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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1986

JAN PATULA: Leszek Nowak, Property and Power y Felipe García Casals (pseudónimo), The Syncretic Society


Leszek Nowak, Property and Power. Towards Non-Marxian Historical Materialismo, Dordrecht, D. Reidel Publ. Co., 1983. 411 pp. ISBN 90-277-1595-5. Felipe García Casals (Pseudónimo), The Syncretic Society, White Plains, N.Y., Sharp, Inc., 1980, 101 pp. ISBN 0-87332-1736-6.

La problemática del socialismo real no ha tenido una buena acogida entre las editoriales mexicanas y, en general, entre las de toda América Latina. Lo cual significa que existen pocos estudios científicos sobre el socialismo real en este continente. Y esto se debe, tal vez, a la falta de una infraestructura en este campo de la investigación, o tal vez a que ni siquiera existen los centros de investigación adecuados para llenar a cabo, ni cátedras donde se explique la realidad del bloque soviético, ni instituciones encargadas de recopilar la información sobre este tema. Por otra parte, el exceso de información de los medios masivos de comunicación impide que la gente se forme una opinión respecto al socialismo real. Por el contrario, dichos medios provocan desconfianza entre la gente por, sus contradicciones internas y por los bien o mal intencionados intentos de alabar o condenar las noticias que vienen del mundo socialista.

A esto se debe entonces que el interés de la comunidad científica latinoamericana por el bloque socialista despierte sólo cuando ahí sucede algún hecho científico notable. Aunque el entusiasmo dura poco porque la interpretación de los hechos es deficiente, por no decir tendenciosa. De este modo se crea un círculo vicioso. ¿Cómo romper este círculo? Si se tienen en cuenta las desviaciones profesionales del historiador, creo que se debería empezar por conocer los estudios generales, críticos y teóricos, de alto nivel sobre la realidad del bloque socialista. Dichos estudios serían una fuente epistemológica valiosa para conocer mejor la naturaleza del régimen socialista. Este tipo de estudios no impide que se realicen otros más completos Sobre algún aspecto particular de dicho régimen; por el contrario, creo que los propiciaría.

A continuación voy a reseñar dos libros, generales del régimen socialista, que podrían servir de base epistemológica para comprender mejor la naturaleza del régimen socialista.

Leszek Nowak es una muy destacada figura de la llamada Escuela filosófica de Poznan (ciudad universitaria situada al oeste de Varsovia). Esta escuela se conoce sobre todo por la revista Poznan Studies in the Philosophy of the Sciences the Humanities. Desde hace ya varios lustros se ha ganado un merecido prestigio por cultivar la filosofía analítica, la metodología de las ciencias y la teoría de las ciencias sociales. Nowak se ha dedicado con un gran entusiasmo a la exploración de nuevos caminos dentro de la teoría marxista y, particularmente, al estudio de los aspectos conceptual y metodológico de la interpretación de la dialéctica y de la visión marxista de la historia. Hasta 1980 el autor de la Estructura de idealización. Hacia una interpretación sistemática de la idea marxiana de la ciencia fue considerado, dentro y fuera de Polonia, como un destacado filósofo marxista. En 1979 entregó un manuscrito de mil cuartillas titulado Bases para una teoría del proceso histórico (el surogato del presente libro) al Comité de Defensa Obrera (KOR) y a la Sociedad de los Cursos Científicos (Universidad Volante), instituciones que son posibles opciones ante el statu quo y antecedentes directos de Solidaridad. Este libro, ha sido publicado parcialmente por agrupaciones autónomas clandestinas y cada vez más dado a conocer en las conferencias que el autor ha sido sustentado en comunidades universitarias y en algunos Centros de fábricas en Polonia. Por razones que más adelante resultarán claras el libro no fue publicado en editoriales oficiales.

El principal mérito del libro radica en que esboza una teoría del socialismo real con el fin de conocer tanto en el plano diacrónico como en el sincrónico la formación y el funcionamiento de un sistema que es presentado por sus ideólogos como socialista. Nowak recurre a la metodología marxiana o, más concretamente, al método de idealización, porque esta consciente de que dicha metodología le había servido a Marx como punto de partida en sus obras teóricas, particularmente en El capital, aunque no Fue entendido ni por la tradición marxista ni mucho menos por sus oponentes. Nowak piensa que la metodología marxiana se puede aplicar cabalmente tanto en las ciencias exactas, el caso de Galileo (pp. 3-4), como en las ciencias sociales (pp. 4-9). Y considera que gracias a su aplicación en el terreno de ciencias humanas, Marx realizó el mayor descubrimiento en el campo de la metodología de las ciencias sociales (p. 3).

