clase de filosofía, un estudiante va a su habitación e ingiere drogas alucinógenas. Una de las alucinacio-nes que tiene es que se encuentra en su clase de filosofía. Cuando el estudiante está realmente en clase ¿lo sabe? Este método del llamado "experimento del pensamiento" es una de las armas principales de la filosofía contemporánea. El resultado es, en teoría, un entendimiento más claro del conocimiento mismo. Esto podría rendir frutos si se construyera una computadora de la que se pudiera decir genuina-mente que conoce cosas.

Un problema persistente de la filosofía ha sido la pregunta: ¿cómo puede el hombre llegar a un entendimiento objetivo del mun-do si él mismo es parte de éste?, Esta fue una preocupación primordial¡ de los filósofos en el siglo XVIII, pero hasta ahora se le conside-ró un problema demasiado, vasto e intratable para la rigurosa disciplina de la filosofía analítica. En The View From Nowhere Thomas Nagel intenta abrir el camino.

Los avances en la física y la neurología parecen ofrecer la pro-mesa final de dibujar un bosquejo comprehensivo y objetivo de¡ mundo que incluiría a sus habitantes conscientes. Nagel arguye que esto demuestra que es imposible. Ninguna cantidad de luz, ni los mecanismos de la percepción, por ejemplo, pueden evitar cualquier referencia a la experiencia subjetiva y seguir capturando la esencia de lo que significa percibir algo. Ningún escrito sobre el funcionamiento de¡ cerebro podrá decir qué se siente ser humano.

Nagel dice que sus argumentos no disminuyen la importancia de la ciencia; piensa que el potencial de la ciencia podrá apreciarse enteramente sólo si se entienden sus limitaciones. Muchos científicos y filósofos solos no están de acuerdo con él, y continúan creyendo en la po-sibilidad de una explicación científica completa. Sin embargo, son pocos los que descartan totalmente los argumentos de Nagel. Inde-pendientemente de que demuestre estar en lo correcto, Nagel ha aclarado el problema de las opiniones objetivas contra las subjetivas, vinculándolo a otras cuestiones aparentemente no relacionadas:. la li-bertad de la voluntad contra el determinismo, el egoísmo contra el altruismo.

El libro de Derek Parfit, Razones y personas, trata sobre lo que podría llamarse la ética del futuro. A partir de la teoría de los juegos, el utilitarismo y el concepto del ser, discute contra la opinión que sostiene que el fin racional es, para cada individuo, el interés en sí mismo.

La parte central del libro estriba en una teoría de la identidad personal: lo que me hace la persona que soy, y bajo qué condiciones debo identificar racionalmente mis intereses con los de otra persona. Como en la obra de Nozick, muchos de los argumentos de Parfit pro-ceden de los experimentos del pensamiento. Algunos son extraños o extravagantes. Para moldear las ideas sobre la propia identidad, le pide al lector que piense en un aparato llamado tele transportador, que es una especie de máquina de facsímiles de documentos, pero que en lugar de reproducir pedazos de papel reproduce personas -o parece hacerlo. El aparato recurre a una persona y luego almacena la formación de cada una de las células; después destruye a la persona. Posteriormente envía la información a otro aparato que, célula por célula, recrea a dicha persona. ¿El resultado es la misma persona o sólo una copia perfecta?,

Parfit arguye que deberíamos considerar la copia como si se tratara de la misma persona (aun cuando, estrictamente hablando, no lo sea). Entonces, con una precisión exhaustiva y neurótica, saca conclusiones sobre las obligaciones morales de futuras generaciones, ni-ños no natos y el problema de la sobre población. Para muchos filósofos los argumentos de Parfit no son convincentes, pero aceptan que está formulando las preguntas correctas.

Los filósofos tienden a hacer preguntas que los demás conside-ran demasiado estúpidas como para que valga la pena pensar en ellas. Hace alguno; meses, los filósofos que participaban en una reu-nión de la Sociedad Aristotélica en Londres analizaron si algunas proposiciones podrían ser -posiblemente- ciertas y falsas al mismo tiempo.

Es muy posible que este tipo de cuestiones parezcan cómicas. Pero al atreverse a formular preguntas en apariencia irracionales, la filosofía se las ingenia para crear nuevos temas cuando la gente em-pieza apenas a tomar en serio los anteriores.

En el siglo XVIII pocos individuos tomaron en serio el argu-mento de Leibniz acerca de que el espacio era una cualidad relativa, no absoluta. Einstein sí lo consideró seriamente. La física nació de la filosofía; no se trata de un accidente lingüístico que la cátedra de Newton en Cambridge fuera (y sea) llamada Cátedra de Filosofía Na-tural. La filosofía puede proclamar que ha contribuido a crear disci-plinas de la psicología, la sociología y -en este siglo- la lingüística teórica y la ciencia de la inteligencia artificial. Nadie sabe qué nueva disciplina surgirá después. Si lo supieran, ya existiría.


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