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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1986

JUAN JOSE REYES: Luis Villoro, El concepto de ideología y otros ensayos.


Luis Villoro. El concepto de ideología otros ensayos. Cuadernos de la Gaceta, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, 196, pp. ISBN: 968-16-2110-7.

El amor de los ensayos reunidos en este libro ha formado parte de más de un movimiento crítico del pensamiento mexicano de nuestro Siglo. Villoro, nacido en el primer lustro de la década de los Veinte, se, distinguió desde temprano por su vocación crítica y su interés luego correspondiente a aquella vocación por los problemas centrales de nuestra cultura. A fines de los cuarenta y principios de los cincuenta Luis Villoro fue uno de los elementos sobresalientes de un grupo de considerable influencia en la vida intelectual mexicana. En el grupo Hiperión Villoro pudo encontrar el medio en el que su interés pudiera desarrollarse (ampliarse). Aquel grupo -cuya trayectoria ha sido insuficientemente estudiada- intentó desvelar el carácter de la historia y la cultura del país (y en algunos casos más: recordemos el brillante y discutible ensayo de Emilio Uranga para hacer un Análisis del ser del mexicano). Los miembros del Hiperión, animados por las ideas y las palabras de José Gaos y por las ideas y el entusiasmo de Leopoldo Zea, Se unieron para cumplir una labor de interés primero: la de buscar sentido a los afanes y los proyectos de un país, o mucho mejor dicho: el sentido de los afanes de los habitantes de un país que estaba en plena etapa de cambio o de interrogación. Villoro, con Ricardo Guerra, el mencionado Uranga, el muy brillante Jorge Portilla, Joaquín Sánchez McGregor, Salvador Reyes Nevares, Fausto Vega, Henrique González Casanova y algunos otros intelectuales, se dio a una tarea tan atractiva como impostergable. Su empeño no tardó en dar frutos importantes: sus trabajos sobre el indigenismo y la ideología de la revolución, de independencia a más de puntuales son acertadamente imaginativos. Villoro ha estado como pocos al corriente, en la del pensamiento crítico y renovador de¡ siglo y no se ha conformado con la repetición facilona, la receta más o menos eficaz y sonora sino que ha indagado justamente en el centro de los problemas.

Es preciso tenerlo en cuenta, si se quiere tener una comprensión cabal de su tarea: Villoro es un hombre de izquierda. En un medio en el que muy desafortunadamente la izquierda ha confundido con demasiada frecuencia la beligerancia con el apego al dogma y la sinrazón, digno de mucho peores causas, Villoro ha podido ejercer (no habría mejor palabra) y mostrar una posición siempre honrada, crítica y auténticamente beligerante, es decir: una posición de izquierda.

Hace ya alguno años este redactor fue a la casa de Tlalpan de Litis Villoro para entrevistar al filósofo para un suplemento cultural. Villoro es el entrevistado ideal: todos los cartabones saltan rotos, por una razón sencilla (y escasa en el medio); tiene algo que decir, sabe cómo decirlo, y lo que tiene que decir siempre tiene la marca inquietante de la inteligencia. Aquella vez Villoro habló del papel disruptor de la filosofía; la filosofía, sí, como instrumento de transformación. Y también en el sentido de la famosa tesis marxiana, pero no en un sentido que estuviera restringido por bordes históricos. Para Villoro la filosofía, la filosofía que cuenta históricamente es la que tiene carácter disruptor: la de Platón, la de Agustín, la de Kant, la de Hegel, la de Marx, la de Heidegger, la de Wittgenstein (mi recuerdono es exhaustivo). La disfunción surge por el tono, la actitud: lo que cuenta es la gran interrogante, la mirada crítica.

Aquí sería necesario hacer una pausa. Matizar las cosas, precisar los límites. ¿ Cómo pueden estar en el mismo grupo pensadores tan dispares como Kant y Marx, por ejemplo? Los tiempos cambian... Y esta obviedad tendrá que ser el sustento del juicio histórico. En el caso de la visión de Villoro habrá que tener muy en cuenta su percepción del transcurso del tiempo, de las alteraciones en los procesos sociales y en los procesos de gestación del pensamiento filosófico. En nuestro momento Kant no podría existir. 0 más aún: en nuestro momento la filosofía, con todas sus aureolas, tiene que descender aun más, poner más en la tierra sus pies alados y convertirse, no transformarse (ojo), en un medio más para la interpretación de las relaciones sociales, de su sentido, del sentido de la vida del individuo y (le sus ideas en el medio social. Los problemas de la filosofía no son los mismos después de tanto salto disruptivo. Es cierto: los modos del conocer siguen siendo asunto central y vivo de la reflexión filosófica, pero el modo de encararlo, y las razones para encararlo, no puede ser semejante al que crearon los griegos. El asunto va más lejos como ha manifestado Villoro en un esbozo de polémica con su amigo Leopoldo Zea-: hoy la filosofía, sin olvidarse de su naturaleza, tiene que ir más allá de los límites que su desarrollo parecería haberle marcado. 0 mejor dicho: tendría que buscar nuevas fuentes de sustentación, siempre en el plano de la critica, y en cualquiera de sus niveles: el epistemológico, el político, el moral.