Esta metodología -según Nowak- adopta, en primer lugar, algunos supuestos contrafactuales, las llamadas condiciones idealizantes; es decir, supuestos que hacen abstracción de las condiciones concretas. En segundo, formulan hipótesis válidas bajo dichos supuestos, es decir las leyes idealizantes. En tercero se lleva a cabo la concretización; o sea, la confrontación de las hipótesis con la realidad. La aplicación de esta metodología termina con una aproximación a la condición idealizada, aunque ya enriquecida con los fenómenos investigados que han pasado por los filtros de comunicación. Este proceso parece que simplifica la realidad porque sólo selecciona algunos elementos de ella y desecha otros; pero, al mismo tiempo, permite construir modelos simples, principalmente para determinar qué elementos constituyen la estructura de éstos. La teoría idealizante está formada por una serie de modelos, entendidos éstos como conjuntos de paradigmas en el número decreciente de las condiciones idealizantes y al incrementar los elementos reales. Según Nowak este método fue muy provechoso en el estudio de la esclavitud y el feudalismo, e incluso del capitalismo, porque resalta la oposición entre las clases sociales basándose en la relación de éstas con los medios de producción y con la apropiación de una parte del valor de la producción.

En el análisis de cada formación socioeconómica Nowak precisa los alcances metodológicos de la teoría marxiana, polemiza tanto con las ambigüedades del propio Marx como con las de sus sucesores y propone construir nuevos modelos para confrontarlos con las realidades de la época contemporánea. Es justamente respecto al capitalismo, que Nowak se distancia de la teoría marxiana (pp. 10 1- 124, 211-236).

La parte del libro que se refiere al capitalismo es la que suscita mayores objeciones, ya que fuerza la interpretación marxiana a que se ciña a cánones sacrosantos que lejos de reflejar la complejidad de las formas del capitalismo actual las primitiviza. Nowak afirma que el capitalismo ya no puede considerarse como una formación socioeconómica, porque los principales factores determinantes de su desarrollo no se derivan exclusivamente de las fuerzas económicas autónomas, de las fuerzas productivas, sino que provienen, sobre todo, de una nueva variable: la existencia de un medio de coerción (el Estado). El papel de este medio de coerción no se limita a restringir en despliegue de las fuerzas económicas, sino que, por el contrario, estimula el desarrollo económico con la creación de nuevas demandas y el ordenamiento de la vida económica. Por lo cual, la dicotomía entre las "bases económicas" y la "superestructura político-legal" deja de ser válida. Y en su lugar se establece una relación muy estrecha entre el Estado y la economía. En esta relación se unen también los dispositivos de los medios de coerción (el ejército y la burocracia) con los propietarios de los medios de producción. La fusión de la clase gobernante con la de los propietarios conduce a la totalización de la sociedad, tendencia que ya ha podido observarse en los países capitalistas europeos (p. 234). Esta evolución del capitalismo pudo llevarse a cabo porque los capitalistas lograron desarmar a la clase obrera, incrementando su poder de compra y mejorando el nivel de vida de ésta, no por razones altruistas sino para ampliar el mercado y, por consiguiente, las ganancias, y para evitar las crisis de sobreproducción. Al detenerse la lucha de los obreros se institucionalizó gradualmente la economía social, gracias a lo cual el Estado ganó cada vez más terreno en la sociedad, tanto en lo que se refiere a las decisiones globales como a la organización misma de la producción, conforme al principio: "sólo una organización puede comunicarse con la otra" (Galbraith).

Hay otra tesis de Nowak que puede resultar aún más controvertida: la Rusia zarista se adelantó a Occidente en el proceso de unión (le¡ poder político con el económico. Contra las opiniones del marxismo tradicional, las tesis socialdemócratas y las publicaciones de los investigadores burgueses, Nowak sostiene que:

No fue ningún accidente que el socialismo haya triunfado en Rusia, porque la Rusia zarista tenía 60 años de adelanto en su desarrollo histórico (desde el punto de vista del materialismo histórico no marxista) con respecto a los países capitalistas (p. 236).

