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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1986

Introducción


Desde una perspectiva contemporánea, la política parece una actividad secular y racional. Incluso a menudo estudiamos la historia política de otras épocas a partir de este punto de vista. Pero no hay duda de que, según la opinión tradicional, las Verdades religiosas estaban íntimamente ligadas a la legitimidad política y que, para entender el comportamiento de las sociedades del pasado es forzoso recuperar la idea que ellas mismas tenían de este problema; es decir, que al secularizar la historia política la descontextualizamos. Investigar la relación histórica entre la Virgen y la revolución en Mesoamérica es una manera de abordar el tema más amplio de esa relación y el comportamiento sociopolítico.

Este es, por lo demás, un tema muy actual en el pensamiento social moderno. Son célebres, por ejemplo, las frases metafóricas en las que Carlos Marx afirma que "la religión es el opio del pueblo" y, también, en la que sostiene que una idea que se posesiona de las masas deviene "una fuerza material" que las moviliza y empuja al alzamiento. Modificada la segunda, esas dos frases podrían representar las posiciones encontradas de "materialistas" e "idealistas", bandos opuestos en una vieja polémica filosófica. Pero no es esa polémica en la que me interesa explorar y profundizar, sino en la función dual de la ideología religiosa en el comportamiento de las masas: como adormecedor y como detonador de la conciencia, como legitimadora y contestataria de la dominación política.

En la historia mesoamericana, a partir de la época precolombina parece clara la funcionalidad política de la ideología religiosa, tanto como justificación y sustento ideológico del poder estatal, como fuente de inspiración y fermento de la rebelión. Poderosas divinidades tribales estuvieron asociadas a la expansión territorial de determinados grupos étnicos y a la cristalización de las formaciones políticas mayores, de tipo estatal, que comúnmente llamamos "imperios" de la antigüedad. Y las resistencias e insurrecciones de los grupos étnicos sometidos por esas entidades políticas estuvieron, también, asociadas con sus respectivos númenes tribales. El papel que Jugó la evangelización en el establecimiento de la dominación colonial (la llamada "conquista espiritual") es bastante conocimiento. Los indios resistieron poco tiempo la dominación abanderando el culto de sus antiguos dioses. Por su parte la historiografía ha establecido ya la función que posteriormente cumplieron los religiosos en la pacificación de múltiples rebeliones indígenas durante los siglos XVI y XVII. Las rebeliones del indio incorporaron, desde fines del siglo XVI, elementos ideológicos cristianos. El pensamiento cristiano inspiró las rebeliones mesiánicas de los siglos XVIII y XIX, las cuales estaban íntimamente vinculadas al marianismo católico que antes había servido para aplacarlos. Francisco de la Maza primero, David Brading más tarde pero en una forma más académica y, por último Lafaye, han subrayado la relación directa entre el guadalupanismo y el movimiento de independencia nacional mexicano. Pero quizá por la dificultad y el riesgo que ofrece el análisis de las culturas calientes, nadie ha explicado bien por qué y como se dio esa relación. Este fenómeno aún se da en nuestros días. Algunos tiranos dicen hoy defender los valores cristianos y, por otra parte, es un hecho conocido por todos el papel que ha desempeñado la torna de conciencia del cristianismo moderno en las guerras campesinas del siglo XX.

La relación entre ideología religiosa y comportamiento político parece, pues, bien establecida históricamente; pero sabemos poco todavía acerca de cómo y por qué se da. ¿De qué manera un grupo convierte su religión en bandera? ¿Por qué una colectividad se somete a los dioses del conquistador para justificar su propia subordinación? y, ¿a qué se debe que posteriormente los conquistados conviertan a esos mismos dioses en símbolos justificadores de una insurrección?

Este libro tratará de aproximarse a esa problemática a través de la historia de la relación entre un mito y un símbolo religioso (la Virgen María) y una serie de grandes rebeliones campesinas en Mesoamérica. Aunque hay un capítulo inicial sobre los orígenes del marianismo mesoamericano y un epílogo sobre las manifestaciones más tardías del fenómeno en el siglo XX, el libro se entrará sobre todo en el análisis de un grupo de insurrecciones relacionadas entre sí sólo porque su estandarte fue la Virgen María y porque todas se llevaron a cabo en los siglos XVIII y XIX en Mesoamérica.

Pero aún falta aclarar los supuestos teóricos y metodológicos generales, esbozar las posibles hipótesis sobre la ya mencionada relación; y definir los términos del planteamiento general. Respecto a esto Erik Wolf propone varias explicaciones sugerentes.


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