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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1987

Los Ecos del Silencio


El panorama desde el atrio del templo o bajo los portales de las Santa Casa de Ejercicios reccuerda los ires y venires de la época en que se elevaron sus muros y se decorarn con el pincel y dieciochesco Miguel Antonio Martínez de Pocasangre. La Babel de antaño revive algarabías cada ocho días con llegaba de las tandas de ejercitantes. Su presente no reniega de su pasado y en donde ahora se estacionan los autos de vistantes diversos si sigue conversando las huellas de las huestes revolucionarias que acamparon y ajusticiaron allí sus existencias; el paso de los transportes urbanos sigue la ruta de los insurgentes con estandarte.

El pasado y el presente de Atotonilco es una dualidad que forma, a su vez, más parejas de temas para la microinvestigación . Por un lado están los habitantes flotantes que llegan cada semana a la Santa Casa para expirar sus. Los que venden disciplinas de mecate y los que comparan escapularios y rosarios. Y de entre los ejercitantes la dualidad de los que salen de ejercicios como "almas en gracia" y con flores en la cabeza, dispuestos a emprender el regreso a sus tierras, y los peregrinos que apenas llegan para iniciar su semana con coronas de espinas.

Los ecos del silencio son los caantos y las jaculatorias, los censos y bautismos. Entre las notas de "Vente, vente ejercitante" y "Qué linda será la Gloria" se escuchan los rezos y las plegarias de los ejercitantes del pueblo se ven las vidas de los atotonilquenses. Son los ecos que hacen que la microhistoria del Santuario viva los horarios y coma las vituallas, escuche pláticas y soporte los olores de los ejercicios enclustrados, así como también hace que se investiguen archivos y se conozcan paisajes biblotecarios.

Las diferentes vetas que tiene el Santuario de Atotonilco permiten que la investigación microhistoria encuentre en espacio reducido un campo macrocóspico de temas. La realidad impactante de Atotonilco ha provocado diverosos y variados textos; recientemente ha dado imágenes para un excelente libro de fotografía y, por otro lado, ha despertado denucias y corajes en publicaciones periodísticas, pues los ejercicios también arrojan beneficios materiales.

Los espacios de la tarea ded microhistoriar gozan de ser espacios ilimitados, abiertos . A cada paso aparecen salidas, dignas de corresponder a las entradas, y nuevas vetas en archivos hasta el momento velados por razones multiples . De tal manera que la microhistoria de Atotonilco no tiene punto final. La microcomunidad ofrece campos amplios para la investigación haciendo que la microhistoria reseñe la universalidad de un espacio reducido. Una tarea que exige con el tiempo se sigan los pasos de la microhistoria de Atotonilco actualizando censos y precios, volviendo a escuchar los cantos y los lamentos, experimentando archivos arzobispales y parroquiales.

Con todo a pesar de envejecimiento de sus murales y de la perseverancia de sus jaculatorias, el Santuario seguirá enmarcando el paso de hérores abanderados y jornaleros empeñosos. Los espacios de la microhistoria se engrosan con la preservación o la transformación que realizan los lugareños con la memoria de ese pasado que los antecede. De la torre del reloj o de cualquiera de su cúpulas se comprobará que con los campanazos de cada tarde, junto con el ruido de las ramas de sus árboles, seguirá reinando en Atotonilco la soledad del silencio.


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