La particularidad del socialismo soviético radica pues en la peculiaridad de la evolución histórica de Rusia que Nowak se propone reexaminar a la luz del materialismo histórico no marxista. Para Nowak la dominación económica del Estado empezó en Rusia desde la Baja Edad Media justamente cuando el principado de Moscú se estaba formando y se trataba de subordinar a los invasores tártaros. Y esta dominación estuvo vigente durante toda la Rusia zarista, y llegó a su apogeo en las últimas décadas del siglo XIX, cuando se estableció el capitalismo del Estado. A partir de entonces se acentuaron la centralización y la burocratización, las cuales han acelerado la función del poder con la propiedad. Fue la clase de los "gobernantes y los propietarios" la que hizo la revolución en febrero de 1917 y no, como tradicionalmente se sostiene, la burguesía; porque ésta, como tal, simplemente había dejado de existir. De la unión de "gobernantes y propietarios" se creó el "complejo burocrático", que no pudo mantenerse largo tiempo en el poder porque la resistencia de la "clase popular" se lo impidió (obreros, campesinos, inteligencia). En los momentos coyunturales del fin de la Primera guerra mundial, el gobierno provisional ruso, expresión del complejo burocrático, no supo ganarse el apoyo de ningún sector de la clase popular y, por Obstinarse en continuar la guerra, cavó su tumba. Según Nowak la revolución de octubre que puso fin al gobierno de Kerenski no fue obra -tal como lo proclaman los apologetas en la Unión Soviética o,curiosamente, también sus oponentes ideológicos en Occidente- sólo del partido bolchevique, sino de un amplio movimiento popular antitotalitario. El partido bolchevique supo -eso sí- explotar los sentimientos de las masas, representar sus ideales y necesidades reales por medio de esloganes como: "La tierra para los campesinos", "Todo el poder a los soviets", "Fin de la guerra sin vencedores ni vencidos".

En la etapa anterior a la toma del poder, el partido bolchevique se había dedicado a someter, por medio de activistas, a las principales organizaciones populares, a los consejos de los obreros, a los campesinos y a los soldados, y a los sindicatos; y poco después los convirtió en instrumentos de su política (pp. 356-365). Sin embargo, el decisivo y plenamente exitoso ataque de los bolcheviques contra el "complejo burocrático" centro su atención en desarmar al ejército, bajo la consigna: "La paz para el pueblo". Estrategia que captó la simpatía de las masa, campesinas, ya que el ejército estaba compuesto principalmente por éstas. Y el éxito de esta estrategia fue mayor cuando se asoció con otra demanda muy real: "La tierra para los campesinos".

Así pues, no fue ninguna sorpresa que en octubre de 1917 el 80% de los soldados de la guarnición de Petrogrado apoyara a los bolcheviques. Desde el punto de vista de Nowak la Revolución de octubre de 1917 no fue sino la transmisión del poder político y económico del "complejo burocrático" al partido bolchevique, éste, una macroorganización capaz de convertirse en el nuevo complejo burocrático para cumplir las mismas funciones que la clase dominante anterior. Pero con una sola diferencia: en lugar de los antiguos gobernantes -propietarios, oriundos de la tradicional burocracia estatal y de la burguesía- quedó en el poder una nueva clase, originaria de los obreros y los campesinos. Aunque lo fundamental de esta nueva clase en el poder no era su origen social sino su función en la sociedad. Y esta función es el dominio de los medios de coersión (los aparatos estatales) y los productivos.

Pero el poderío político-económico de la nueva clase tuvo que expandirse debido a la dialéctica de las fuerzas internas y externas en la disposición de los "medios de producción de consciencias", es decir, los medios ideológicos. La expansión se llevó a cabo en el periodo estinista. Y por primera vez en la historia de la humanidad se estableció la triple clase dominante: los gobernantes, los propietarios y los sacerdotes. El resto de la sociedad., al quedar privada de sus propios medios de sustento, se convirtió en la clase popular. Nowak ' sostiene que no tiene ningún valor el hecho de que la nueva clase dominante pretenda ostentar la ideología comunista, porque esto es simple y llanamente una mistificación de las bases materiales para poder dominar los medios de adoctrinamiento. Hay una situación análoga con respecto a la ascendente clase capitalista que trató de justificar su poder económico con la religión protestante, aunque en el fondo, se sabía, se trataba también de una mistificación del poder real y concreto.

