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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1987

Krauze historiador.


Krauze es, lo sabemos, un historiador por formación. Este primer aspecto del libro, su quehacer historiográfico (es decir, lo que él ha escogido estudiar, cómo lo ha hecho y a qué conclusiones le ha llevado su análisis) nos da testimonio de un científico social (las conjeturas históricas son al fin y al cabo tan conjeturas como las físicas, biológicas y sociológicas; y el devenir histórico es tan refutador como el movimiento interplanetario, la lucha de algunas especies por su sobrevivencia y el cambio social) profundamente preocupado por los antecedentes de nuestra vida política actual. Un historiador que como intelectual y ciudadano (en cualquier orden) pone al,servico de su comunidad profesional y nacional su método y su preocupación, sus resultados y sus conclusiones. Ya se ha empezado a "adjetivar" el análisis de Krauze. Es inevitable, de hecho se publica algo para someter una idea, una convicción, una obra a la adjetivación de los demás, a su evaluación. Sin embargo, la adjetivación como salida fácil, evaluación que evita la revisión de los argumentos de manera minuciosa y fomenta su crítica reductora (v.gr. el texto es "bueno" o "malo" porque es liberal, conservador, de arriba o de abajo) no le hace justicia a la obra. Desde el dogma, partimos y nos quedamos en el dogma. Aquí coincido con Juan José Reyes cuando dice que "el trabajo de Krauze podría definirse como antidogmático: --ni busca sostener, o detentar, la verdad, ni busca conservar un orden de cosas tras el velo tranquilizador de la buena fe--[Nota 89]. Insisto, la aportación de Krauze es su historiografía pues su ejercicio no es historicista: parte de un punto de vista claro y explícito para llegar, conlos datos de su análisis (o mejor, sus análisis), a conclusiones que él defiende, pero que no impone, ni utiliza para pontificar (nótese que la democracia que él defiende es aquélla sin adjetivos, es decir, la democracia plural... ¡bendito dogma!). Su libro no nos descubre leyes de la historia que nos llevan necesaria e irremediablemente a la democracia plural. Su profecía es una conjetura política con base en un ejercicio histórico y no la anunciación de un apocalipsis democrático plural (aunque sus convicciones políticas lo llevaran a desear tal apocalipsis).

Por otro lado, el único conservadurismo (parte de la adjetivación reciente de esta obra) que alcanzo a apreciar, es el conservadurismo que como historiador se le exige a Krauze: "La historia humana implica, por esencia, la conservación; no es solamente transformación, supone además que los hombres viven en instituciones, crean obras y que éstas y aquéllas perduran. La historia existe porque la conservación de las obras humanas plantea a las diferentes generaciones la cuestión de aceptar o rechazar la herencia del pasado"[Nota 90]


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