El problema del conocimiento es tan viejo como la filosofa. Y este problema es el tema central de este libro de Villoro. Lo aborda desde una perspectiva crítica: pone en duda lo establecido, interroga, hasta el límite, a los definidores de un concepto clave en la materia.

Desde hace mucho, el concepto de la ideología anda por el En su celebre discurso en contra de la ideología alemana (hecho al alimón con Engels). Y Marx lo precisó: la ideología es una forma de mala conciencia, es una forma de conocimiento errónea, que procede de las relaciones sociales de producción. Pero la precisión marxiana, seguida de no pocos usos en las corrientes más diversas, ha llevado a la comisión total. Hoy el concepto de ideología es uno de los más oscuros y de los más utilizados en la jerga, filosófica. Es preciso aclaran, no por un mero afán perfeccionista sino porque su tema, su materia está presente en todos los sistemas sociales y políticos. En todo: Villoro no se equivoca al pensar que una de las grandes tragedias de nuestro siglo está en el fracaso de aplicación del marxismo, o del socialismo verdadero. Con ello quiere decir algo que comúnmente ha sido soslayado por el pensamiento de izquierda: el, marxismo, descubridor preciso y oportuno del hecho de la ideología, una filosofía esencialmente crítica y liberadora, se convirtió -fue convertido, alterado- en una forma más de la mala conciencia, de la ideología. Con ello el marxisino abandonó su naturaleza crítica para adscribirse a los expedientes comunes del gobierno todopoderoso, dogmático, dueño de la Verdad. En uno (le sus ensayos Villoro se ocupa de un<> de sus tenias constantes -vecino al de la ideología-: el de la autenticidad de la cultura. Por el momento conviene hacer un traslado: no pensemos en autenticidad sitio en legitimidad (del poder). En la búsqueda de la justificación de tal legitimidad consiste la ideología, a partir de las relaciones sociales como recuerda el autor. De aquí no es difícil concluir que en todos los casos la precisión de las líneas ideológicas que forman el tramado de la justificación de un poder debe llevar en todos los casos a la crítica de tal poder. Este es uno de los valores mayores de la obra de Luis Villoro: la asunción de la necesidad de la crítica justo ahí donde la crítica ha encontrado sus vertientes más frescas.

De ser una filosofía liberadora el marxismo pasó a ser una forma más de pensamiento reiterativo, grave, demasiado pesado como para poder permitir algún movimiento natural. Es un conjunto de dogmas. El socialismo realmente existente no ha mostrado otra faceta y por tanto tiene que ser sometido a crítica con urgencia, a una crítica, por lo demás, que no poco tendrá que deberle al propugnador de tal sistema. En efecto: en Marx, como Villoro muestra, puede estar mucho de lo necesario para someter a examen a una realidad que en su nombre lo ha traicionado sobre todo.

La obra de Villoro tiene la precisión del cirujano y la contundencia del abogado sagaz y justo. Comienza con una labor de poda, de deslindamiento para encontrar en el concepto de ideología aquellos fenómenos que Marx y Engels habían visto y expuesto: el trabajo como fuente de la cosificación como forma de oculta movimiento de la naturaleza primaria del trabajo, la objetivización de lo que es sujetivo, la generalización a partir de la más indudable particularidad, el acondicionamiento de las creencias en las relaciones sociales de producción. En este rubro, y en otros por cierto, el trabajo de Villoro tendrá que ser el texto que aclare muchos puntos confusos. Y ojalá que sea más: un conjunto de ensayos que muevan a la crítica a los que se han olvidado de practicarla.

"Cualquier cultura promovida por el Estado tiende a ser reiterativa de elementos culturales, propende a consolidar tradiciones, a consagrar valores culturales. Así, ayuda a establecer patrones de una cultura "normal". Las disidencias innovadoras o críticas tienen que ocupar entonces una postura "marginal". Pero la producción cultural más creativa tiende, por lo contrario, a ser disruptiva de la cultura normal, en lugar de reiterar valores establecidos, tiende a ponerlos en cuestión". Cito este párrafo sobre todo con la intención de mostrar como Villoro puede entender a la cultura nacional de nuestro siglo y en particular a ciertos momentos de esa cultura en los que él ha sido protagonista de primer orden. La autenticidad de la cultura está asociada al carácter crítico del pensamiento que la alimenta, o que la debe alimentar. Pero, ojo, aquí de nuevo está el fenómeno de la dependencia, del poder. En el caso más cercano a Vilordo la aparición del Estado mexicano como mediatizado: el grupo filosófico Hiperión,inspirado en las ideas de Ramos, Reyes, Ortega, Gaos, pudo crear una atmósfera crítica, de veras. Pero con la, consolidación del "nacionalismo cultural" sus fines y sus proyectos quedarían atrapados. En las tenazas de un Estado tan poderoso como artrítico.

JUAN JOSÉ REYES