Nowak considera que el socialismo puede ser calificado como la dominación de la triple clase, pero al decir esto tiene en mente el modelo soviético, y al cual define así:

La sociedad socialista es, un sistema de clases basado en el antagonismo de dos fuerzas: por un lado, la triple clase de los gobernantes -propietarios- sacerdotes (es decir los tres amos) y, por el otro, la del pueblo. Es un sistema en el que la acumulación de la división clasista alcanza su apogeo; las tres clases opresoras, separadas hasta ahora una de la otra y obligadas a competir mutuamente, se unen en una sola clase de triple dominación (p. 3 73).

El poder social de esta nueva clase no se puede comparar con el de cualquiera otra clase dominante en el pasado. Por ejemplo, su poder económico es mucho mayor que el de los capitalistas o el de los señores feudales, porque éstos tomaban decisiones que concernían sólo a una empresa o un feudo, mientras que las que la nueva clase toman alfectan la economía nacional, porque recurren a la planificación centralizada. Así, la triple clase dominante dispone quién debe trabajar y dónde, cómo repartir los insumos y bienes del capital, a quién distribuir y qué distribuir tanto en el plano de producción como en el de circulación y el de consumo. Pero para poder mantener su poderío social la nueva clase tiene que anular todo tipo de relaciones sociales autónomas, imposibilitar cualquier clase de acción conjunta que sea independiente de la clase dominante. La clase popular tiene que estar reducida a mínimos núcleos y ser incapaz de llevar a cabo acciones espontáneas. Estas deben de ser las condiciones que requiere un sistema de ese tipo. Para permanecer dispone de los medios necesarios.

Nowak hace una sipnosis del nuevo sistema y considera que éste debería estudiarse más profundamente y someter a un detallado análisis el funcionamiento de cada uno de sus elementos, aparte de los medios de dominación que ejerce sobre el hombre. Pero esta tarea rebasa las posibilidades de una sola persona, por lo que debería emprenderla un equipo de investigadores, y así se evitarían los errores propios de un trabajo de esta envergadura.

He tratado de ser lo más fiel posible al resumir los planteamientos de Nowak. ¿Qué opino de su libro? Cada lector puede tener su propio punto de vista, después de leer el libro, claro. Yo, a manera de resumen, quisiera hacer algunas observaciones:

1. Evidentemente el libro de Nowak es un intento de ir más al fondo de la cuestión, de descubrir la naturaleza del sistema soviético, es decir, de conocer los elementos fundamentales de su engranaje.

2. La explicación de la peculiaridad del sistema soviético se inscribe, según Nowak, dentro de una visión materialista de la historia, aceptando y aplicando los principios epistemológicos marxianos, pero rechazando, al mismo tiempo, su teoría de las formaciones socioeconómicas, a partir de la cual sólo el factor económico debería ser determinante en la constitución de un sistema social. Aparte de los elementos económicos que entran en juego en la constitución y el mantenimiento de un sistema social, el control de los medios coercitivos e ideológicos desempeña un papel primordial.

3. En el caso del modelo soviético del socialismo existen profundas raíces históricas que determinaron el curso del socialismo de ese país y el de los países que están bajo su tutela.

4. En el caso del socialismo soviético hay una mayor acumulación de poder que en un típico sistema totalitario de los países capitalistas.

5. Dada la fusión político- económica- ideológica del sistema soviético la lucha de clases que libra la clase popular, desposeída del todo, frente a la triple clase dominante, se extiende a las esferas política, ideológica y económica.

6. Por último, queremos señalar que Nowak aparece en su libro como un crítico despiadado del sistema soviético. Por lo que fue expulsado en 1984 de la Universidad de Poznan y, al año siguiente, privado de su nombramiento de profesor universitario. No obstante sus divergencias fundamentales con el sistema soviético, está en el mismo nivel que sus oponentes, ya que no concibe otra posibilidad que no sea el socialismo real. Sin embargo, nos deja su visión del futuro, que se niega a calificar de socialista:

Cada vez menos debemos tener presente el socialismo que nos rodea y cada vez más una nueva forma de vida, desconocida, hasta ahora. De ésta no puede decirse más que una sola cosa: que será una verdadera sociedad sin clases, sin divisiones clasistas, políticas, económicas y espirituales y sin monopolios que dispongan de los medios de coerción, de producción y de adoctrinamiento (p. XVI-XVII).

No se conoce la identidad del autor de este libro. Según el editor A.G. Meyer, el pseudónimo español encubre un alto personaje intelectual, hombre de partido, de algún país de Europa del este. A través de sus contactos con el medio universitario de Europa occidental, en 1977 García Casals expresó su deseo de publicar sus reflexiones sobre la naturaleza del régimen en la URSS y, por extensión, en Europa oriental (p. VII). Aunque tal vez sea acertada la sugerencia de J.P. Arnason de clue por el énfásis que García Casais pone en la permariencia de un liderazgo despótico y en la industrialización acelerada de la época posestaliniana, se trata de un rumano (J.P. Arnason, "Perspectives and Problems of Critical Marxism in Eastern Europe (Part two), en Thesis Eleven núm. 5-6., 1983, p. 245). El estudio de García Casals fue publicado en 1980 en forma de libro, que hoy nos sirve para la presente reseña, y en el número 4 (vol. X) de International Journal of Polities.

Varias razones indican que vale la pena conocer el libro. El editor considera que:

El concepto del sincretismo (que constituye el paradigma en su teoría del socialismo real -J.P.) revela la crítica más aguda, más pesimista y más desesperada del sistema soviético y de Europa del este emprendida alguna vez por un marxista. Sin duda es más penetrante, más radical y más despiadada que cualquier otra escrita por filósofos yugoslavos o curocomunistas (pp. IX-X).

Para García Casals el punto de partida del análisis del sistema soviético es el determinismo retroactivo entre la estructura política y la económica. Ambos factores, tomados por separado, no pueden explicar la naturaleza profunda del sistema, su formación histórica y su funcionamiento.

García Casals emplea el término "estalinismo" para designar la esencia del sistema soviético. El incluso llega a proponer conceptos como: "el modo de producción estalinista", Ias relaciones de producción", "la acumulación originaria estalinista", etc. Esto no quiere decir que fue Stalin quien inventó personalmente el sistema soviético sino que éste fue creado, robustecido y autorreproducido durante el largo periodo que va de fines de los años veinte hasta la década de los cincuenta. Los cambios posteriores añadieron sólo ciertos retoques al sistema pero no constituyen -según García Casals- un cambio radical y por lo tanto se justifica el término "neoestalinismo" (CE la tesis de T. Zaslavskaïa en el mismo sentido, aunque sostentadas de posición reformista: "Las características principales del sistema actual de gestión estatal (y por lo tanto las del sistema de relaciones de producción) se formaron hará unos cincuenta años", texto reproducido en Nexos, no. 94 (1985), p. 9 bajo el título "El informe"). El autor define el estalinismo como un conjunto específico de relaciones entre economía y política, aunado a una versión particular del marxismo considerado este como un sistema de ideas adaptado para ejercer el control ideológico y por consiguiente para ligitimar, el sistema mismo (pp.3-4).

La instauración del estalinismo se debió a una necesidad histórica y fue la consecuencia natural de una revolución anticipada y del llamado socialismo prematuro, que duró aproximadamente una década. La revolución leninista de octubre no se produjo raíz de la maduración de las contradicciones inherentes al capitalismo en Rusia, sitio como una posibilidad real de romper el asedio imperialista que bloqueó el desarrollo de las fuerzas productivas en los países aledaños a ese mismo país, incluyéndose él mismo. Al suprimir el incipiente capitalismo nacional en Rusia se creó una estructura de clases poscapitalistas dentro del marco de la economía subdesarrollada, a cuyas características García Casals las sitúa en el terreno del precapitalismo. Por eso para los nuevos gobernantes de Rusia era urgente industrializar el país con medios antiimperialistas y anticapitalistas. Esta tarea la llevó a cabo exitosamente él estalinismo, pero a costa de un retroceso en el resto de la economía, en la esfera política y en la vida cultura junto con la evolución progresiva de las fuerzas productivas, y gracias a la industrialización, tuvo lugar, simultáneamente, una degeneración de otros aspectos de la vida nacional. Según García Casals, durante la fáse del socialismo prematuro ya existía el sincretismo, que llegó a ser la esencia del estalinismo, al convertirse en un modo de producción propio y autónomo.

El sincretismo -desde el punto de vista de García Casals- se opone a la contradicción. Mientras que la contradicción implica la unidad de los opuestos, el sincretismo significa desunión e incompatibilidad. La contradicción implica, recíprocamente polaridad condicional, pero la incompatibilidad conlleva a una relativa independencia, a una indiferencia recíproca. La contradicción es necesariamente dinámica y tiende a transformarse en conflicto, mientras que la incompatibilidad es, por lo general, estática y, una vez establecida, tiende a reproducirse. Por eso la contradicción estimula el cambio y la incompatibilidad se resiste a cualquier modificación en su estructura (p.7).

La necesidad histórica del estalinismo radica precisamente en haber creado la estabilidad del sincretismo engendrado por el socialismo prematuro. Pero terminada la estabilización, ésta tiende espontáneamente hacia la inercia, al inmovilismo, que es visto por los apologetas como la mejor prueba de irreversibilidad, y por los críticos, como la manifestación de un sistema profundamente conservador.

Según García Casals la piedra de toque de! sincretismo en el sistema soviético fue el hecho de que en el socialismo prematuro no se pudo formar una nueva forma de propiedad. El estalinismo tampoco resolvió satisfactoriamente esa cuestión, es decir, no creó formas de propiedad compatibles con la estructura de las clases poscapitalistas o capaces de asegurar el desarrollo armonioso de las fuerzas productivas. Por eso en el modo de producción estaliniana se llegó a la política compulsiva, al movimiento zigzagueante, de la anticipación a la duda, a una búsqueda frenética de una estrategia adecuada para el desarrollo económico. En el socialismo prematuro prevaleció también una forma compulsiva de propiedad, que se volvió inestable porque no pudo reintroducir la forma privada de los medios de producción, y también por no poder crear una nueva forma social a partir de ellos. El estalinismo perpetuó el Estado al prohibir cualquier forma de propiedad. Y esa ausencia le da al estalinismo su rasgo distintivo y doblemente negativo: anticapitalista (por suprimir la forma capitalista de la propiedad) y no-socialista (por no intentar siquiera establecer una formas sociales de la propiedad) (p. 12).

La ausencia de propiedad tuvo y sigue teniendo múltiples repercusiones. En primer lugar, implica una falta de mecanismos económicos autónomos que estén de acuerdo con los intereses de las clases sociales, perfectamente bien determinados y ratificados jurídicamente. Por esta razón, tanto en la organización global de la economía como en el nivel más bajo (las fábricas) opera permanentemente un elemento extraeconómico: el poder estatal.

En segundo lugar, a causa de ausencia de la propiedad no es posible vender o comprar los medios de producción ni mercancías. Porque ambos tienen también un carácter extraeconómico, es decir, que no se rigen por leyes económicas, por ejemplo del valor, sino por las decisiones políticas adoptadas por el monopolio sdel poder.

En tercer lugar, del control extraeconómico de los medios de producción se deriva la falta de conección entre la naturaleza de la actividad económica y sus ganancias. Este principio se refiere también a la separación entre la gestión y la responsabilidad económicas, consecuencia natural del monopolio estatal.

En cuarto lugar, al mantener artificialmente la ausencia de propiedad se engendra la necesidad objetiva de suplirla con la subjetividad de las prerrogativas infalibles en las decisiones económicas. En este aspecto no son los líderes infalibles quienes producen tal fusión, sino a la inversa. La infalibilidad no se refiere únicamente a la esfera económica, es decir, que el líder tome la mejor y la única solución posible en una situación dada, sino que tiende a comprender también la vida, exigiendo lo mismo de la teoría. Al exigirle a la teoría que explique todo sin equivocarse, se cae en un fatalismo que la aniquila, aunque el líder infalible sea la mejor encarnación de la teoría.

Esto produce una enorme confusión de valores, se crea una situación paradógica que pretende resolverse considerando como único recurso al líder infalible. Pero las consecuencias generales que se derivan inevitablemente de la subjetividad del líder infalible son el afán de grandiosidad, la falta de cualquier proporción de juicios, de ambiciones y posibilidades que invaden el conjunto de la vida social, política, económica, cultura, etc.

En quinto lugar, la ausencia de propiedad que no obtiene su ratificación legal hace que tampoco el valor de la mano de obra se legalice adecuadamente. Al suprimir el valor del trabajo determinado por los mecanismos económicos objetivos, la evaluación de éste corresponde a las decisiones subjetivas de los aparatos del poder. Los obreros están obligados a vender su fuerza de trabajo, pero sólo el Estado puede comprarlo. Y lo compra sin negociar con los obreros, sin hacer una contratación colectiva. El Estado ejerce así el control sobre la propiedad y de este modo llega a ser un solo patrón. La fuerza de trabajo, por su parte, debido al bloqueo del Estado no puede realizarse en forma de cambio y sólo se manifiesta en su valor de uso.

Por ende, las relaciones de producción que se establecen combinan dos formas de desigualdad: una económica, parecida a la del capitalismo, y otra jurídica, típica de los modos de producción precapitalista. García Casals define la sociedad estalinista como una sociedad que excluye las negociaciones, las contrataciones y las transacciones, las cuales sí serían respetadas en la sociedad civil. Las organizaciones sociales -por ejemplo los sindicatos- se inscriben dentro de la lógica de esa atrofia funcional. Para que el vacío organizacional pueda funcionar en el plano económico, la no-negociabilidad tiene que extenderse al plano político. Por esto, la legitimación del poder necesita personificar y entregarse al liderazgo infalible. La legitimación del poder es, pues, asocia¡, porque impide que el tejido social autoorganizable elija y controle el poder.

Como lo señalamos al principio, hemos observado cómo funciona el determinismo retroactivo, tanto político como económico. Según García Casals el estalinismo no se puede reducir a factores subjetivos y circunstanciales. La estructura económica creada por él constituye su soporte y le asegura una larga estabilidad, a pesar de que uno tras otro los líderes estalinistas sigan desfilando en el poder. El sistema económico se basa en un mando arbitrario en todos los niveles. La economía dirigida es una sustitución viable tanto de la economía de la competencia como de la autorregulada. En el capitalismo el modo de distribución es la base del poder, pero en la economía dirigida el poder llega a ser la base del modo de distribución. Por eso en la economía dirigida las relaciones de producción están sancionadas por la fuerza potencial o fáctual. La fuerza adquiere, pues, un carácter estraeconómico y extrapolítico, es decir, no se basa en requerimientos económicos (el cálculo, la eficiencia, cte.) ni políticos (negociación con la vía para resolver los diferendos). El ejercicio M poder, excluyendo la negociación, provoca, a su vez, la despolitización de los miembros de la sociedad, y se manifiesta en la inercia de las masas. La actividad política de las masas tiene que ser supervisada y canalizada constantemente hacia las formas convenientes del poder. La manifestación espontánea de las masas, cuando estalla, tiende a transformarse en revueltas típicas de las sociedades precapita listas. Por un lado, la ambigüedad de las estructuras económicas y políticas expresa el sincretismo general de la sociedad, la falta de mecanismos propios de cada campo y la necesidad de intervenciones extraeconómicas y extrapolíticas; y, por el otro, la estabilidad del sistema está asegurada por la no-distribución de la propiedad y la no-distribución del poder, comúnmente llamada "centralización" La centralización de la economía y la política, y la subsecuente necesidad de supervisarlas, da como resultado la formación del enorme ejército de la burocracia. La desproporción de la burocracia se refiere no sólo a su número, sino y, sobre todo, al exceso de prerrogativas no negociables, que son un reflejo de la infalibilidad del sistema. Pero la burocracia no puede defender la estructura de las clases sólo porque no existe la propiedad y para el estado de suspensión de todos los agentes sociales, incluida ella misma. En el seno de la burocracia hay una profunda dvisión: una parte, cuyos intereses y esfera de actividad se relaciona con la producción, entra en conflicto con la otra, que está directamente relacionada con la toma de decisiones. La pugna interna de la burocracia se manifiesta también en la lucha por el acceso a la información (p. 25). Debido a todo esto, la burocracia, dividida en la parte medular de sus intereses, difícilmente puede considerarse como una clase social y mucho menos como una clase dominante (p. 25).

Así, en la sociedad las relaciones de producción están absorbidas por las relaciones del poder. Sin embargo, al preservarse los mecanismos económicos a los cuales están asignadas las funciones específicas, las relaciones de producción se manifiestan, en la mayoría de los casos, como relaciones económicas. Aunque el sistema objetivo de mediación quedó destruido y las decisiones de los aparatos políticos suprimieron el funcionamiento de la ley del valor, la producción de bienes se realizó dentro de la mediación centralizada y altamente personificada. La distribución autoritaria no-económica de los recursos disponibles (el capital de inversión, las materias primas, la maquinaria, etc.) hizo posibir el despegue industrial y un cambio histórico. El estalinismo no es condenable por haber introducido esas técnicas sino por haberlas mantenido inmutables, por haber transformado un modo de transición en un modo de producción.

Actualmente el sincretismo del sistema soviético está bien arraigado; más aún penetra en las propias relaciones de producción. Su carácter radica no tan sólo en la existencia paralela de distintos tipos de relaciones de producción sino en su fusión orgánica. Las relaciones de producción estalinistas representan pues un conglomerado de diferentes relaciones de producción.

Por esta razón existen -según García Casals- diferentes apreciaciones de la naturaleza del sistema soviético mientras que para algunos (los apologetas) en el sistema soviético predomina el elemento socialista, para ciertos críticos el elemento predominante es capitalista porque lo reducen al nivel del capitalismo estatal. Ambas interpretaciones cometen el mismo error: la omisión de todos aquellos elementos que no están dentro de su visión de las cosas. García Casals, por su parte, postula que actualmente las relaciones de producción estalinistas combinan los elementos propios del socialismo, del capitalismo y, especialmente, de las formas precapitalistas, estas últimas ignoradas, generalmente, por los analistas del sistema. La búsqueda de un elemento dominante dentro de esa amalgama de las relaciones de producción refleja sólo la ignorancia que se tiene acerca de la naturaleza del sistema soviético, es decir, su sincretismo.

García Casals caracteriza los elementos constitutivos del sistema estalinista con base en sus relaciones de producción: son socialistas en la medida en que fueron suprimidas efectivamente la propiedad privada de los medios de producción, la adquisición privada de la fuerza laboral y, por consiguiente, la apropiación privada de la plusvalía. Son, asimismo, capitalistas -y aun monopolistas- porque mantienen la compulsión económica para vender la fuerza laboral, que está obligada a producir el máximo del valor agregado tanto en términos absolutos como relativos. También son precapitalistas cuando regulan la adquisición de la fuerza laboral en condiciones no negociadas. En tales relaciones, la compulsión económica se asocia con la coerción extraeconómica que conduce a la organización coerción a del trabajo.

García Casals reconoce que este eclecticismo orgánico de las relaciones de producción hizo posible una expansión industrial, acompañado de un mejoramiento lento pero visible, en varios campos: una gran movilidadad social, una creciente urbanización, el aumento en el consumo de los obreros, muy bajo en términos absolutos pero superior al del campo, el empleo y la falta de temor perderlo, el derecho a la, educación en todos los niveles, una considerable mejoría en la atención médica, etcétera.

La cuestión que se plantea después de la lectura del libro de García Casals es la posibilidad de la evolución del sistema soviético. Aunque el autor no dedica un capítulo especial a este asunto y no lo trata en particular, varias observaciones indican que no existe la probabilidad real de cambio. Por el contrario, García Casals le augura una larga vida, ya que se trata de un modo de producción especifico, con una lógica interna y con las fuerzas de coerción de su parte. Más aún, afirma que al impedir cualquier organización social autónoma y al acumular las funciones de producción y de represión al mismo tiempo y por las mismas agendas estatales, al liquidar las bases económicas propias de individuos o de clases y estratos sociales, el estalinismo cambia las apariencias para conservar su esencia. Así, el neoestalinismo conserva el sincretismo básico, aunque incorpora a su sistema los elementos del capitalismo monopólico estatal o neoimperialismo, pero no se libera de sus elementos precapitalistas y poscapitalistas (p. 4 l).

A la luz de lo dicho anteriormente, García Casals realiza su análisis del sistema soviético con categorías marxistas, y con la metodología marxista clásica. En la presentación del libro A.G. Mever, no vacila en comparar la aproximación que García Casals hace a la esfera económica con la del El capital. En efecto, García Casals deriva la construcción del sistema soviético de las relaciones de producción, es decir, de las relaciones de propiedad que las han creado. En cuanto ¿ti estilo de¡ libro, hay que hacer constar que es abstracto y compacto, y que esto le da, indudablemente a su análisis una precisión envidiable y una capacidad de síntesis admirable. Pero a pesar de esto, creo que un lector poco familiarizado con la realidad soviética notará una falta de ejemplificación y de concreción históricas. Durante la lectura uno tiene la impresión de que casi cada frase es fruto de una larga reflexión, pero que ha sido condensada de tal manera que el lector común y corriente tendrá grandes dificultades para desatarla cabalmente, para relacionarla con los fenómenos históricos y contemporáneos más vivos. Por eso nos parece que cada enunciado y cada argumento extraídos de la compleja y confusa realidad soviética, deberían ser explicadas con datos más concretos. Pero, ¿no se trataría entonces de otro libro; Ya no seria cuestión de una construcción dialéctica, con penetrantes explicaciones sistemáticas y con la búsqueda de las contradicciones en "última instancia".

JEAN PATULA